5 hechos históricos que nunca sucedieron

jueves, 2 de noviembre de 2017

5 hechos históricos que nunca sucedieron

A veces las agujas del reloj intentan traicionar los actos del pasado, burlándose sigilosamente detrás de su esfera. Ocultándose en números romanos o arábigos, tras una pantalla táctil o un gnomon, el tiempo convierte villanos en héroes y héroes en villanos.

Como si el tiempo estuviera jugando al teléfono roto, no nos percatamos del ridículo que hacemos, al ser el último jugador y pronunciar palabras, que antaño fueron muy distintas.
Actos de valentía convertidos en sucesos monstruosos, incrustándose así en nuestra memoria, mientras las campanas de las catedrales resuenan por nuestras ciudades.
Sin embargo, no culpemos solo al paso del tiempo, sino también a los grandes vencedores, a los traidores, a los exagerados y a los mentirosos.
Y es por ello, que no siempre debemos fiarnos de lo que vemos o oímos por ahí o por allá, porque es posible que haya sido alterado, dramatizado, falsificado o sencillamente inventado.
Y aunque vayamos todos con pié de plomo, siempre existirá algún incidente en el que nos gustaría creer, quizás llevados por nuestros sentimientos, sentido común o sencillamente por comodidad.

Gracias a las nuevas tecnologías como tabletas, escáneres 3D, drones, aplicaciones y como no, al descubrimiento del ADN, los historiadores de hoy trabajan con dedicación para que no quede nada sin resolver, animando así a investigadores y a apasionados de la historia a crear asociaciones dedicadas a específicos personajes históricos, con el fin de estudiarlos mejor y limpiar su respectiva reputación. De ese modo, crean un cierto movimiento no solo entre profesionales, sino también entre aficionados, que luchan día y noche para que reconozcamos actos de valor, que quizás nunca hayan sido apreciados y juzguemos hechos traicioneros, que habían pasado inadvertidos.

Con tantísimos medios para difundir la historia de este mundo, no es de extrañar que nos hayamos  acercado tanto al pasado, que asomándonos hacía él con los brazos estirados, casi llegamos a tocarlo brevemente con las yemas de nuestros dedos.


Es por ello, que me gustaría presentaros 5 hechos históricos esparcidos por los continentes, que por muy populares que resulten ser, nunca han estado más lejos de la realidad.


1. Ricardo III nunca tuvo joroba

Ricardo III de Inglaterra

Ricardo III, víctima del paso del tiempo, de traidores, mentirosos, oportunistas, del gran vencedor Enrique VII y con ello de la propaganda Tudor, convirtiéndose tras su muerte en el campo de batalla en 1485, en un monstruo sin igual. Un jorobado asesino de niños, deformado de pies a cabeza, un villano, un tirano.
La Dinastía Tudor se ocupaba para que éstos rumores hicieran temblar a los niños ingleses en sus camas. Y a quién no le gusta una buena historia de terror? Como el viento se transmitió la espeluznante imagen del que antaño fue rey, esposo, padre y hermano.
Tomas Moro, Lord Canciller de Enrique VIII, que nunca llegó a conocer personalmente a Ricardo III, también contribuyó a difamar su nombre, publicando un libro en el que le describe como un monstruo infame. El célebre William Shakespeare también puso su grano de arena, cuando creó la obra de teatro "La Vida y Muerte de Ricardo III". En ésta, lo representa como un cojo maquiavélico con joroba, que anhelando la corona de Inglaterra, asesina a todo aquel, que se encuentre en su camino. Esta obra, que sigue presentándose en los teatros de hoy en día, demuestra sin embargo un Ricardo que jamás existió. Y es que, a parte de éstas miserables cualidades que nunca formaron parte del último rey de la Dinastía Plantagenet, se descubrió además en el 2012, que jamás tuvo la joroba que tanto le caracterizaba.
5 años atrás, descubrieron sus restos bajo un aparcamiento en la cuidad de Leicester, Inglaterra. La reconstrucción 3D de su esqueleto confirmó, que sufrió únicamente de una ligera escoliosis. Una deformidad tan leve, que apenas afectó tanto a su físico como a su heroicidad en batalla. Esta condición adquirida en su juventud, demuestra que se encontraba muy lejos de ser un jorobado. Conforme a la reconstrucción, tampoco existen evidencias algunas, que afirman que era cojo. El descubrimiento de sus restos en el 2012, no solo fue una revelación extraordinaria para Inglaterra, sino para el mundo entero, abriéndose así el paso hacía la "Richard III Society" y los miles de seguidores, que contribuyeron para limpiar la injusta y cruel imagen, que hasta hoy teníamos del último rey muerto en batalla.
Sus restos fueron enterrados en la Catedral de Leicester bajo la escolta militar británica, ofreciéndole un funeral real atribuyéndole la grandeza y el honor que le fueron negados 500 años atrás.


2. Maria Antonieta nunca dijo "Que coman pasteles"

Maria Antonieta de Austria

La afamada reina consorte de Francia sin lugar a dudas, también forma parte de mi lista de los hechos históricos, que nunca sucedieron ya que es uno de los personajes más vilipendiados de todos los tiempos. Maria Antonieta fue y sigue siendo víctima de una avalancha monumental de acusaciones. Se le atribuye una infinita lista de relaciones extramatrimoniales, entre ellas relaciones lésbicas e incestuosas, escandalosas fiestas y celebraciones, conspiraciones hacía su país natal y ser la causante de la Revolución Francesa.
Si es cierto, que Maria Antonieta no fue una monarca ejemplar, ni mucho menos una santa.
Creía firmemente, que la monarquía borbónica francesa fue creada por Dios y es por ello, que no aprobaba que la realeza estuviera al mismo nivel que sus súbditos. Empolvaba sus pelucas con harina, cuando muchos franceses no tenían pan, organizaba fiestas suntuosas y mantenía un nivel de vida irresponsable.
Sin embargo, que podemos esperar de una adolescente recién llegada a París, que se convertiría en reina consorte del palacio más ostentoso y soberbio del mundo?
Ella adoptó su estilo de vida a la lujosa y agobiante etiqueta de la corte francesa. Pero lo cierto es, que Francia ya estaba en bancarrota cuando llegó la joven al país. En el momento en el que Maria Antonieta y Luis XVI ascendieron al trono, el tesoro real ya se encontraba vacío.
Así pues, en la crisis de 1778 no había harina para poder fabricar pan, siendo éste el alimento básico de la dieta del pueblo. Fue supuestamente entonces, cuando al contarle a la reina de que el pueblo de Francia no tenía para comer ella habria respondido:"Que coman pasteles".
Una manifestación, que fomentó la supuesta frivolidad y arrogancia de la monarca, ante la desesperación y el hambre del pueblo.  Lo cierto es, que era más fácil imaginarse que una reina regente y extranjera fuera insensible y cruel ante los acontecimientos del pueblo, que su soberano francés.
Sin embargo, no existen evidencias algunas de que Maria Antonieta había pronunciado jamás dichas palabras. Sí sabemos a ciencias ciertas, que cuando la hambruna de 1775 arrasó el norte de Francia, su reacción no fue insensible en absoluto. Hallaron correspondencia de la reina de esa misma época, en la que demuestra una actitud de preocupación y compasión hacía el padecimiento de la nación. En realidad, se gastaba enormes fortunas en obras de caridad.
Maria Antonieta junto a su marido, Luis XVI, fundó una casa de acogida para madres solteras y patrocinó la "Maison Philanthropique", una sociedad para los mayores, para las viudas y los ciegos. También visitaron frecuentemente familias pobres, dándoles de comer y dinero. Durante la hambruna de 1787, la reina vendió además la cubertiria real para poder obtener grano para las familias desfavorecidas.
Cierto es, que la afamada Maria Antonieta gastaba desmesuradas sumas de dinero para lujos innecesarios, pero a su vez nunca dejó de mostrar su bondad cristiana hacía quienes la necesitaban. Ésto sin embargo, no la salvó de la monstruosa guillotina el 16 de octubre de 1793, ni de su posterior reputación.
No dejemos, que sus gestos generosos se oculten recelosos entre los corredores de Versalles, invitémoslos por el contrario a salir de su jaula real, dejándolos emprender el vuelo.


