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El parto y la muerte en la Edad Media II - La Endogamia

miércoles, 21 de marzo de 2012

El parto y la muerte en la Edad Media II - La Endogamia

En mi última publicación hablaba sobre las diferentes causas del elevado número de niños fallecidos al nacer o en los primeros años de su infancia.
Al estudiar ese tema con más detalle, se me presentaba otra causa que quizás sea la más reveladora y la que conlleve más importancia.
La Endogamia.

Numerosos estudios han demostrado que en los matrimonios entre parientes hay un aumento del número de niños que nacen muertos, de malformaciones y trastornos como el retraso mental y la pérdida auditiva. Las posibilidades son altas sobre todo cuando en esa familia existe alguna condición heredada.
Esto se explica porque el 50% de los genes que poseemos provienen de la madre y el otro 50% del padre, y se calcula que entre un 8% a 10% de estos genes están dañados o defectuosos, aunque no lo manifestemos, entonces, en el caso de la endogamia en que los padres pertenecen a una misma familia presentan una probabilidad mayor de compartir el mismo gen defectuoso y transmitirlo a sus hijos. Para que estos genes defectuosos se manifiesten necesitan estar presente en partida doble, es decir, si ambos padres son portadores, de la alteración, y esto es lo que sucede con la unión entre familiares.
El número de casos de malformaciones congénitas en hijos de primos-hermanos es de alrededor el doble al que corresponde a los hijos de personas que no son parientes.
Uno de los casos mas conocidos es la de la endogamia practicada en Egipto, dónde las dinastías de los faraones colapsaron. Con el fin de mantener la fortuna y el poder entre la familia, los faraones contraían matrimonio con sus propias hermanas o medias hermanas. Tras realizar ese acto por varias generaciones llegaba el momento en que los descendientes no estaban mental- ni corporalmente capaces de gobernar el país.
Otro ejemplo con mucha importancia son los lazos de consanguinidad en las casas reales de Europa en la edad media.
Los numerosos casos de nobles con retrasos mentales, deformaciones, niños fallecidos al nacer o en los primeros años de su infancia demuestran las irrevocables consecuencias de esa tradición tan irresponsable.

La casa real europea con el ejemplo más obvio del resultado de la endogamia tuvo lugar en la dinastía de los Habsburgo, una de las casas reales más importantes de Europa.
La dinastía de los Habsburgo gobernó en nuestro país entre 1516 y 1700 y al final despareció a causa de la endogamia practicada durante generaciones y generaciones por su persistencia en mantener el poder en el seno de la familia.

En el árbol genealógico de los Habsburgo, Carlos II, seguido de cerca por su abuelo paterno, Felipe III, fue el individuo con el coeficiente más alto de endogamia.
El rey, Carlos II tuvo un coeficiente del 25 % que equivale al típico coeficiente de hijos de parejas formadas por hermano y hermana, o padre e hija, o madre e hijo.
Aunque Carlos II fue el hijo de una relación entre tío y sobrina.

Esto se debía al incremento de manera considerable del coeficiente de endogamia con el paso de las generaciones: Desde 0,025 en Felipe I, que fue el fundador de la dinastía, al coeficiente de Carlos II que había aumentado 183 años más tarde hasta un coeficiente de 0,254 a medida que los reyes de la Casa de Habsburgo tendían a casarse cada vez con mayor frecuencia con mujeres estrechamente emparentadas con ellos, con el fin de preservar su linaje.

Y para aquel que aún no sabe nada de la penosa vida del rey Carlos II lea con atención lo siguiente:

Carlos II fue el último del linaje de los Habsburgo, enfermo desde el momento de su nacimiento hasta los últimos segundos agónicos de su vida.

Se sabe casi con total seguridad que padeció el Síndrome de Klinefelter.
Dicho síndrome se caracteriza por la infertilidad, niveles inadecuados de testosterona, disfunción testicular, hipogenitalismo, ginecomastia (crecimiento de los senos), trastornos conductuales y aspecto eunucoide (talla alta, extremidades largas, escaso vello facial y distribución de vello de tipo femenino). También sufrió de escoliosis, así como diabetes y bronquitis crónica en la edad adulta.
Tenía retraso mental y eso le limitó también a la hora de aprender a leer. A los 10 años pudo al fin leer y nunca supo escribir correctamente.
A veces tuvo lesiones cardiacas y disfunción tiroidea.

Se dice que también sufrió raquitismo a causa de la falta de Vitamina D, agravado por la falta de luz solar ya que casi nunca le permitieron salir al aire libre por temor a que se constipase. 
Además tuvo infecciones respiratorias y padeció sarampión, varicela, rubéola, viruela y epilepsia desde la infancia hasta los 15 años.
Padecía de ataques de cólera y tuvo adición alimentaria al chocolate.

A veces se le hinchaban los pies, las piernas, el vientre, la cara e incluso la lengua de tal manera que no podía hablar.

