Juana I de Castilla - La reina que no estaba loca

sábado, 9 de febrero de 2013

Juana I de Castilla - la reina que no estaba loca

Nuestra protagonista de este día, no está relacionada realmente con la Dinastía Tudor pero aún asi, siento la necesidad, teniendo este blog, de redactar un artículo en memoria a una bella dama, cuyos seres más queridos fueron los culpables, de que hoy en día sigue teniendo el mote injustificado de "La Loca".

Una ambición soberbica y enfermiza que no tan solo sentía su padre, sino también su marido y por desgracia su propio hijo. Todos ellos, uno tras otro, inventando una locura, un estado mental, para poder usurparle el trono.

Una vida desafortunada y triste que merece ser contada y difundida.
Soportando un sin fin de sufrimientos mientras vivió, aunque habría que preguntarse si eso realmente se podría llamar vivir, o más bien vegetar hasta que llegue la muerte, intentemos al menos ahora, que sabemos la verdad, recordarla tal y como ella fue:
Una mujer inteligente, rebelde y extremadamente apasionada.

Dejemos a un lado la ignorancia y la represión de la mujer y olvidémonos del mote por la que tristemente es conocida y llamámosla Juana, la Reina de Castilla.

Juana I de Castilla

Juana nacio en la antigua capital visigoda de Toledo el 6 de noviembre de 1479 siendo la segunda hija de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla. Desde muy pequeña recibió una esmerada educación, propia de una infanta, basada en la estricta obediencia en el serio y itinerante ambiente de la corte castellana. Juana era una aventajada alumna en comportamiento religioso, urbanidad, buenas maneras y manejo propio de la corte, sin desestimar artes como la danza y la música y el entrenamiento como amazona. Además sabía de lenguas romances propias de la Península Iberica, como también el francés, el latín y el manejo de varios instrumentos musicales.

Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón

Siendo aún una niña pequeña sentía un gran interés hacía la teología y su deseo era convertirse en monja. Pero sus padres, los Reyes Católicos, ya habían planeado un futuro algo distinto.
Como era la costumbre en la Europa de aquellos siglos, sus padres negociaron los matrimonios de todos sus hijos con el fin de asegurar sus objetivos diplomaticos y estrategicos.
Ambos conscientes de las aptitudes de su hija Juana y de su posible desempeño en otra corte, asi como la necesidad de reforzar los lazos con el Sacro Imperio Romano Germánico, planeaban la boda entre Juana y Felipe Archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante, Limburgo y Luxenburgo, conde de Flandes, de Habsburgo, de Hainaut, de Holanda, de Zelanda, Tirol y Artois y señor de Amberes y Malinas entre otras cuidades.

En agosto de 1496 con 16 años partió Juana desde la playa de Laredo (actual Cantabria), despidiéndose de sus padres y hermanos, iniciando su rumbo hacía la lejana y desconocida tierra flamenca, hogar de su futuro esposo.
Pero esta travesía tuvo algunos contratiempos obligando a Juana a tomar refugio en Portland (Inglaterra) el 31 de agosto. Cuando la flota pudo acercarse a Middelburg, Zelanda, una nave genovesa que transportaba a 700 hombres y las vestimentas de Juana y muchos de sus efectos personales, chocó contra un banco piedras y arena y se hundió.
Pero esta quizás advertencia, solo había sido el comienzo de un futuro solitario y desgraciado.

Cuando Juana y Felipe finalmente se vieron por vez primera, se quedaron absolutamente fascinados, enamorándose nada más verse. Tanta fue la locura que sintieron el uno hacía el otro, que no pudieron ni quisieron esperar hasta el día del enlace. Deciden saltarse el protocolo y ambos ordenan un rápido casamiento.
Esta mutua atracción hacía prever una buena relación, sin embargo las cosas iban a cambiar en un futuro no muy lejano.
Este amor a primera vista, acompañaria a Juana durante el resto de su vida, mientras que para el voluble Felipe, fue tan solo fruto de unos pocos meses.
Ya que, aún sintiendo tanta atracción y tanta devoción por su joven y bella esposa, muy pronto perdió el interés en la relación.

Felipe I de Castilla 

Juana tenía una extraordinaria capacidad de amar y de entrega a sus seres amados y era absolutamente apasionada, pero el carácter promiscuo de su esposo, hizo que éste desease estar con otras mujeres además de con la suya.
Ésto propició continuos ataques de celos en Juana, algo hoy en día completamente comprensible.
Pero en aquella época este comportamiento "rebelde" y "apasionado" no era algo usual para una dama, cuyo deber consistía en entender el carácter de su esposo con respeto y además en silencio.

Pero Juana sencillamente no estaba dispuesta a permitir, que su amado esposo compartiera su lecho cada noche con una mujer diferente, por lo que aparecieron los enfrentamientos entre los esposos, mientras sufría una serie de crisis nerviosas, que entonces muchos señalaron como brotes de locura.

Tampoco ayudaron demasiado los continuos embarazos por los que pasó, ya que en nueve años trajo al mundo a un total de seis descendientes.

- Leonor (1498) Fue reina de Portugal y en segundas nupcias reina de Francia 
- Carlos (1500) Emperador Carlos I de España y V de Alemania
- Isabel (1501) Reina de Dinamarca
- Fernando (1503) Emperador de Alemania
- Maria (1505) Reina de Hungria y Bohemia
- Catalina (1507) Reina regente de Portugal

Felipe y Juana

 Viendo que su esposo no cambiaba de actitud, puso de su parte todo lo posible para retornar a las apasionadas relaciones, emprendiendo a la vez una estrecha vigilancia del infiel compañero, lo que dio lugar a una infinidad de situaciones algo embarazosas.
Juana vigilando a su esposo, y pese al avanzado estado de gestación de su segundo embarazo, del que nacería Carlos, el 24 de febrero de 1500, asistió a una fiesta en el palacio de Gante. Aquel mismo día tuvo a su hijo, según se dice, en los lavabos del palacio.