3. Cristóbal Colón no fue el descubridor de América

Cristóbal Colón 

El afamado Cristóbal Colón entró en la historia como el descubridor de América.
Según los libros de historia, América fue descubierto el 12 de octubre de 1492 por el navegante tras persuadir a los Reyes Católicos de aceptar su propósito.
Colón incuestionablemente llegó a América, creando sin duda uno de los momentos primordiales de la historia universal. A todo esto, gracias a sus viajes por Centroamérica fueron de gran utilidad para las rutas comerciales de esa época, descubriendo que el mundo era mucho más extenso, de lo que se había creído hasta entonces.
Sin embargo, como pudo ser el descubridor de América, si una vez desembarcado en la isla de Guanahaní perteneciente a las Bahamas, aparecieron los verdaderos habitantes de está? En que se basa un descubrimiento de un lugar, que se encuentra habitado? Éstos, conocidos como el pueblo taíno, no cuentan como descubridores? Acaso llegaron por casualidad? Resulta imposible "descubrir" una nueva tierra, que ya estaba habitada desde hacía miles de años. Los primeros seres humanos llegaron al continente 14.000 años atrás. Cristóbal Colón tampoco era el primer europeo en pisar tierra americana, ya que 500 años antes de que la Santa María atracara en la costa de las Bahamas, el explorador vikingo, Leif Ericson, llegó a lo que hoy en día es Norte América, creando un asentamiento en el norte de la isla de Terranova.
También existe una leyenda de un monje irlandés llamado Brendan que llegó a Norte América durante el siglo VI, al igual que la de un príncipe galés llamado Madoc, quién llegó a las costas americanas en 1170.
Por otro lado, evidentemente están los Fenicios, que podrían haber viajado al nuevo continente en 1600 antes de Cristo. 
Quizás nunca sabremos a ciencias ciertas la razón por la cual fue creada esa mentira. Quizás fue la ignorancia, o quizás la arrogancia del hombre blanco que presumía tanto de ser civilizado o también fueran las simples ansias de poder y de aniquilar todas las huellas, que habían dejado atrás los indígenas, que antaño fueron los únicos descubridores de América.
Pues bien sabemos, no sería la primera vez que eso ocurre. Tal vez fuera una mezcla mezquina de todo ello. Quizás seamos todos tan solo unas marionetas en un teatro de títeres. Librémonos de las bandas que nos dirigen y abandonemos el escenario. Solo así, veremos lo que se oculta detrás del telón.

4. Enrique VIII no siempre tuvo sobrepeso


Enrique VIII de Inglaterra

Quizás sea imposible redactar un artículo sobre hechos históricos ficticios, sin mencionar a Enrique VIII. Siendo posiblemente uno de los monarcas más famosos de la historia, no nos debe extrañar si su célebre nombre se encuentra rodeado por un sinfín de hechos y mitos.
Es famoso, por haber tenido seis mujeres, cosa que es cierta. También y sobre todo es conocido por haberlas ejecutado a todas, cosa que no es cierta. Es renombrado, por haberse separado de Roma y haberse nombrado cabeza de la Iglesia de Inglaterra, cosa que es cierta. Igualmente es popular por haber sufrido siempre de sobrepeso y por haber sido un auténtico glotón, cosa que no es cierta.

De nuevo tenemos un monarca delante de nuestros ojos, que de ejemplar tenía poco. Ésto sin embargo, no nos permite darle halas a nuestra fantasía e inventar o exagerar ciertas cualidades de éste. Enrique VIII sin duda había sido un personaje prominente.
Habiendo heredado la estatura y energía de su abuelo Eduardo IV, fue considerado atractivo y apuesto no solo por las personas que le rodeaban día tras día, sino también por forasteros y embajadores que venían desde el extranjero. En su juventud, tenia una buena opinión sobre si mismo, queriendo llevar siempre el atuendo adecuado, que le permitiera enseñar sus piernas. En 1515 con 25 años fue descrito como un "Adonis", "Con un aspecto gentil y una cara hermosa". Sin duda alguna, disfrutó de una forma física excelente, siendo uno de los vencedores imperecederos de su época en los torneos, que se celebraban a menudo por el país. También fue un gran arquero y tenista. Sentía una extremada pasión por la caza y montaba a caballo sin descanso. Indudablemente fue un gran atleta, que admiraba el deporte desmesuradamente. Con su gran sentido de balance y control también bailaba con mucha frecuencia. Según el embajador de Mantua, Italia, que participó en un evento de la corte en 1515, creó auténticos "milagros" en la pista de baile.

Sin embargo, tantísimo ejercicio requería también una buena y exuberante alimentación. Y a pesar de ser un entregado deportista, no dejaba de ser el rey de Inglaterra, que por lo tanto debía ofrecer majestuosos espectáculos y bailes, que como no, siempre eran acompañados con extraordinarios banquetes.
Entretener a toda una corta significaba muchas actividades y mucha comida. Enrique solía alimentarse sobre todo de carne roja, (carne de ciervo, ternera y de oveja) y de ave (pollo, perdiz). La carne se asaba y se servía a menudo con una salsa de mantequilla y hierbas, aunque también se consumía como pastel o empanadilla. Con ello, se acompañaban colosales cantidades de vino y cerveza. Enrique también disfrutaba del pescado, tales como truchas y carpas sobre todo los viernes, según la costumbre católica. Su nutrición sin duda era muy rica en calorías. Éstas sin embargo fueron quemadas rápidamente, gracias a su gran dedicación por el deporte. Su apasionado estilo de vida hacía, que quemara las calorías a la misma velocidad como al consumirlas.
No obstante, deportes como los torneos y la caza, siempre implicaban un cierto riesgo y de éste ni siquiera el rey de Inglaterra estaba completamente a salvo.
Sufrió su primera lesión con 34 años mientras cazaba. Intentó saltar encima de una zanja con la ayuda de un bastón. Éste sin embargo se partió, dejándolo caer sobre el barro sin tener posibilidad alguna de salir. Por suerte, sus acompañantes reaccionaron de forma rápida para ayudarle. Por aquel entonces desarrolló úlceras en sus piernas, causadas por heridas mal curadas o no detectadas, originadas en torneos o durante la cacería. Pero la lesión más grave que experimentó a lo largo de su vida, ocurrió en 1536 en el Palacio de Greenwich durante un torneo. Enrique, llevando una armadura completa, calló de su caballo, que también la llevaba. Yaciendo en el suelo, el caballo se desplomó encima de él, dejando a Enrique inconsciente durante dos horas. Incluso hoy en día, estar solo más de 5 minutos inconsciente, podría tener consecuencias fatales.
Aunque finalmente pudo recuperarse de este fatídico incidente, nunca volvió a ser el mismo, tanto física- como mentalmente. Los eventos de 1536 agravaron sus úlceras en las piernas, atormentándole durante el resto de su vida. Esto y según el documental "Dentro del Cuerpo de Enrique VIII" del Canal de Historia posiblemente habrá causado un traumatismo en su cerebro, que afectó su personalidad profundamente.
Al año siguiente, los intensos dolores, originados por las úlceras, apenas le dejaban caminar. Con frecuencia, se encontraba indispuesto a ejercer ningún movimiento, sin sentir intensos dolores. Claro estaba, que ya no podía seguir con sus actividades deportivas, que tanto le agradaban. Sin embargo, seguía ingiriendo las mismas cantidades de comida. Las calorías que antaño desperecían durante las cazas o torneos, ahora se acumulaban sin piedad. El deporte, que tanto había hecho por el, se había vengado de él, despojándolo de su juventud y demacrándolo con unas úlceras, que jamás se curaban. El joven y enérgico atleta, se convirtió en un viejo obeso, que sufría de melancolía. Y es ahí dónde nace la leyenda. 