Sufrió un envejecimiento prematuro, problemas gastrointestinales, fruto probablemente de la comentada adicción alimentaria al chocolate, a la mala nutrición y al pronunciado prognatismo que le dificultaba la correcta masticación de los alimentos. Presentaba también infecciones urinarias de repetición, cólicos renales por la presencia de cálculos y hematurias.
El día de su muerte, el 1 de noviembre de 1700 respiraba fatigosamente, había estado en coma durante los dos últimos días, presidiendo de una fiebre alta. Sus últimas palabras fueron:

" Me duele todo"

Después de su muerte tuvo un ataque de epilepsia que duró durante 3 horas.
La autopsía desveló lo siguiente:

“No tenía el cadáver ni una gota de sangre; el corazón apareció del tamaño de un grano de pimienta; los pulmones, corroídos; los intestinos, putrefactos y gangrenados; un solo testículo, negro como el carbón, y la cabeza llena de agua”.

Y de esa manera terminó de sufrir al fin el pobre rey Carlos II y al mismo modo la rama española de los Habsburgo.

Es irónico que la endogamia fué usada para mantener el poder en la familia y para que la dinastía perdurara para siempre, pero fué justo y simplemente eso lo que acabó con ella.

Carlos II de España

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El parto y la muerte en la Edad Media

jueves, 15 de marzo de 2012

El parto y la muerte en la Edad Media

Desde hacía algún tiempo sabía bien que muchos niños fallecían al nacer o en los primeros años de su infancia en la edad medieval. El parto también resultaba ser un peligro significativo para la mujer en aquella época.
Hoy he querido saber las causas exactas.
Muchas mujeres tuvieron un hijo trás otro, a veces hasta 10 partos, si es que la madre haya sobrevivido a ellos, en los que tal vez uno había podido soportar la infancia.
Los niños eran algo como un plan de pensiones para los padres. A causa de la necesidad de manos de obra para aquellos padres que vivían en el campo y cierto desconocimiento de anticonceptivos nacían muchos más niños que hoy. Cada familia tenía por termino medio 4 hijos.


Desgraciadamente en la edad media la muerte formaba parte del parto. Se puede decir que había una probalidad del 50% para que sobreviviera un niño al parto.
Y también ya casi había llegado a la normalidad fallecer por haber dado a luz.

Hoy en día el parto resulta ser algo que se realiza con mucha seguridad a la cual, por norma general, no deberían aparecer complicaciones letales.
Pero en la edad media el parto podía acabar en muchas ocasiones con la muerte.
La vida fue marcada por la iglesia y como os podeís imaginar también el nacimiento. Se decía que durante el parto la puerta hacía el infierno estaba abierta, tanto para la madre como para el niño. Por esa razón ambos no se encontraban bajo la protección de la iglesia mientras la madre daba a luz.
En caso del fallecimiento del bebé, había que realizar un bautizo de emergencia. Si ese no se hubiera realizado a tiempo y el niño recién nacido no había sido bautizado, tenía que ser enterrado en el exterior del cementerio común.


Antes del parto para que la mujer pudiera soportar las contracciones, le daban un caldo fuerte y luego la bañaron en agua caliente. Para el parto por norma general le asistían dos mujeres. Una comadrona y una asistente.
La obstreticia era únicamente tarea de las mujeres. Medicos a igual que el padre del niño, no tenían permiso para entrar en la habitación dónde se llevaba a cabo el parto. 
Después del parto le cortaban el cordón ubilical. El niño era bañado con pétalos de rosa y miel y para la limpieza de los ojos, oidos y nariz del recién nacido fue utilizado aceite de oliva. Después el cuerpo del niño era ceñido con lino que también fue sumergido en aceite de oliva anteriormente para evitar deformidades.


Se dice que las comadronas y también las asistentas tenían la obligación de lavarse las manos antes del parto y también cortarse las uñas para no herir al bebé. No obstante, muchos bebés fallecían durante o poco después del parto, ya que no siempre trabajaban sin tener bien desinfectadas las manos, provocando con ellos graves infecciones también a la madre.
Y aunque ella haya sobrevivido después del parto, siempre acechaba el peligro del puerperio.
La madre podía sufrir hermorragias, heridas o infecciones causadas por el parto. Las primíparas sobre todo fallecían muy a menudo por fiebre puerperal.

Las personas veían la muerte de una manera diferente en comparación con las de hoy en día. La muerte estaba omnipresente desde el momento del nacimiento. Las espectativas de vida también eran muy bajas. La muerte les acompañaba practicamente a todas partes. Las mujeres fallecían por culpa de los partos cuando todavía eran muy jovenes. Pero también los hombes morían por norma general a una temprana edad. Los nobles siempre llegaban a una edad más elevada que los pobres. De esa manera reyes y príncipes podían llegar a los 50, una edad muy elevada para esa época.
Las causas de esas muertes eran muy amenudo la lepra, malaria, tuberculosis, difteria y cólera. La peste también estaba al acecho de cualquiera.
Morir de sed, hambre o de frío no er algo inusual por aquel entonces.
La mitad de los niños no llegaban a los 14 años de edad. Las causas del número elevado de niños fallecidos en su infancia podían ser por una higiene deficiente, mala alimentación, sarampión, la viruela, tos ferina, tuberculosis, infecciones y otras epidemias. Todas las personas estaban practicamente abandonados a su destino.

Y desgraciadamente por la falta de posibilidades médicas, la muerte casi siempre era algo lento y cruel. En la mayoría de los casos, solo les quedaba rezar. Por esa razón, la mayoría solo podía encontrar la paz y la esperanza en la religion.
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