Su desesperación era tal que en un arrebato de celos, llegó a atacar a una dama de la corte con unas tijeras.
A su vez, Juana sería maltratada por su marido, furioso ante la conducta de su esposa.
Las escenas en las que Juana reprochaba la conducta lasciva de su esposo, eran aprovechadas por el, para intentar demostrar a los otros miembros de la corte, la frágil salud mental de su esposa.

Muertos sus hermanos Juan e Isabel, asi como el hijo de ésta, el infante portugués Miguel, Juana se convertió en heredera de Castilla y Aragón. Cuando en 1503 su marido Felipe, se marchó a Flandes a resolver asuntos, dejando a Juana en plena gestación, da a luz el 10 de marzo de 1503, en la cuidad de Álcala de Henares, cerca de Madrid, a un barón que se le puso el nombre de Fernando en honor a su abuelo materno, Fernando el Católico.

Juana fue trasladada al Castillo de la Mota. Allí fue mejorando hasta que en noviembre recibe noticias de su marido. Se dispone a partir en su busca de inmediato. Su único deseo era volver junto a su esposo y sus hijos, Carlos y Leonor que también se encontraban en Flandes lejos de su madre. Había decidido marcharse en plena noche del castillo, saliendo corriendo por los pasillos cuando de pronto se encontró con las puertas cerradas, y por orden de los reyes su propio sequito no le respondió. Al no ver salida alguna, Juana decidió permanecer sentada a medio vestir, frente a la verja de acceso, mientras le caía la lluvia, exclamando desesperadamente durante la noche entera que la tenían prisionera.
 A duras penas, la pudieron detener, y se vieron obligados a mandar a llamar a la reina Isabel, que ya estaba gravemente enferma, para que controlara a su hija, de la que tan solo recibió improperios. Ante el empecinamiento de la princesa, no tuvieron más remedio que dejarla partir.