5. Los vikingos no llevaban cornamentas


Una imagen, que casi se encuentra impregnada en nuestro recuerdo. Es ella, que aparece cuando pensamos en un ejército vikingo.
Los vemos como feroces guerreros, con barbas trenzadas y como no, dispuestos de yelmos cornudos. Así los habremos visto cientos de veces, tanto en el cine, en teatros como en revistas y libros. Claro estaba, que una nación emergida del norte de Europa, cuyo objetivo era navegar velozmente por los mares y saquear pueblos y ciudades enteras, solo podía llevar unas cornamentas.

De que otro modo sino, nos los pudiéramos imaginar? Las historias de los hombres del norte sin duda se abarrotan de sangre y muerte, habiendo logrado conquistar casi toda Inglaterra, desembarcando también en España, Italia, Rusia e invadiendo incluso París. Sus incursiones hacían temblar a los reinos de Europa, dejando profundas huellas tanto en los paisajes que rozaban sus hachas, tanto en los asentamientos que crearon en Inglaterra, Irlanda, Gales, Islandia y Groenlandia.
La época vikinga evidentemente, nos ha obsequiado con incalculables historias repletas de descubrimientos, batallas y personajes legendarios, que han llenado las páginas de centenares de libros, pero éstos a su vez también contraen mitos y leyendas falsas, que el tiempo convirtió erróneamente en verdaderas.
La leyenda más extendida sin duda es que los guerreros vikingos llevaban cascos con cuernos. Esta equivocación, nació en el siglo 19, en plena era victoriana, dónde el romanticismo estaba a la orden del día. Fue ahí, cuando publicaron libros de temática vikinga, rebosados con ilustraciones de los guerreros nórdicos, que llevaban cascos con cuernos. El romanticismo simboliza la nostalgia hacía las épocas perdidas, la valoración de lo diferente frente a lo común y sobre todo una reacción contra el espíritu racional y crítico, valorando los sentimientos y la libertad.
Los victorianos, tendían a idealizar personajes históricos o épocas, llevados por su deseo del romanticismo. Ellos realmente admiraban la heroicidad y el martirio de los vikingos. Sentían fascinación hacía aquellos valientes gigantes, surgidos de los fiordos de Escandinavia con trenzas pelirrojos y escudos decorados con dragones y serpientes. Y vistos así, quién no?
De ningún modo podríamos culparlos. Los hogares de los victorianos eran ornamentados de manera excesiva. La tétrica, pero a su vez romántica decoración en la época victoriana, no era un simple pasatiempo, se había convertido en un auténtico estilo de vida. Y no solo adornaban sus hogares ostentosamente, sino también las leyendas e historias, que escuchaban en las callejuelas nebulosas.
Así pues, cuando comenzaron a describir o a dibujar guerreros vikingos, ornamentaban sus cascos con cuernos, con el fin de darles un aspecto aún más temible.
Sin embargo, tampoco podríamos echarselo en cara. Esta idea de añadirles cuernos a sus cascos, no eran tan fuera de lo normal. Fijándose en las figuras de Grevensvaenge, Dinamarca, descubiertas en el siglo 18 y originadas de la Edad de Bronce, encontraron su inspiración para crear este mito, que vagando por los confines de la tierra, quizás siempre formará parte de la historia de los vikingos.
Hasta el día de hoy y a pesar de tantísimos años de búsqueda constante, nunca se han hallado cascos con cuernos originados de la época vikinga.

Hechos o mitos, villanos o héroes, la historia y la ficción, siempre en la lucha continua para poder encontrarse en algún efímero instante.
Y es así como ha sido siempre. Sin embargo, creo firmemente, que no hay ficción que supere la historia.

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Huellas de tinta - La Carta Magna

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Huellas de tinta - La Carta Magna

Unas semanas atrás, tuve el extraordinario honor, de contemplar con mis propios ojos un documento que cambió el curso de la historia para siempre. Un fragmento de pergamino, que inició su travesía hacía la inmortalidad, desde el momento en el que fue estampado con el gran sello 800 años atrás en una llanura en el condado de Surrey, hasta el día de hoy. Aún estando presente no solo en los libros de historia, sino también y sobre todo en las raíces de los derechos humanos, que hoy en día conocemos y a veces sencillamente damos por sentado.

Este verano me condujo hasta la ciudad histórica de Lincoln, Inglaterra, dónde adentrándome en su castillo, me tropecé con 800 años de historia contemplándome a mi, un ser de 30 años desde una vitrina de cristal. Mirándonos fijamente, me invadió una sensación de extrema insignificancia y a la par de grandeza, mientras intentaba sumergirme en sus vivencias en este largo trayecto hacía la eternidad. Casi se podía comparar con un pequeño viaje en el tiempo. Y por un instante el documento centenario más influyente en la historia de la humanidad, o más bien conocido como "La Carta Magna" y yo, autora de este blog y aficionada de la historia, estuvimos conectados un día de verano en la ciudad de Lincoln.

Castillo de Lincoln

Una tinta predestinada a combatir en una lucha extenuante contra la tiranía, defendiendo la libertad y los derechos humanos. 63 artículos redactados meticulosamente en latín, enlazándose al corazón del pueblo y fortaleciendo su coraje para vencer a la opresión.
Contemplando la Carta Magna, casi podía ver como bailaba la pluma 800 años atrás sobre el, creando unas huellas de tinta. Ella se movía al ritmo de las palpitaciones de su autor, aún inconsciente de que con ello, creaba la primera constitución en la historia de Europa.

La Carta Magna expuesta en el castillo de Lincoln

Así pues, giraremos nuestros relojes al siglo 13. El rey Juan I se encuentra en el trono de Inglaterra. Apodado también con el sobrenombre de Juan Sin Tierra, que recibió después de la muerte de su padre, al no haber recibido territorios algunos por parte de éste.

Juan I de Inglaterra

Juan, siendo el hijo más joven del legendario matrimonio entre Enrique II y Eleonor de Aquitania es sobre todo conocido por las célebres películas de Robin Hood, en el que representa a un personaje traicionero y cruel. Y aunque de cuando en cuando la ingratitud e incomprensión del paso de los tiempos hace, que muchos personajes históricos se conviertan en tiranos sanguinarios, no ha exagerado en absoluto con Juan I.
Aún siendo niño, solía tener ataques de ira y ser sumamente colérico. Cuando su hermano, el rey Ricardo, Corazón de León fue capturado por el Duque Leopoldo de Austria tras las cruzadas, Juan trató de usurparle el trono, sin embargo fracasando en el intento. Una vez nombrado rey, tras la muerte de su hermano, fue no solamente responsable de la pérdida de la Casa de Anjou, sino que incrementó los impuestos desmesuradamente, controlando a sus súbditos de una manera aterradora.
"Ningún hombre jamás podrá confiar en el, ya que su corazón es débil y cobarde", cantó el trovador Bertran de Born.

El rey Juan se colmaba de cobardía y miedo en muchas ocasiones, en las que debía haber mostrado lo contrario. Cuando el rey de Francia invadió Normandía en 1203, Juan no era capaz de enfrentarse a su enemigo y huyó a Inglaterra, perdiendo así su ducado.
En los años 1206 y 1214 volvió a Francia intentando recuperar lo que antaño le pertenecía, pero cada vez que se aproximaban sus adversarios, desaparecía del supuesto campo de batalla. Los franceses llegaron en 1216 a la costa inglesa, mientras Juan los observaba reflexivo desde la distancia junto a su ejército. Considerándolo unos pocos instantes, no dudó mucho en dar media vuelta y alejarse lo antes posible. Una vez que sus soldados se habían percatado de su retirada apresurada, su rey ya se encontraba a casi 5 kilómetros de distancia.