Castillo de la Mota
Ese acto, sencillamente por amor y pasión que sentía por su familia, fue el principal hecho que caracterizó a Juana de su supesta locura. Y fue entonces cuando su mote ya había nacido.
Muerta la reina Isabel el 26 de noviembre de 1504 se planteó el problema de la sucesión en Castilla. El testamento de la reina deja como heredera de la corona de Castilla a su hija Juana, más una cláusula, que indica que en caso de incapacidad, la regencia sería encomendada al padre, Fernando. Esta disposición, ese pequeño anexo, sería la semilla de graves enfrentamientos políticos y que dictaría el cruel futuro de Juana.
Sin embargo su padre la proclamó reina de Castilla, pero siguió él mismo gobernando el reino.
En junio de 1506 Felipe fue proclamado rey de Castilla en las Cortes de Valladolid con el nombre de Felipe I. Pero tan solo tres meses después, el 25 de septiembre Felipe El Hermoso, el marido y gran amor de Juana, fallece en circumstancias extrañas, supuestamente por envenenamiento.
Fue entonces cuando aumentaron los rumores sobre el estado de locura de la dolorida y entristecida Juana. Cuando Felipe murió, Juana decidió trasladar el cuerpo de su esposo, desde Burgos, el lugar donde había muerto y en el que ya había recibido sepultura, hasta Granada, tal y como el mismo lo había dispuesto en su lecho de muerte (exepto su corazón que deseaba que se mandase a Bruselas, como así se hizo). Viajando siempre de noche, la reina Juana no se separó ni un momento del féretro, y éste traslado se prolongó durante ocho fríos meses por tierras castellanas. Acompañaban al féretro un gran número de personas entre las que habían religiosos, nobles, damas de compañia, soldados, y sirvientes diversos que, cual procesión sirvió para que las murmuraciones sobre la locura de Juana aumentaran cada día entre los habitantes de los pueblos que atravesaban.
En la cuidad de Torquemada (Palencia), el 14 de enero de 1507, da a luz a su sexto hijo y póstumo de su marido, una niña bautizada con el nombre de Catalina, en honor a su hermana Catalina de Aragón.  La depresión de la reina seguía agravándose. No quería cambiarse de ropa, no quería lavarse y finalmente su padre decidió encerrarla en Tordesillas el mes de febrero del año 1509, para evitar que se formase un partido nobiliario en torno a su hija, encierro que mantendría su hijo Carlos I más adelante.
Es evidente que se obstaculizó por todos los medios la salida de la reina del palacio, pues no dejaba de ser la legítima soberana y se tenía miedo viéndola, sus subditos se rebelaran, sobre todo contra su hijo Carlos I. De ahí que tanto Fernando El Católico como su nieto Carlos I elegieran a hombres de su confianza para poner al frente de la casa de Juana, que fueron, más que gobernadores, auténticos carceleros.
Aproximadamente 7 años después, 1516 murío Fernando II de Aragón, y por su testamento, Juana se convertio en reina nominal de Aragón, pero varias instituciones de la corona aragonesa no la reconocían como tal; entretanto, ahora su hijo Carlos se benefició de la conyuntura de la incapacidad de Juana para proclamarse rey, aprovechandose de la legitimidad que tenía su madre como heredera de los Reyes Católicos en Castilla y Aragón. De forma que se añadió él mismo los títulos reales, que por derecho le correspondían a su madre. Así oficialmente, ambos, Juana y Carlos, correinaron en Castilla y Aragón, de hecho, ella nunca fue declarada incapaz por las Cortes Castellanas ni se le retiró el título de reina. Mientras vivió, en los documentos oficiales debía figurar en primer lugar el nombre de la reina Juana. A la muerte de Fernando El Católico, ejerció la regencia de Aragón al arzobispo Zaragoza, Don Alonso de Aragón, hijo natural de Fernando y en Castilla el Cardenal Cisneros hasta la llegada de Carlos desde Flandes. Cuando éste llegó, mantuvo a su madre encerrada y ordenó que la obligasen a escuchar misa y confesarse empleando tortura si fuera necesario.
 Carlos I de España
 Nunca más se le permitó salir del palacio de Tordesillas. Permaneció en una casona-palacio-carcel y sólo podía visitar la tumba de su esposo que se encontraba a corta distancia del palacio durante un tiempo, antes del traslado de los restos de Felipe a Granada en 1525, ni a pesar de que en Tordesillas se declarara la peste. Su padre Fernando, y después su hijo Carlos, siempre temieron que si el pueblo veía la reina, la legítima soberana, se avivarían las voces que siembre hubo en contra de sus respectivos gobiernos.
En los últimos años, a la supuesta enfermedad mental se unía la física, teniendo grandes dificultades en las piernas, las cuales finalmente se le paralizaron. Entonces volvió a hablarse de su indiferencia religiosa, llegandose incluso a comentar que podía estar endemoniada. Por ello, su nieto, Felipe pidió a un jesuita, el futuro San Francisco de Borja, que la visitara y averiguara que había de cierto en todo ello. Después de hablar con ella, el jesuita aseguró que las acusaciones carecían de fundamento y que, dado su estado mental, quizá la reina no había sido tratada adecuadamente.
Disfrutando unicamente de la compañia de su última hija, Catalina, que vivía con ella en el palacio de Tordesillas, también por desgracia la tuvo que abandonar en 1525 para casarse con Juan III de Portugal.
Maltratada física y psicologicamente por sus propios sirvientes, encerrada por orden incial de su padre y luego por su hijo, permaneció en su palacio-carcel durante 46 años. 
Juana volvío a ser una reina cautiva, como aseguraba su hija Catalina, cuando comunicaba al emperador que a su madre no le dejaban siquiera pasear por el corredor que daba al río:
"...y la encierran en su cámara que no tiene luz ninguna" 
La vida de Juana se deterioró progresivamente, como testimoniaron los pocos que consiguieron visitarla.
El Viernes Santo día 12 de abril de 1555 fue la muerte a la que todos tememos, la que la liberó de su largo encierro, falleciendo Juana a los 75 años de edad. Su cádaver es depositado en la iglesia Real Convento de Santa Clara, hasta que es trasladado en 1574 a Granada, donde descansan sus restos junto a los de su esposo.
La mayoría de historiadores coinciden ahora en que padecía de melancolía y trastorno depresivo severo.
Pero quién no padecería de estos síntomas, tras pasar por la pérdida del gran amor de su vida, más tarde ser encerrada por orden de los seres que ella más quería durante 46 largos años y llegar a ser maltratada durante estos, injuriada y llamada "Loca" aún 500 años después?
La figura de la reina Juana fue muy atractiva para el romanticismo, porque reunía una serie de características muy queridas por éste: la pasión arrebatadora de un amor no correspondido, la locura por desamor y los celos desmedidos. Tanto fue así, que numerosos artístas consagraron alguna de sus obras al personaje de Juana.

 Una vez más el afán del poder y de la corona de unos, significaron la agonía y muerte de otros.
A lo largo de su vida tan solo conocío la traición, el dolor y la soledad, espero con todo corazón que al menos ahora tenga paz y libertad, algo que ni el gran Fernando II de Aragón, ni el gran Carlos I de España, con sus inmensos poderes y títulos fueron capaces de darselo.
Este artículo está dedicado especialmente para Juana, deseándole que dónde quiera que esté, haya encontrado la felicidad que nunca pudo encontrar en esta vida.
Tumba de Felipe y Juana en la Catedral de Granada 

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Moda Medieval

domingo, 13 de enero de 2013

Moda Medieval

Siendo pequeña me fascinaban enormemente las ropas que llevaban en las películas medievales e incluso a veces solía prestarle más atención a ello, que a la propia película.


Tanto era la fascinación que no he podido dejar de soñar, llevar algún día un traje de estos y sentir como es viajar por el tiempo. 
Desde el vestuario de Ginebra, a Lady Marian y hasta el tocado francés de Ana Bolena. Me encontraba, totalmente entusiasmada, ante un mundo mágico lleno de misterios y enigmas.


Hoy, unos cuantos años más tarde, deseo revelar uno de ellos, el mundo de la moda medieval.

El año 800 da comienzo a una nueva era, la era de la edad media.
Transformándose la antigüedad en la edad medieval, aparte de la sociedad y el estilo de vida, también cambió la moda.
La cristiandad ahora pedía un vestuario, que cubríera la mayor parte posible del cuerpo. Los ropajes desenvueltos y antiguos ya no se podían usar. Las mangas y perniles cada vez se alargaban mas y se usaban camisas largas.
Trajes de la antigüedad se mezclaban con los medievales.