El rey Juan I y la invasión francesa de Inglaterra

Sus intentos desesperados de reconquistar Normandía, Anjou, Maine y partes de Poitou no solo le engendraron una fama nefasta, sino también un descontento nacional que se expandió por toda Inglaterra. Sus planes de recuperación requería dinero, mucho dinero. Así pues, el gobierno se volvió inmensamente despiadado y eficaz a la hora de administrar las finanzas. Los impuestos se incrementaron excesivamente, mientras que el rey Juan abusaba de sus derechos feudales.

También fue el primer rey en ser excomulgado por el Papa Inocencio III. De este modo, en el año 1207, el Papa aprobó una ley eclesiástica en contra de los ingleses. Está prohibió las misas en todo el país. Únicamente las confesiones, santificaciones a los moribundos y los bautizos a los niños eran permitidos hasta nueva orden. Las bodas se celebraban en las entradas o antesalas de las iglesias y los entierros se realizaban fuera de los muros de las ciudades. Inglaterra estaba horrorizado y afligido ante semejantes sucesos.

Inocencio III

El desagrado del pueblo entero se expandió a todas las direcciones y dejaba un rastro amargo de penuria y desesperación.
Pero de pronto y en medio de este caos atormentado, se alzó la voz de la valentía y de la ira, convirtiéndose en una rebelión, que cambió el curso de la historia.
Ésta fue compuesta por un grupo de barones rebelados, que residían en el norte y este de Inglaterra, dispuestos a oponer toda la resistencia posible, en contra del poder del rey.

A base de ello, en enero de 1215, el rey Juan celebró un concejo en Londres, con el fin de discutir posibles reformas e incentivó además en la primavera del mismo año, reuniones en Oxford entre sus agentes y los barones. Aún así, los intentos de persuadir a los nobles solo llevaron al fracaso y en abril los rebeldes no dudaron en organizar una unidad militar.

A pesar de los percances y diferencias entre el obispo de Roma y el rey, Juan trató desesperadamente de ganarse de nuevo el favor del obispo, moviendo cielo y tierra. Sus actos finalmente le conducen al apoyo de la iglesia. Mientras sin embargo, en Northhampton, los rebeldes celebran una reunión en la que renuncian a las obligaciones feudales, que les une con el rey, desplazándose a Londres, Lincoln y Exeter.
Una vez que éstos lograron asediar la cuidad de Londres, se hallaron con nuevos aliados que se reunieron a su causa.
Al encontrarse oprimido, Juan ofreció a los barones trasladar el problema a un comité de mediación, eligiendo al Papa Inocencio III como negociador principal. Sin embargo y como era de esperar, los rebeldes no estaban interesados en tal comisión. Después de que el Arzobispo de Canterbury, Stephen Langton, estudiara las peticiones de los caballeros colaborando con los mismos, el rey le encargó desarrollar unas negociaciones de paz.

Así pues, un soleado 10 de junio de 1215, se reunieron finalmente el rey y los líderes de la rebelión en Runnymede, una pradera ubicada a lo largo del río Támesis en el condado de Surrey. Eligieron Runnymede no solo porque siempre había sido un lugar tradicional para celebrar reuniones de importancia, sino también porque se encontraba entre la fortaleza real de Windsor y la base de los nobles en Staines.

Lugar conmemorativo de la Carta Magna en Runnymede

De ese modo, ambos partidos se sentían los suficientemente seguros para poder desarrollar la asamblea, sin sentirse acorralados ni en desventaja militar.
Fue en esta llanura inglesa, dónde los barones presentaron al fin sus peticiones al rey en un documento conocido hoy en día como "Artículos de los Barones".
A base de éstos acontecimientos, el Arzobispo Stephen Langton transformó éstos requisitos incompletos durante los próximas días en un acta, agarrándose sobre todo en las negociaciones de paz. Este mismo escrito es conocido hoy como la Carta Magna. El documento elaborado cuidadosamente y compuesto de 63 artículos, aseguraba ante todo la reducción del poder del rey y la protección del pueblo. Incluía también, el derecho de la iglesia a quedar fuera de la intervención del gobierno, los de todos los ciudadanos libres a poseer y heredar bienes, el de las viudas con propiedades a decidir no volver a casarse, garantías de igualdad ante la ley, la prohibición de sobornos y la mala conducta de los funcionarios.

El artículo 39 dice así:

"Ningún hombre libre podrá ser detenido o encarcelado o privado de sus derechos o de sus bienes, ni puesto fuera de la ley ni desterrado o privado de su rango de cualquier otra forma, ni usaremos de la fuerza contra él, ni enviaremos a otros que lo hagan, sino en virtud de sentencia judicial de sus pares y con arreglo a la ley del reino."


Artículo 39 de la Carta Magna

El rey Juan soportando un desacuerdo absoluto en silencio y viéndose ante la amenaza de una guerra civil, selló finalmente la primera versión de La Carta Magna. Éste diploma de pergamino, recibió su autenticidad a través del Gran Sello del rey.

Reunión en Runnymede entre el rey Juan I y los barones

Unos días más tarde, el 19 de Junio los nobles rebeldes renovaron sus juramentos de lealtad hacia su soberano. Sin embargo, aún tras sellar la Carta Magna y la renovación de los votos de los barones, la paz no reinó mucho en Inglaterra durante 1215.
Unos meses más tarde Juan reclamó al Papa anular el acta que había sellado en Runnymede. Una vez que los rebeldes fueron informados de ello, se negaron a abandonar Londres y exigieron a cambio el cumplimiento inmediato de la Carta Magna.
Después de que el Papa estudiara las 63 clausulas detalladamente, quedándose horrorizado ante semejante perversión, redactó un escrito, declarando la Carta Magna "Ilegal, injusta, dañina para los derechos reales y vergonzoso para el pueblo inglés" y con ello nula y sin validez alguna.

Esta decisión, hizo desencadenar una guerra civil que iba a perdurar durante dos largos años. Ésta, llamada "Primera Guerra de los Barones", se inició a causa de la Magna Carta, transformándose sin embargo posteriormente en una guerra dinástica por el trono de Inglaterra.
Eran tiempos oscuros para aquellos, que tuvieron que presenciar las vivencias de 1215 y los dos años que le siguieron. La vida de un solo hombre no valía nada. El pueblo inglés vivía en un mar de asaltos, pueblos devastados y espadas desenvainadas.

"Primera Guerra de los Barones"

Mientras los barones renunciaron a su juramento ante su soberano, aliándose con el hijo del rey de Francia, Juan preparó un ejército de mercenarios para defender su causa.
Dándole la espalda al rey, los rebeldes se giraron con esperanza hacía el príncipe Luis, ofreciéndole la corona de Inglaterra.
El príncipe de Francia invadió Inglaterra el año siguiente, en 1216, mientras Juan decidió escaparse y buscar refugio en la capital sajona de Winchester.
Dadas estas circunstancias, adentrándose en la ciudad de Londres, el príncipe no obtuvo apenas resistencia. Fue recibido abiertamente no solo por los barones y por los ciudadanos de la capital, sino también por los supuestos partidarios de Juan y fue proclamado, aunque no coronado, rey en la Catedral de San Pablo.

Luis VIII de Francia

Gerald de Gales, clérigo e historiador medieval anunció "La locura de la esclavitud ha terminado. El tiempo de la libertad ha sido concedida. Los cuellos de los ingleses están libres de su yugo."

El rey Juan nunca vio acabar esta guerra. Murió el 18 de octubre de ese mismo año de disentería, abriéndole paso a su hijo de nueve años hacía el trono de Inglaterra. 10 días tras el fallecimiento de Juan I, su hijo fue coronado rey de Inglaterra como Enrique III.
Aunque La Carta Magna haya fracasado como tratado de paz en 1215, volvió a resucitar desde los confines de la tierra en el reinado del joven Enrique III en 1216.