Existía una reglamentación para el vestuario, dónde estaba exactamente fijado como cada persona dependiendo de que nivel pertenecía, le era permitido vestirse. 
Tan solo al llegar la edad media alta, cuando muchos nobles se encontraron ante una crisis económica, mientras que muchos campesinos se habían enriquecido, éstos comenzaron a rebelarse contra las ordenes.
Ahora también se vestían lujosamente e imitaron el estilo de la nobleza, a menudo tan solo para burlarse de los nobles.
El vestuario de la población rural era simple y sobre todo cómodo. No era moderno, si no simplemente funcional y sobre todo no podía dificultar el trabajo duro en el campo.
Los trajes de las mujeres eran largos y plegados y tan solo se mantenía por un simple cinturón. En verano eran de manga corta y en invierno de manga larga. Si la mujer llevaba algún tocado, usaba una caperuza hecha de fieltro. Su pelo lo llevaban suelto o con una trenza o dos. Su calzado era entallado de una madera suave o hecho de piel. Ellas se hacían sus propios vestidos y usaban materiales como lino, lana o piel. Como colorearlos era algo que solo se podía permitir la nobleza y llevarlas era según el ordenamiento algo reservado para las mujeres nobles, los trajes de las campesinas solo solían ser de color negro, gris o marrón.


Las formas del vestuario eran simples, basándose en un traje interior y superior. En la Europa del siglo 12 se difunde por vez primera la tejeduría de la seda. Los trajes de seda  fueron elaborados con hilos de oro y decorados con pedrería. Pero éstos vestuarios lujosos tan solo se podían permitirse los nobles.


En este mismo siglo, iniciándose la era gótica, también evolucionaba la manera de vestirse. Tal y como subían las catedrales hasta casi alcanzar las nubes del cielo, también ganaba en largura su ropaje. Las colas de los trajes cada vez son mas largos como también los tocados que se elevaron y eran más y más puntiagudos. 
Esto hacía que los cuerpos parecían ópticamente más alargados.
Poco a poco iba apareciendo más piel, algo que disgustaba sobre todo a la iglesia. Los trajes cada vez eran más ajustados y los escotes de las mujeres se ampliaban.
Pero también el ropaje del hombre era cada vez más ajustado y los pantalones cada vez más cortos con el fin de lucir sus piernas, símbolo de hombría.





El vestuario cada vez era más alegre y colorido. Las prendas se teñían de dos o más colores y varias estrategias como la de las aberturas, que permitía observar el forro interno de la ropa de un color contrastante al superior.


La hopalanda se hizo popular entre los hombres como también entre las mujeres.
Los hombres solían llevar túnicas y jubones y como gorra solían usar mucho la caperuza que cada vez era  más larga y puntiaguda.
Las mujeres llevaban diademas hechas de piedras, flores, hojas o tela. Las casadas llevaban debajo del mismo un velo y las doncellas y solteras llevaban el diadema encima de su pelo largo y suelto o encima de sus trenzas.
También era popular la cófia, el hennin, el tocado de cuernos y el tocado mariposa.
Durante la edad media se comienza a dar al tocado un uso más moral que estético y que se comienza a cubrir los cabellos como signo de pudor.

La cofia era el símbolo de la dignidad femenina y de la prosperidad.

Pero también servía para apartar el pelo de la cara mientras trabajaban y de protegerlo de la suciedad. Las mujeres solteras y niñas también podían llevarlas.

Tocados populares usados durante la edad media:


Venda:




Fue usado en el siglo 13 y 14 y fue una combinación de vendas, que rodeaban la barbilla y se sujetaba en la cabeza, añadiéndole una corona. A veces esa corona tenía un borde ensortijado.

Tan solo era usado por las mujeres casadas y cubría únicamente la caballera.
A veces fue fijado tan firmemente alrededor de la barbilla que impedía a la hora de comer o hablar.

Caramiello:



Tocado femenino. Una especie de velo que cubre el cabello y el cuello realizado por bandas muy pisadas.

Cofia:


Tocado medieval usado tanto por las mujeres como por los hombres cubriendo la caballera y sujeto por dos tiras que se ataban bajo la barbilla. Frecuentemente hecha de fieltro.


Redecilla:


A mediados del siglo 13 se incorporó la redecilla a la moda. Una creación hecha de seda o algodón. A veces era adornado con hilos de oro o plata, perlas o pedrería. Se podía llevar solo o en combinación con otros tocados.


Caperuza:



La caperuza era para proteger a los hombres sobre todo contra el mal tiempo. Tapaba la cabeza entera y también los hombros. En el siglo 13 su extremo aún lo llevaban muy corto, pero a lo largo de los años ganaba cada vez más en longitud.


Hennin:




Tocado creado en el siglo 14 para la mujer noble. Era un tocado alto con forma de cono que cubría el cabello completamente. Era elaborado con cartón, alambre o ballena y luego cubierto de terciopelo. Su punta fue guarnecida con un velo largo.

El hennin a veces podía llegar a tener un metro de largo.

Tocado de cuernos:



Un tocado realmente estrafalario del siglo 15.


Corona:



Un tocado muy popular en la era gótica.

La corona llevaban las mujeres como los hombres y podía ser hechas de hojas o flores. También habían coronas hechas de chapa dorada o de oro. Éstas fueron decorados con rosetas o pedrería. Las mujeres solteras la llevaban sobre su pelo suelto y las mujeres casadas la llevaban encima de un velo.

Tocado Gable:



El tocado Gable, también llamado el tocado inglés. Un tocado peculiarmente inglés, muy popular entre 1480 y 1540 aproximadamente. Recibe este nombre porque su forma se asemeja al tejado a dos agujas de una casa (tejado en inglés es gable). En sus orígenes, comenzó a ser llevado por la reina Isabel de York, mujer de Enrique VII.

En un principio era un tocado muy sencillo que llevaba un velo en la parte posterior.
Pero con el tiempo se convirtió en algo más complejo. En la parte de atrás se colocaban dos velos en forma de tubo (generalmente negros), que colgaban formando un ángulo de noventa grados, como se ve en el retrato de Juana Seymour.
Las reinas y damas de la corte Tudor los adornaban con hileras de perlas, piedras preciosas y alfileres.

Tocado francés:



Tocado muy popular introducido en la corte Tudor a partir de 1520 cuando la moda francesa fue imponiéndose poco a poco. El tocado francés era más sencillo y algo menos incómodo que el tradicional Gable. Se cree que la principal introductora del tocado francés y la moda de Francia fue Ana Bolena.


Attifet: 


El attifet fue un tocado con forma de corazón usado a mediados del siglo 16 hasta el siglo 17 y provenía del tocado francés. Fue hecho por seda o lino y a veces decorado con perlas. Fue llevado frecuentemente por Maria Estuardo. 

Algo típico y muy popular durante la moda gótica eran unos calzados que tenían las puntas muy largas, pero estos tan solo fueron llevados por la alta sociedad, pudiendo reconocer el rango que poseía cada noble por la largura de su calzado.
A partir del siglo 13 también comenzaron a llevar botas.
Los calzados de la clase baja no cambió mucho durante los siglos de la edad media.
Ellos fueron hechos de madera suave o piel.



Al comienzo de la era Tudor también cambiaba una vez más la moda en Inglaterra.

En ella encontramos ciertas influencias de la moda italiana y sobre todo la moda española al subir Isabel I al trono en 1558.
Mediados del siglo 16, después del descubrimiento de América y de la fundación del imperio colonial, ascendió España enormemente hasta convertirse en un país de grandes potencias políticas. España también pertenecía al mundo de la moda y la expandieron por toda Europa. Después de la alegre y audaz moda renacentista, el vestuario volvió al servicio de la iglesia y de la corte.


El corte del ropaje ya no podían demostrar formas ni figura y los escotes como también las aberturas desperecieron casi completamente. Era una moda austera. En España y el siglo XVI hay preocupación por la apariencia, mucha gente se arruina con el empeño de aparentar, de recargarse, la pobreza fuera de la corte es grande, pero dentro de los reinos viven con gran suntuosidad. Se rompe el estilo de la elegancia.



Formas como el cono y el circulo cubren los contornos naturales.

Los hombres seguían usando el jubón pero la cintura se ha vuelto tan ajustada que hasta ellos tuvieron que hacer uso del corsé.
El jubón recibe un alto y rígido cuello.
El pantalón se iguala a dos grandes círculos.
Los abrigos cortos también son cortados redondos.
Algo muy popular en aquella moda española era la golilla.
Este aditamento del traje habitual, propio de las clases acomodadas, se puede apreciar en innumerables cuadros de monarcas y personajes de los referidos siglos.
Dicha golilla ganaba cada vez más en anchura.




El vestuario de las mujeres era aún más ajustado y rígido.

Los contornos femeninos totalmente invisibles y cubiertos con un sin fin de telas.
La parte superior e inferior del cuerpo parecían dos triángulos. Este efecto hacía posible el uso del corsé. El corsé ya fue conocido en la baja edad medieval, pero fueron los españoles entonces quienes crearon el corsé con plantillas de hierro o ballena. Con la ayuda de estas plantillas era posible reformar la parte superior de la mujer hasta que pareciera como forma de un cono.
Los trajes concluían en el cuello dónde por encima se usaba la gran golilla, pareciendo separar la cabeza del resto del cuerpo.




Algo también realmente popular era el miriñaque.
Éste había ganado tanta popularidad sobre todo en España que fue usado durante varios siglos. Con los años era cada vez más grande y amplio.



Pero no solo el ropaje había sido estricto y rígido si no también los peinados y tocados.

Los peinados eran altos y encima llevaban un pequeño gorro pareciéndose a los de los hombres, muchas veces adornado con una pluma a un lado, como también una diadema cubierta de perlitas.



Esa moda española también llegó a Inglaterra, pero la adoptaron con unas pequeñas diferencias. El vestuario no tenía la misma rigidez y seriedad, si no era más gentil y además más colorido.

Típico durante el reinado de Isabel I era el miriñaque que adquiría una enorme anchura desde la cintura, como también el cuello medici, hecho de blonda veneciana que junto con unas "alas" enmarcaban el escote.



Ya ha quedado algún que otro misterio medievo resuelto.....pero aún quedan muchos por contar.


Aquí os dejo con algunos trajes medievales diseñados en nuestro tiempo, tan solo para el quien quiera soñar un poco......










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Catalina de Aragón - La reina consorte más amada por Inglaterra

jueves, 3 de enero de 2013

Catalina de Aragón - La reina consorte más amada por Inglaterra

Hoy hablaremos de un personaje de suma importancia, tanto para España como para Inglaterra. Un personaje tan querido y tan respetado por su pueblo como pocas veces se ha visto.
Aún hoy en día, aproximadamente 500 años después de su muerte, siguen redactandose incontables libros y rodandose peliculas sobre la vida desafortunada de la princesa española, que dejó su patria aún siendo muy joven, inciando una nueva vida en Inglaterra como reina consorte.
Pero aún siendo desafortunada, su pueblo inglés nunca la olvidará, recordandola cada año con una misa, realizada en honor a la reina consorte más amada por los ingleses: Catalina de Aragón