Enrique III de Inglaterra

Fue en noviembre del mismo año, que el rey hizo redactar una nueva versión de la Carta Magna con el fin de recuperar el apoyo de los ciudadanos. Otra versión se desarrolló el año siguiente conocida como "La Carta del Bosque", emitiéndose el 6 de noviembre de 1217 en la Catedral de San Pablo en Londres. Ésta fue redactada como complemento de la Carta Magna y defiende ante todo, los derechos de los civiles abasteciéndolos con seguridad y privilegios contra los abusos de la aristocracia. Sin embargo recibió dicho nombre, porque también protegía los derechos comunales de los bosques. Éstos estaban considerados un dominio de la realeza, dónde solo el rey podía disfrutar de sus grandes riquezas. Imaginemos una época cuando el bosque lo era todo para la supervivencia de las personas. Éste albergaba las provisiones necesarias para crear herramientas de construcción, luz, calor y para el mantenimiento de pastos y turbales. Es por ello, que este acta había sido algo único, proporcionando una seguridad económica a las personas, que podían usar el bosque para alimentar y pastar su ganado.
Durante el reinado de Juan I, sus dominios de terrenos boscosos ocupaban 1/3 de toda Inglaterra. Éstos, después de haberse sellado "La Carta del Bosque" fueron retirados finalmente de la jurisdicción de la realeza.

"La Carta del Bosque" 

Años después, en 1225, el país se había recuperado de la guerra civil, que arrasó Inglaterra 10 años atrás, fueron modificadas tanto la Carta Magna como La Carta del Bosque consolidándolos como la base del gobierno.
Tanto la Magna Carta como la Carta del Bosque, fueron publicadas en 1225 por separado. La Carta Magna fue además traducida al inglés y al francés, y expuesto en los juicios que se celebraban por todo el reino. Unos años más tarde, decidieron crear copias del acta y clavarlas en las puertas de todas las iglesias del país.

Quizás el paso del tiempo, las guerras, las conquistas y las condiciones meteorológicas contribuyeron a la par, para que hoy no queden rastros de esas hojas colgadas en las puertas de las iglesias, ni de los clavos, que fueron hundidos en ellas. Pero a pesar de ello, consiguió ese pliego de pergamino, crear no solo el derecho de los humanos, sino inspirar a Thomas Jefferson, Mahatma Ghandhi y a Nelson Mandela. Nos recuerda cada día desde el 15 de junio de 1215, que el poder del gobierno no es absoluto y que el gobierno tiene que obedecer la ley, simbolizando el mero nacimiento de la libertad y de los derechos humanos.
Muchas de las palabras que antaño redactó Thomas Jefferson en la Declaración de la Independencia, fueron un manso pero tenaz eco de la Carta Magna. Mahatma Ghandi también hizo uso de este acta medieval en uno de sus discursos en 1914, mientras que Nelson Mandela citó a la Carta Magna durante su histórico discurso de defensa.

Nelson Mandela 

También Francia encontró una fuente de inspiración en el siglo 18 a través de ella, con el fin de embarcarse en definitiva en el gran conflicto político y social, que conocemos hoy en día como La Revolución Francesa. Aunque casi todas las cláusulas fueron modificadas y/o revocadas durante los últimos 800 años, la Carta Magna sigue siendo el gran pilar del que se sostiene nuestra sociedad democrática. Ella, que fue redactada en latín sobre piel de borrego, influyó en el pensamiento constitucional del mundo entero, incluyendo a Francia, Alemania, Japón, Estados Unidos, India y muchos países de América Latina y África. El poder y la magia que implican este escrito medieval, llevan siglos encandilando a quién descubra su historia. Ayer me ocurrió a mi, hoy a ti y mañana...quién sabe.
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La Gran Hambruna de Irlanda, la tierra del olvido - An Gorta Mór

lunes, 3 de julio de 2017

La Gran Hambruna de Irlanda, la tierra del olvido - An Gorta Mór

Tras dedicar mi última entrada a la época victoriana a la cual admiro profundamente, hoy me gustaría complaceros acercándoos un poco más a esa era tan revolucionaria y a la par romántica. Por desgracia, las palabras que llenan este artículo, no pueden encontrarse más lejos del romanticismo o de inventos revolucionarios. Esta vez, viajaremos a la Isla Esmeralda o más bien conocida como Irlanda y giramos nuestros relojes hacía 1845.

Muchos de ustedes habrán oído algo, aunque fuera en un frágil susurro, sobre la Gran Hambruna que devastó Irlanda entre los años 1845 - 1852. Pero que sabemos exactamente de ello? Que ocurrió? A razón de que comenzó la hambruna? Acaso hubo muertos?

Tan solo unas semanas atrás, sabía tanto como muchos de ustedes, pero fue entonces cuando leyendo sobre la historia de Irlanda, me tropecé con aquel catastrófico acontecimiento, que cambió la historia de esta isla celta para siempre.
Ni por asomo, ni por un segundo siquiera me hubiera podido imaginar, lo que les ocurrió a los habitantes de aquellos valles verdes, que enlazan en acantilados salvajes emergidos en la bruma del mar atlántico.


Tratándose de una de las hambrunas más grandes de la historia de la humanidad, perseguí no sólo los consejos de mi corazón, sino también y sobre todo los de mi consciencia y comencé a redactar un nuevo artículo.

Factores éticos, religiosos, políticos, sociales y económicos contribuyeron a la vez en una red de conspiración, para aniquilar la cultura gaélica.

Como dijo John A. Macdonald, primer ministro de Canadá a mediados del siglo 19:

"Convince the Red Man that the White Man rules".
"Convencer al pelirrojo que el hombre blanco manda"
 Prohibida la entrada a irlandeses, negros y perros

Todo comenzó en 1801, cuando se aprobó el Acta de Unión, que formalizó la unión del Reino de Gran Bretaña y el Reino de Irlanda en uno solo.

El poder ejecutivo se encontraba en las manos del Lord teniente de Irlanda y del Jefe de Secretaría de Irlanda. Éstos, fueron nombrados por el gobierno británico. Irlanda mandó 105 miembros del parlamento a la Cámara de los Comuneros del Reino Unido y representantes de la nobleza irlandesa, convocaron a 28 personas de su propio rango, para formar parte de la Cámara de los Lores de por vida.
Es importante mencionar que entre 1832 y 1859 el 70% de los representantes de Irlanda fueron terratenientes o los hijos de éstos.
Pasaron unos 40 años desde el inicio de la unión del Reino de Gran Bretaña, cuando el gobierno debatió sobre las dificultades de regir un país, que como dijo Benjamin Disraeli "Una población que pasa hambre y siguiendo a una iglesia diferente a la nuestra, cuya aristocracia se encuentra ausente y para colmo teniendo el poder ejecutivo más débil del mundo".

Como si el destino estuviera jugando al ajedrez, como gota a gota que colma el vaso, cada una de las decisiones que tomaron, cada palabra publicada en "The Times", cada corriente de aire que empujaba los barcos repletos de inmigrantes irlandeses hacía el sueño americano y cada cosecha desafortunada, puso su grano de arena para preparar la catástrofe, que estaba apunto de comenzar.

También las leyes penales se unieron a los juegos del hambre, restringiendo los derechos a los irlandeses católicos. A éstos les fue prohibido, comprar o arrendar tierras, votar, dirigir puestos oficiales, vivir a menos de 8 kilómetros de distancia de pueblos comunales, recibir educación, integrarse al mercado laboral y otros elementos necesarios, para que una persona pueda prosperar y enriquecerse no solo económicamente, sino también de forma individual y personal. Progresar no solo en el ámbito laboral, sino también en el cultural y social, en los momentos más íntimos del día a día, en los que soñamos, deseamos y nuestro afán por querer cumplirlos. El mero derecho a la esperanza era algo, que un irlandés en 1845 no se podía permitir.
Leyes penales contra los irlandeses católicos 

El destino sigue moviendo sus fichas en el desmedido tablero de la vida y en el siglo 18 se introduce finalmente "El sistema de los intermediarios". Los mediadores supervisaban y manejaban las propiedades de los terratenientes, que mayoritariamente se encontraban ausentes.
De ese modo, los propietarios recibían regularmente las correspondientes rentas, sin tener que preocuparse por las responsabilidades, mientras que los arrendatarios quedaban a merced del los mediadores.
Por entonces el 80% de la población de Irlanda consistía en católicos, que vivían en condiciones de pobreza e inseguridad, mientras que el 20% restante formaba "El dominio protestante". Éstos, eran familias inglesas o anglo-irlandesas, que dominaban prácticamente todas las tierras del país y que directa- o indirectamente ejercían poder sobre sus arrendatarios.

En 1843 el Gobierno Británico consideró, que la división y el mantenimiento de las tierras de Irlanda, fue la base que creó el descontento en el país. Creando un comité, examinaron las leyes pertenecientes a la actividad de los terrenos, sin embargo Daniel O'Connel describió éste como:

"Perfectamente unilateral, consistiendo exclusivamente de terratenientes, mientras que nadie representaba a los arrendatarios".

En Febrero de 1845 reportaron:
"Sería imposible poder describir las carencias y las penurias con las que tienen que vivir habitualmente y en silencio los trabajadores y sus familias...en muchos distritos su única comida es la papa, su única bebida el agua. Sus cabañas rara vez los protegen del tiempo. Una cama o una manta suponía un lujo de lo que pocos se podían contentar."

El comité declaró, que responsable de dichas escaseces era la mala relación entre los terratenientes y los arrendatarios. Dado que Irlanda había sido un país conquistado, sentimientos como la lealtad, responsabilidades feudales o la moderación sobre la tradición del paternalismo, no existía como por ejemplo en Inglaterra. Observaron además, que los terratenientes vieron en las tierras de Irlanda sencillamente como una fuente de ingresos, de las cuales habría que extraer todo lo que se podía y quizás aún más allá. Asociaban Irlanda con palabras tan simples pero directas como riqueza, propiedades, rendimiento y explotación. Abusaban de los terrenos vírgenes de Irlanda, llenándose con ello sus bolsillos ingleses con la sangre y sudor irlandés.

Las rentas recibidas por las tierras celtas cuyo importe se valoraba en 6.000.000 libras esterlinas en el año 1842, se empleaban como era de esperar fuera de Irlanda. La habilidad de cada intermediario se medía a través de las rentas, que podían exprimir a los inquilinos. Fueron conocidos como "chupa-sangres" y "la clase más represiva de tirano que jamás haya contribuido en destruir un país entero".

Los intermediarios alquilaban los terrenos de los terratenientes como les convenía. Alquilaban grandes parcelas de tierra y luego las subarrendaban a su gusto. Dividían los terrenos una y otra vez con el fin de obtener más rentas.
Los propietarios poseían un poder absoluto sobre sus inquilinos. Abusaban de sus derechos sin el menor arrepentimiento. Los inquilinos vivían en un miedo constante.

Mientras la represión continuaba expandiéndose por la isla, los terrenos se dividían cada vez más. Llegaba a tal extremo, que dada las dimensiones reducidas de las tierras que cada inquilino manejaba, no podían cultivar otro alimento, que no fuera el de la papa. El monocultivo llegó finalmente a Irlanda, dónde dadas las circunstancias solo era la papa la que podía alimentar una familia entera. El terreno que le quedaba a cada familia, era demasiado reducido e insuficiente para poder plantar otro sustento, que no fuera el de la papa. De pronto, sus vidas dependían de esa planta alimenticia y más aún en el frío y desolado invierno. La papa se convirtió en el alimento principal para las familias de Irlanda. El cultivo de éstas requería poco abono y podía crecer también en tierras desfavorables. A parte de ello, nutritivamente hablando es extraordinaria. Si a esta planta, tan solo se le añade un poco de leche, alberga las suficientes proteínas, carbohidratos, energía y minerales, para que una persona pueda obtener una dieta sana y equilibrada.

Un granjero a mediados del siglo 17 solía comer un plato al día que contenía papas. En el siglo 18 éste se convertía en dos. En 1840 cuando la adquisición de leche o avena era tristemente algo limitado, las raciones en las que un granjero irlandés comía papas y solo papas, se convertían en 3. Desayuno, almuerzo y cena. Esto equivalía a unos 5 a 6 kilos por día.

Las tierras celtas de Irlanda fueron usadas durante siglos para el pasto de las vacas. Los ingleses colonizaron Irlanda y transformaron la mayoría de su paisaje en terrenos desmedidos para la crianza de vacas. Así pudieron saciar las bocas hambrientas de los consumidores ingleses. La excesiva afición de los ingleses hacía la carne de vacuno, engendró un gran impacto entre los empobrecidos irlandeses. Los colonos explotaban los destacados y mejores terrenos de pasto para cultivar vacas, que luego eran exportadas a Inglaterra y dejaban las tierras marginales a los irlandeses para el cultivo de papas.

Pero a pesar de todo, lo que habéis leído hasta este momento es tan solo el principio de algo, que podría llegar a llamarse genocidio.

El hambre en Irlanda no había hecho más que empezar.
Miramos hacía septiembre de 1845... hacía el condado de Galway, situado en la costa oeste del país. El sol acababa de salir, al igual que el granjero del que hablaremos a continuación. Hace fresco, pero el viento aún es agradable. El agricultor enérgico pero decaído, optimista pero abatido, supervisa su cultivo de papas con sus manos quebradas, cuando observa inesperadamente, que algunas hojas se habían teñido de negro.
Otras se habían encrespado y otras daban comienzo a la putrefacción.
Este acontecimiento también les ocurrió a sus vecinos, y también a los vecinos de éstos, atravesando el condado de Mayo, Sligo, Donegal y finalmente los 22 condados restantes de Irlanda.

 Tizón Tardío

Inicialmente culpaban a la niebla, que se había extendido sobre los valles de Irlanda unos días atrás.
Pero lo cierto es, que se trataba de un parásito, que produce una enfermedad conocida como tizón tardío. Este organismo llamado phytophthora infestans, infecta a las papas, causando importantes e inigualables pérdidas. Un parásito desconocido antes de 1844, se engendró en México dónde inicialmente fue transportado a Norte América y después a Europa.
Los periódicos europeos ya habían anunciado algún que otro artículo sobre una plaga, que atacó las papas de Norte América durante dos años.
Fue entonces, cuando los barcos que zarparon desde Filadelfia, Baltimore y Nueva York posiblemente contaminados del parásito, atracaron en los puertos de Europa. Éste, se apresuraba como la rapidez de la luz y a mediados de 1845 ya comenzaron a aparecer las primeras cosechas podridas en Bélgica, Holanda, el norte de Francia, el sur de Inglaterra y al fin Irlanda.

Los fuertes vientos del sur de Inglaterra, transportaron sus organismos reproductores de esporas infecciosas inicialmente a las afueras de Dublin y se multiplicaron a millones con la ayuda de cada simple brisa y de cada chubasco. Bajo estas condiciones perfectas, una única papa infectada, podía contagiar en un par de días a miles más. Con la ayuda de la lluvia fuerte y veloz, las esporas se arrastraron hasta el suelo, cubriendo toda Irlanda con el hedor de la muerte.

Papa infectada por tizón tardío

Los agricultores irlandeses sacaban las papas de las tierras y a pesar de las hojas negras y podridas parecían comestibles, pero el tizón tardío también se difundió en la tierra e hizo que las papas se atrofiaran y se descompusieran unos días después, convirtiéndose en una masa maloliente y putrefacta.

Pocas semanas después, las noticias devastadoras llegaron a Londres. El por aquel entonces Primer Ministro, Sir Robert Peel, anunció que los reportajes le parecían "muy alarmantes" pero aseguró "que los irlandeses siempre tienden a exagerar sus noticias".

Sir Robert Peel

Tan solo 3 meses después de la llegada del parásito, estimaron la destrucción a más de un tercio de la cosecha entera de papas en Irlanda.
Unos meses más tarde, en 1846, un tres cuartos de la recolección de papas en Irlanda se había perdido.
Los irlandeses nunca antes habían experimentado semejante pérdida de cosecha, que se había extendido por todo el país entero. Aún tras esta catástrofe seguían esperanzadores, porque creían que como en otras ocasiones, iba a desparecer igual de rápido que apareció. Pero ojalá, alguien les hubiera avisado, de que estaban más que equivocados.