 Catalina de Aragón

Catlina de Aragón nació el 16 de diciembre de 1485 en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares cerca de Madrid, siendo la hija más pequeña de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Su nacimiento fue recibido con inmesa alegría. Sus padres, luego de la toma de Granada, se alojaron en el palacio árabe de Alcázar. En ese maravilloso lugar vivió la pequeña Catalina la mayor parte de su infancia.
La infantina era de baja estatura, tenia una piel de porcelana, con un cabello largo y abundante de color rubio rojizo, grandes ojos azules y una rostro redondeado.
Heredó su nombre en honor a su bisabuela inglesa, Catalina de Lancaster. Ésta fue hija de John of Gaunt y bisnieta de Eduardo III de Inglaterra. Por ese motivo Catalina de Aragón era prima de tercer grado del rey y futuro suegro Enrique VII y primera en cuarto grado de Isabel de York.
Además de hermosa era excepcionalmente culta. Su madre, Isabel I La Catolica, se había ocupado de que dominara el latín, algo muy importante, ya que era la lengua de la diplomacia internacional. También hablaba francés y el griego. Había leído a los autores clásicos y a los historiadores latinos  y había estudiado derecho civil y canónico, heráldica, genealogía, música, baile y dibujo.

Isabel I De Castilla

Obtuvo una estricta educación religiosa y desarrolló a lo largo de los años una fé, que la acompañaría el resto de su vida.

Le enseñaron como realizar tareas domésticas como bordar y el labor de encaje.
El gran sabio Erasmus diría algunos años después de ella:
"Desde su infancia estudió con gran logro buena y maravillosa literatura".

Con pocos años fue considerada un excelente partido para el príncipe de Gales llamado Arturo, hijo mayor de Enrique VII.
El rey Enrique VII y entonces primero de la dinastía Tudor, quiso protegerse de los avances de Francia y asegurar su poder real.
Propuso a los Reyes Católicos una alianza de protección mutua contra el enemigo común, Francia. El acuerdo establecía a la quinta hija de los reyes castellanos, la pequeña Catalina (de tres años de edad) como posible prometida de Arturo (de solo dos años), heredero de la corona inglesa, conjuntamente con la posibilidad de celebrar nupcias cuando ambos tuvieran la edad adecuada.

El 19 de mayo de 1499 se casaron ambos, bajo apoderados e intercambiaron mutuamente cartas en latín hasta que Arturo cumplió los 15 años. Por aquel entonces una edad suficientemente mayor para casarse oficialmente.
Cuando Catalina viajó hasta Inglaterra para unirse con su esposo, trajo un grupo de sirvientes, procedentes de África. Se dice que fueron los primeros Africanos que llegaron a Londres y eran considerados como sirvientes lujuriosos. Ello causó una gran impresión al pueblo inglés, demostrándole el gran poder de la realeza española.
La pareja se vio por vez primera el 4 de noviembre de 1501 en Dogmersfield en Hampshire.

 Arturo, Príncipe de Gales

Catalina vio a un joven elegante y de modales pausados, rubio, de tez blanca como la nieve, media cabeza más bajo que ella, de rostro aniñado, cuerpo poco formado y delgado, aparentando contar menos de los quince años que tenía.
La aceptación del príncipe fue inmediata, sentimiento también compartido por la joven Catalina, quién pareció también sentirse complacida con su esposo. 
En este sentido, a través del embajador español, Arturo envío un mensaje a los Reyes Católicos expresando "que se convertiría en un esposo fiel y ameno, que nunca habia sentido mayor alegría en la vida cuando contempló el dulce rostro de su esposa" y añadio que "Ninguna mujer en el mundo podría resultarle más agradable". 
A sus padres dijo que era inmensamente feliz, viendo a la bella princesa Catalina. 

Desgraciadamente debido a que ambos estudiaron dos diferentes tipos de pronunciaciones del latín, no pudieron comunicarse verbalmente.  
10 días más tarde, el 14 de noviembre contrajeron matrimonio en la catedral de Old St. Paul. 
Inicialmente Catalina fue recibida con cierta sorpresa por el pueblo inglés. Su apariencia se asemejaba a la de una verdadera inglesa, posiblemente debido a su herencia física de su bisabuela inglesa, Catalina de Lancaster. Pero poco tiempo después fue aclamada con gran entusiasmo y despertaba cada vez más la admiración de los londinenses. Extraordinariamente bella y con una hermosa y grave voz de tonos bajos que confería un aire de dignidad y elegancia a sus palabras.
No era de extrañar, que Arturo estaba verdaderamente enamorado de su esposa española, ella simplemente reunía una serie de cualidades excepcionales.

Tomás Moro, el autor de la famosa "Utopía" quedó altamente impresionado al contemplar el rostro de aquella joven princesa española. "Ah, pero que dama! Creed en mi palabra, encantó el corazón de todos...posee todas las cualidades que constituyen la belleza de una jovencita encantadora. En todas partes recibe las mayores alabanzas..."

Incluso, más adelante, su enemigo Thomas Cromwell decía de ella:"Si no fuera por su sexo, pudiera desafiar a todos los héroes de la historia". 

Una vez casados, mandaron a Arturo al castillo de Ludlow, que se encontraba en la frontera de Gales, con el fin de regentar sobre la consejería de Gales y las Marcas Galesas, tal y como era su deber como Príncipe de Gales. Y naturalmente Catalina le acompaño.
Desgraciadamente pocos meses después ambos cayeron enfermos, posiblemente por la enfermedad, llamada sudor inglés, que rondó aquella zona por aquel entonces.

Castillo de Ludlow

Tristemente el 2 de abril de 1502 Arturo falleció repentinamente, mientras que Catalina pudo recuperarse de aquella enfermedad.
De pronto y tan solo pocos meses después de la boda, Catalina era viuda.

Buscando una solución para aquel terrible y repentino acontecimiento, planearon una nueva boda entre Catalina y Enrique, el hermano de Arturo, que era cinco años más joven que ella.