A igual que los irlandeses, los ingleses querían creer que este acontecimiento desafortunado iba a ser temporal, por lo que crearon medidas escuetas para intentar auxiliar a su país vecino.

El gobierno de Dublín trasladó un escrito a la reina Victoria, rogándole convocar al parlamento con la petición de crear puestos de trabajo en Irlanda, en especial líneas ferroviarias.
El concejo municipal de Belfast, también se reunió e hizo las mismas sugerencias, pero como John Mitchel, miembro y líder del mismo declaró "Nadie pregunta por caridad. Si Irlanda realmente forma una parte íntegra del reino, se debería hacer uso del tesoro público pertenecientes a las dos islas. No para donar limosnas, sino para crear puestos de trabajo en funciones públicas de utilidad general. Si los condados de Yorkshire y Lancashire en Inglaterra hubieran experimentado una catástrofe similar, no cabría la menor duda, medidas como estás se hubieran aplicado al instante y libremente."
John Mitchel, activista del nacionalismo de Irlanda 

A finales de 1845, la delegación del pueblo de Dublin se unió con el Lord Teniente de Irlanda, para sugerir propuestas tales como, abrir los puertos de Irlanda para la importación de grano extranjero, impedir la destilación del mismo, prohibir la exportación de los alimentos y facilitar puestos de trabajo a través de obras públicas.
Sin embargo, el Lord Teniente insistió en no alarmarse y no tomar medidas anticipadas, dado que la policía, al igual que los becarios de alto cargo ya estaban supervisando el asunto y que de momento"no había necesidad de apresurarse".

En febrero de 1846 John Mitchel anunció "con que imprudencia se estaba manejando la hambruna", preguntándose si el gobierno aún no se había dado cuenta "de los millones de personas de Irlanda que no tenían nada para comer".

Mitchel publicó un artículo el 7 de marzo de 1846 en el que dice "Los irlandeses esperan la llegada de la hambruna en cualquier momento, lo atribuyen no a la voluntad de dios, sino a la codiciosa y cruel política de Inglaterra", que "los niños no son capaces de sentarse a ingerir la escasa comida que les quedaba, sin reconocer las garras de harpía de Inglaterra en su plato".

Escribió, que el pueblo de Irlanda observaba "como sus alimentos se rendían ante la contaminada putrefacción, mientras en el mismo instante colmaban los barcos cargados con el grano dorado, que ellos habían sembrado y recolectado con sus propias manos, zarpando hacía Inglaterra"

Años después, John Mitchel publicó el libro llamado "The Last Conquest of Irleland (Perhaps)"- "La Última Conquista de Irlanda (Posiblemente)", dónde declara el ya extendido punto de vista sobre la administración de la hambruna de Irlanda, habiéndose tratado de un deliberado asesinato de los irlandeses. Éste contenía también la conocida frase "The Almighty, indeed, sent the potato blight, but the English created the Famine." - "Dios, en efecto nos envió la plaga, pero los ingleses crearon la hambruna."  
Posteriormente John Mitchel fue arrestado por crear revueltas a través de sus escritos y fue sentenciado a 14 años de deportación a las Bermudas.

Durante el periodo de la hambruna, Irlanda exportó grandes cantidades de alimentos. La revista llamada "History Ireland" de 1997 publicó un articulo en el que confirmaron, que 4.000 barriles de comida zarparon desde Irlanda a los puertos de Bristol, Glasgow, Liverpool y Londres durante 1847, mientras 400.000 personas murieron de hambre y por respectivas enfermedades. Decían, que la exportación de corderos, ganado (excepto cerdos), bacón y jamón incluso se incrementó durante los años de la hambruna. Estos alimentos, fueron trasladados bajo la escolta militar británica, desde las partes más afectadas por la hambruna. En 1847, otras considerables cantidades de guisantes, judías, cebolla, conejos, salmones, ostras, arenques, manteca, miel, telas, jabones y semillas dejaron Irlanda atrás.
Pero lo más destacado que habría que mencionar indudablemente, fue la desmesurada exportación de mantequilla. La mantequilla fue transportada en barriles. Cada uno de esos barriles contenían 9 galones imperiales, que equivalen a 41 litros de mantequilla. En los primeros 9 meses de 1847 enviaron 56.557 barriles, equivalentes a 2.314.000 litros de mantequilla desde Irlanda a Bristol y 34.852 barriles que abarcaban 1.426,000 litros que fueron despachados a Liverpool.
Sumando estas cantidades irracionales de barriles de mantequilla, que fueron exportados de Irlanda a Inglaterra durante los 9 meses del peor año, que experimentó la Gran Hambruna de Irlanda, la cuantía total asciende a 822.681 galones imperiales, que equivalen a 3.739.980 litros.

Mientras el Primer Ministro Sir Robert Peel intentando suavizar los acontecimientos devastadores en Irlanda, adquirió en secreto 2 cargamentos económicos de granos de maíz, que venían desde América. Pero nada más llegar, surgieron los primeros problemas. Con el fin de obtener la harina de maíz, era necesario moler los granos y no habían molinos suficientes en un país acostumbrado a la alimentación de papas. Moler dichos granos suponía un proceso elaborado y complicado, por lo que los pocos molinos que existían en aquel entonces, tardaron en poder distribuirlo posteriormente a las familias hambrientas.
Aparte, antes de consumir la harina de maíz, era necesario cocinarla largo- y detenidamente pero muchos desconocían como hacerlo, era malo de ingerir y generalmente una pobre sustitución de la papa. Aún así, se acostumbraron al consumo de la harina de maíz, pero fue justo entonces, cuando cesaron los suministros y una vez más los irlandeses se quedaron sin nada.

Sir Robert Peel creó trabajo de estado de emergencia. El gobierno pagaba a los irlandeses, mientras ellos construían calles y embarcaderos. Sin embargo, los sueldos de los trabajadores eran sumamente bajos y apenas se podían permitirse comprarle comida a sus familias. Aún así, contrajo algo de ayuda por lo que en 1845 aún no hubo muerte por inanición.

Sin embargo un año más tarde, en 1846, la segunda cosecha de papas quedó destruida también y las personas que milagrosamente sobrevivieron al primer fracaso, ahora se encontraban en terribles apuros. En octubre del mismo año, comenzaron de nuevo los trabajos. Esta vez sin embargo, muchos de los obreros eran demasiado débiles a causa del hambre y de la desnutrición que estaban experimentando, como para ejercer trabajos duros.

El febrero de 1847 trajo consigo un clima gélido y sombrío, cubriendo la famélica Irlanda de nieve. Los pobres no tenían la ropa adecuada para poder trabajar a las afueras, por lo que enfermaban con rapidez.
Dos años tras los primeros indicios de cosechas infectadas, el gobierno creó los "soup kitchens" - "comedores comunitarios", para poder ofrecerle sopa caliente a los pobres. En agosto de 1847, 3 millones de personas fueron alimentadas al día. Sin embargo, en otoño del mismo año cerraron los comedores, creyendo que la próxima cosecha iba a ser satisfactoria. Mandaron a los pobres de nuevo a los "workhouses" - hospicio taller. Los hospicios talleres eran lugares a dónde los pobres podían ir a trabajar y vivir. Una vez que entrabas, tenías que llevar uniforme y recibías una dieta básica. La comida principal consistía en una papilla de avena. Las familias eran separadas al momento. Obligaban a los hombres, mujeres, niños y niñas a quedarse en diferentes áreas del edificio. También las normas eran muy estrictas dentro de los hospicios talleres. Las personas rápidamente padecían de tifus, cólera y disentería. Las enfermedades en estos lugares abarrotados de personas, se expandían rápidamente.
Hospicio taller en el condado de Offaly

Una vez que los inquilinos ya no eran capaces de pagar las rentas, fueron desahuciados. Los desahucios ya comenzaron en 1846, pero fue en 1847, cuando ocurrieron los lanzamientos en masas.
Es imposible saber cuantas personas fueron desahuciadas, mientras duró la Gran Hambruna. Fue en 1849, cuando la policía comenzó a gestionar un registro sobre los que fueron expulsados de sus casas. El número oficial de desahuciados entre los años 1849 - 1854 asciende a 250.000,00 personas.
Pero muchos afirman, que este número fue considerablemente subestimado, si contamos con las personas que fueron obligadas a partir "voluntariamente" durante el periodo total, estaríamos hablando de probablemente más de medio millón de personas.
El condado de Clare, fue uno de los lugares más afectados por los desahucios en Irlanda. Los terratenientes lanzaron a miles de familias, mientras derruían sus míseros cobertizos.