Pero aquello fue inicialmente aplazado, ya que Enrique aún era demasiado joven.
Enrique VII aún no le había devuelto la dote a la joven viuda y como el matrimonio entre Enrique y Catalina cada vez era más dudoso, el rey la retuvo casi como rehén en Durham House en Londres. Ahi prácticamente vivía como prisionera.
Quedó en triste soledad, dolorida ante la pérdida repentina de Arturo y sin la fortuna prometida ni la devolución de su dote.

 Durham House, Londres

La boda entre Enrique y Catalina dependía de la dispensa papal, ya que la ley canónica prohíbe al hombre casarse con la viuda de su hermano. Pero Catalina aclaró que su matrimonio con Arturo nunca fue consumado y según la ley canónica un matrimonio tan solo es válido hasta que es consumado.

Finalmente el Papa les concedió la dispensa y Enrique y Catalina contrajeron matrimonio siete años después de la muerte de Arturo, el 11 de junio de 1509.
Ella tenía 23 años y Enrique acababa de cumplir los 18.

 Enrique VIII

El 23 de junio una princesa española recorría orgullosamente las calles de Londres hacía la Abadía de Westminster. Sentada en una litera llevada por hermosos alazanes, ataviada con un vestido de raso blanco bordado esperando ser coronada como reina consorte de Inglaterra.
Una multitud de admirantes la contemplaban con entusiasmo y alegría.
Como era tradición, la pareja pasaba la noche antes de la coronación en la Torre de Londres.

Ahora felizmente casada, la mala suerte seguía acompañándola  sobre todo en sus múltiples embarazos durante el matrimonio con Enrique. Al año siguiente, el 31 de enero de 1510 dio a luz por vez primera a una niña prematura que ya nació muerta.
El 1 de enero de 1511 dio  a luz a un niño, llamado Enrique, El Duque de Cornwall. Pero por desgracia sobrevivió tan solo 52 días.
En 1513 volvió a quedarse embarazada, pero volvió a perder a ese hijo que también nació muerto. Se quedó embarazada una vez más en 1514 de un nuevo niño, que también dieron el nombre en honor a su padre, Enrique, pero murió desafortunadamente pocos días después de nacer.

Pero siete años después de contraer matrimonio, el 18 de febrero de 1516 Catalina al fin dio a luz a una niña sana, llamada Maria, futura Maria I de Inglaterra.
Dos años más tarde en 1518 dio a luz por ultima vez a una niña muy débil, que desgraciadamente tan solo sobrevivió algunas horas.

Al pasar los años la dedicación religiosa de Catalina incrementó cada vez más, como también su interés en la ciencia. Expandió sus conocimientos notablemente, cuales transmitió a su hija Maria.

 Maria I de Inglaterra

La educación para las mujeres era cada vez más importante y popular, siendo esto influencia de Catalina. Además donaba sumas importantes de dinero para varias escuelas.
Pero aún seguía existiendo el problema de la descendencia de un hijo varón. La Dinastía Tudor acababa de nacer y Enrique necesitaba un hijo heredero que podía seguir con la misma. 

Después de estar obligada a aceptar año tras año, como compartía su esposo su lecho cada noche con una mujer diferente, incluyendo reconocer a un hijo bastardo que tuvo con Bessi Blount, finalmente fue testigo de como se iba enamorando cada vez más de su propia dama de honor Ana Bolena.

Enrique cada vez se sentía más atraído hacía la joven Ana, mientras ella inicialmente le rechazaba. Algo que aún aumentaba su interés hacía ella.
Enrique empezó a pensar que su matrimonio con Catalina fue maldecido por dios, ya que la biblia dice, que si un hombre se casa con la mujer de su hermano, este matrimonio nunca tendría descendencia.

Su mayor deseo era tener un heredero varón, y sintiéndose cada vez más decepcionado con su matrimonio y los abortos que tuvo que sufrir Catalina, se imaginaba cuantos hijos le podría dar la aún joven y bella Ana Bolena si se casarían.
En aquel momento tan solo le quedaba su hija Maria como posible heredera del trono. Pero en aquellos tiempos ver a una mujer en el trono, era algo que no se había visto antes.
El enamoramiento de Enrique llegó hasta tal punto, que quisó anular su matrimonio después de casi 20 veinte años.
Enrique pidió a Catalina de retirarse a un convento, pero ella nunca aceptó.
En vez de ello dijo:

" Dios nunca quiso que fuese monja. Yo soy la legítima y verdadera esposa del rey."

El rey solicitó la nulidad eclesiástica a la Iglesia Católica en 1527 con el pretexto de que su matrimonio era ilegítimo por haber sido Catalina su cuñada. En plena efervescencia protestante, la cuestión se convirtió en una viva polémica sobre la primacía papal, en la que participaron teólogos y hombres de letras.

El Papa Clemente VII no estaba dispuesto a concederle la anulación, lo que condujo a Enrique de separarse de la obediencia a la Iglesia Católica de Roma, haciéndose reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra, la Iglesia Anglicana.
En la propia Iglesia de Inglaterra, sometida a las presiones de Thomas Wolsey y Thomas Cromwell, se fueron creando dos bandos: los que sometían sus principios a la voluntad del rey y los que preferían la obediencia a Dios y al Papa antes que al capricho de Enrique VIII.
Poco a poco, empezaron a pagar algunos con su vida. El caso más resonante en toda Europa fue el del canciller Tomás Moro, que tuvo que morir por su religión y su reina.