En 1847, el obispo de Meath, describió sus recuerdos de los lanzamientos en una carta pastoral, que iba dirigida al clero:
"700 personas fueron expulsadas de sus hogares en un solo día, dejándolas expuestas al mundo con el fin de gratificar ante Dios y humano, los caprichos de aquellos, que posiblemente merecen menos consideración, que el menos afortunado de ellos. Las escenas que presencié, me perseguirán toda la vida. El lamento de las mujeres - los gritos, el terror, la consternación de los niños - la silenciosa agonía de hombres honestos, hacían que las lágrimas de todos los presentes, brotaban de sus ojos desdichados sin cesar. Vi a agentes de policía sollozando como niños, obligados a atender aquel fatídico acontecimiento y a masacrar a su propia gente, si demostraban algún indicio de resistencia."
Las Tres Alianzas. Hambruna, Desahucio y Coerción
La tragedia llega a su punto culminante, cuando los famélicos cadáveres de los irlandeses se encontraban tirados en los bordes de las calles, sus bocas teñidos de verde, por haberse alimentado de la hierba, que crecía en los valles. Algunos comían las papas putrefactas, para poder llenar sus barrigas, pero enfermaron de cólera o tifus y así pueblos enteros fueron devastados.

Pueblos asolados en Irlanda

Hogares derruidos
Muchos de los desamparados solo les quedaba huir y dejar atrás lo que antaño era su hogar. Entre 1845 y 1855 acerca de 1 millón de personas emigraron desesperadamente a Ámerica y Australia, mientas que 750.000 a Inglaterra. Algunos de los propietarios de los navíos, sacaron provecho de la terrorífica situación, abarrotando sus pecios podridos al máximo con irlandeses enfermos y desesperados, sabiendo que éstos no eran precisamente aptos, para realizar un viaje transatlántico. Miles de éstos inmigrantes murieron durante las travesías. Solamente en 1847 registraron 17.465 muertes. Éstos barcos se denominaban "Coffin Ships" - "Barcos féretros".
Miles más murieron en los propios centros de desembarco.
Un médico de cuarentena ubicado en Quebec, Canadá, reportó:"Los pocos que eran capaces de subir a bordo estaban horrorosos, espectros amarillentos y esqueléticos....no habían más que 7 o 8 que estaban realmente sanos y capaces de valerse por si mismos."
El 4 de agosto de 1847, la revista "Toronto Globe" narra la llegada de los barcos féretros:"De los 496 pasajeros, que abarcaba el "Virginius" de Liverpool, perdieron la vida 158, siendo casi un tercio de la tripulación entera y 180 enfermos. Más que la mitad de los pasajeros que subieron inicialmente a borde, no conocerán jamás su nuevo hogar."

Pero entre todo este sufrimiento y doloroso pasado, cabe destacar un gesto de bondad y solidaridad partiendo de una nación, que desgraciadamente ha sufrido mucho de hambre, represión y racismo. Los indios americanos. En mitad de la hambruna, en 1847 hubo una tribu llamada "Choctaw", que reunió 710 dolares para donarlo al pueblo de Irlanda. Unos 15 años atrás, esta misma tribu había sido expulsada de sus tierras ancestrales, por el gobierno norteamericano en lo que se conoce como "El camino de las lágrimas", dónde entre 2.500 y 6.000 niños, mujeres y hombres de los 17.000 que iniciaron el viaje, murieron de hambre, extenuación y frío. En 1847, cuando aún no se encontraban mucho mejor, esa tribu, supuestamente salvaje y bárbara, supo que otro pueblo, el de los irlandeses, estaba pasando por algo parecido que ellos años atrás habían vivido y reunieron todo lo que pudieron, para juntar esos 710 dolares. 148 años más tarde, en 1997, Mary Robinson, la presidenta de Irlanda, hizo un homenaje de agradecimiento a la nación Choctaw.

Mary Robinson saludando al gobierno tribal de los Choctaw en Oklahoma  

No sabemos a ciencia cierta cuantos muertos trajo consigo la Gran Hambruna de Irlanda, pero se estima la muerte de un millón de personas, mientras que un millón y medio inmigró a Inglaterra, Canadá, Estados Unidos y Australia. Entre las muertes y migraciones, Irlanda perdió más de un cuarto de su población.
Irlanda hoy en día, 150 años después de aquel terrorífico suceso, sigue sin haber recuperado la población que tuvo en 1844.
La caída de la población en Irlanda entre 1841 - 1851

La catástrofe ha marcado a Irlanda y a su pueblo profundamente, cambiando las vidas tanto de los irlandeses nativos, como la de los emigrados y sus descendientes. La hambruna se impregnó en la memoria colectiva del pueblo, convirtiéndose así en un punto de sustento para diversos movimientos nacionales.
Después de la hambruna aumentó y se extendió el nacionalismo irlandés por todo el país, que luchó valiente y tenaz por la separación total de Inglaterra. Finalmente, 92 años después de las primeras hojas teñidas de negro y de los primeros lamentos esparcidos por la Isla Esmeralda, consiguió librarse de las garras del gobierno británico, adquiriendo la independencia total en 1937.

Hoy en día existen más de 100 lugares conmemorativos esparcidos no solo en Irlanda, sino también en Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá y Australia, asegurándose el recuerdo eterno de las incontables víctimas de la Gran Hambruna de Irlanda.

Dublín, Irlanda

Cardiff, Gales

Liverpool, Inglaterra 

Nueva York, Estados Unidos

Condado de Mayo, Irlanda

Toronto, Canadá

Desde entonces, aún marcado de sus huellas desconsoladas del pasado, este país en medio del indomesticable mar atlántico, ha sabido levantarse de nuevo, sin esperar ni buscar la protección de otro, sosteniéndose sencillamente en su propia fuerza, que ya sus antepasados los celtas han sabido usar.

Armados con el amor y la lealtad por su patria, siguen encandilando a cada uno de los que hoy en día visitan la Isla Esmeralda, famosa por su magia, sus incontables leyendas y esa cultura que la hace tan única y bella en todo el mundo.
Emergidos de una tragedia devastadora, hoy en día cuenta con la mayor fábrica de cerveza negra del mundo, gozando además, de uno de los mejores sistemas educativos del mundo. También posee una de las telecomunicaciones infraestructurales más avanzadas y competitivas de Europa y la exportación de software más grande del mundo, estando situadas sus sedes europeas de Google, Microsoft, Apple, IBM, Dell, Intel, Motorola, Lotus en Irlanda.
Contando igualmente con unas de las exportaciones más largas de carne del hemisferio norte y produciendo el 50% del licor de crema, existente en el mercado del mundo entero.
Quién no habrá probado alguna vez el delicioso Baileys, la intensa y valiosa cerveza Guinness, la autentica mantequilla de Kerrygold y el sabroso salmón ahumado de Irlanda?

Cuando los irlandeses 170 años atrás morían de hambre, hoy en día, en el año 2017 nos obsequian con sus inigualables productos, que albergan en su recóndito interior una centella resplandeciente, que nos susurra "Somos libres".

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