 Tomás Moro

Los que también estaban al lado de la reina Catalina aparte de Tomás Moro fueron la propia hermana de Enrique, Maria Tudor, Maria de Salinas su amiga más íntima y leal, John Fisher, su sobrino Carlos V, el propio Papa y algunos reformistas como Martín Lutero y William Tyndale. 

Enrique confió en el cardenal Thomas Wolsey, que tenía que ocuparse de la anulación, pero todos sus desesperados intentos fallaron.

Enrique enfurecido expusló a Thomas Wolsey de la corte y de su cargo como Cardenal.
Fue entonces cuando Wolsey comenzó a mantener correspondencia con el Papa con el fin de desterrar a Ana, pero cuando Enrique se enteró de ello fue arrestado y si no hubiese sido por la repentina muerte en 1530, a causa de una enfermedad, hubiera sido ejecutado por haber cometido alta traición.

Thomas Wolsey

Con su resistencia demostró la fortaleza de su carácter. En este sentido, Catalina no cedió a ninguno de los medios a los que se recurrió para hacerla desistir: se la alejó del palacio real, haciéndola aposentar en lóbregas residencias; se la amenazó con un juicio y con una sentencia por traición. A todo opuso su firme convicción de que prefería la muerte a la deshonra.

En el frió invierno de 1531 Catalina fue expulsada de la corte y fue enviada al castillo "The More" mientras que sus antiguos aposentos fueron transmitidos a Ana.
Perdió su titulo como reina y fue llamada a partir de entonces como "Princesa Viuda de Gales", como viuda de Arturo, el príncipe de Gales. Pero se sabe que hasta el resto de su vida seguía llamándose como única y verdadera esposa del rey y única reina de Inglaterra y sus sirvientes como sus seguidores seguían llamándola como tal. Su hija también perdió su titulo como princesa y a partir de entonces tan solo fue llamada "Lady Maria".

Finalmente Enrique y Ana Bolena se casaron el 25 de enero de 1533. El arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer anuló el matrimonio del rey con Catalina sin el consentimiento del Papa.

En 1535 Catalina fue trasladada al Castillo de Kimbolton, dónde tan solo se limitó a habitar un aposento, que únicamente abandonaba para asistir a misa, vestida únicamente con un cilicio y ayunando continuamente.
A veces recibía visitas de sus seguidores, pero además no le estaba permitido ver a la persona que más quería: Su hija Maria.
El rey les ofreció la oportunidad de poder reunirse siempre y cuando reconociesen a Ana Bolena como reina, pero ambas, madre e hija, se negaron en rotundo. La comunicación entre María y Catalina fue imposible, ya que se les prohibió también enviarse cartas, aunque parece que los partidarios de ambas actuaban de emisarios entre ellas.

Castillo de Kimbolton

En diciembre de 1535, sabiendo que el día de su muerte estaba aproximándose  redactó su ultima voluntad, escribiendo una carta a su sobrino, Carlos V, para que protegiera a su hija.
También escribió una última carta a Enrique.

Después de perdonarle y rogarle que cuidara de María, terminaba con unas palabras conmovedoras: 

"Por mi parte, os lo perdono todo, y rezo a Dios para que os perdone también. Por lo demás os encomiendo a nuestra hija María, suplicándoos que seáis un buen padre para ella, como siempre he deseado.
Finalmente, hago este juramento: que mis ojos os desean por encima de todas las cosas. Adiós".

Firmandolo con Catalina la reina. 


Tras años de sufrimientos, murió el 7 de enero de 1536 con 50 años en esas tierras que le fueron tan inhóspitas, y en las que sería enterrada, pero dejando constancia, hasta el momento final, de que ella era la única y verdadera reina de Inglaterra, y su hija, por tanto, la real heredera. 
Se comprobó que su corazón presentaba un aspecto extraño, oscurecido, lo que suscitó rumores de envenenamiento, pero hoy se sabe que padeció de cáncer de corazón, enfermedad entonces mal conocida.

Una vez obtenido su capricho, el amor de Enrique por Ana Bolena se fue enfriando. Al fin y al cabo, ella tampoco fue capaz de darle un heredero varón. Ana Bolena sólo la sobrevivió cuatro meses. Fue decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo y enterrada a pocos metros, en la capilla de San Pedro por orden del propio Enrique. 

Ana Bolena

Aunque Catalina nunca renunció al título real, fue enterrada en la Catedral de Peterborough con un funeral propio de Princesa viuda en lugar del de una reina. Enrique no asistió a su entierro y prohibió a Maria de asistir. Las ciudades de Peterborough y Alcalá de Henares (su lugar de nacimiento) actualmente son ciudades hermanas.
Todos los 29 de enero, aniversario de su entierro, tienen lugar unos actos conmemorativos en la Catedral de Peterborough.

Catedral de Peterborough
Su tumba se puede visitar aún hoy en día y rara vez no está decorada con flores, granadas, (emblema de Catalina) y velas.
Frente a la tumba se puede leer la última carta que envió a su esposo, Enrique VIII. En la parte Norte de la sillería de Coro, tallada en 1893, hay una estatua de Catalina. 

El 29 de Enero de 1986, con motivo del 450 aniversario del entierro, tuvieron lugar unas emotivas ceremonias conmemorativas. Los ciudadanos de Peterborough costearon una placa, para situarla junto a la tumba. En la placa dice: "Una reina amada por el pueblo inglés por su lealtad, piedad, coraje y compasión". 

En su tumba está inscrito: Katharine, Queen of England.

Tumba de Catalina de Aragón en la Catedral de Peterborough

Un artículo escrito en homenaje a aquella princesa española que había sido y será siempre un ejemplo de reina, esposa y madre.

Esperemos que descanse en paz junto a su hija. Ahora ya nada las podrá separar.
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