Moda Medieval

domingo, 13 de enero de 2013

Moda Medieval

Siendo pequeña me fascinaban enormemente las ropas que llevaban en las películas medievales e incluso a veces solía prestarle más atención a ello, que a la propia película.


Tanto era la fascinación que no he podido dejar de soñar, llevar algún día un traje de estos y sentir como es viajar por el tiempo. 
Desde el vestuario de Ginebra, a Lady Marian y hasta el tocado francés de Ana Bolena. Me encontraba, totalmente entusiasmada, ante un mundo mágico lleno de misterios y enigmas.


Hoy, unos cuantos años más tarde, deseo revelar uno de ellos, el mundo de la moda medieval.

El año 800 da comienzo a una nueva era, la era de la edad media.
Transformándose la antigüedad en la edad medieval, aparte de la sociedad y el estilo de vida, también cambió la moda.
La cristiandad ahora pedía un vestuario, que cubríera la mayor parte posible del cuerpo. Los ropajes desenvueltos y antiguos ya no se podían usar. Las mangas y perniles cada vez se alargaban mas y se usaban camisas largas.
Trajes de la antigüedad se mezclaban con los medievales.



Existía una reglamentación para el vestuario, dónde estaba exactamente fijado como cada persona dependiendo de que nivel pertenecía, le era permitido vestirse. 
Tan solo al llegar la edad media alta, cuando muchos nobles se encontraron ante una crisis económica, mientras que muchos campesinos se habían enriquecido, éstos comenzaron a rebelarse contra las ordenes.
Ahora también se vestían lujosamente e imitaron el estilo de la nobleza, a menudo tan solo para burlarse de los nobles.
El vestuario de la población rural era simple y sobre todo cómodo. No era moderno, si no simplemente funcional y sobre todo no podía dificultar el trabajo duro en el campo.
Los trajes de las mujeres eran largos y plegados y tan solo se mantenía por un simple cinturón. En verano eran de manga corta y en invierno de manga larga. Si la mujer llevaba algún tocado, usaba una caperuza hecha de fieltro. Su pelo lo llevaban suelto o con una trenza o dos. Su calzado era entallado de una madera suave o hecho de piel. Ellas se hacían sus propios vestidos y usaban materiales como lino, lana o piel. Como colorearlos era algo que solo se podía permitir la nobleza y llevarlas era según el ordenamiento algo reservado para las mujeres nobles, los trajes de las campesinas solo solían ser de color negro, gris o marrón.


Las formas del vestuario eran simples, basándose en un traje interior y superior. En la Europa del siglo 12 se difunde por vez primera la tejeduría de la seda. Los trajes de seda  fueron elaborados con hilos de oro y decorados con pedrería. Pero éstos vestuarios lujosos tan solo se podían permitirse los nobles.


En este mismo siglo, iniciándose la era gótica, también evolucionaba la manera de vestirse. Tal y como subían las catedrales hasta casi alcanzar las nubes del cielo, también ganaba en largura su ropaje. Las colas de los trajes cada vez son mas largos como también los tocados que se elevaron y eran más y más puntiagudos. 
Esto hacía que los cuerpos parecían ópticamente más alargados.
Poco a poco iba apareciendo más piel, algo que disgustaba sobre todo a la iglesia. Los trajes cada vez eran más ajustados y los escotes de las mujeres se ampliaban.
Pero también el ropaje del hombre era cada vez más ajustado y los pantalones cada vez más cortos con el fin de lucir sus piernas, símbolo de hombría.





El vestuario cada vez era más alegre y colorido. Las prendas se teñían de dos o más colores y varias estrategias como la de las aberturas, que permitía observar el forro interno de la ropa de un color contrastante al superior.


La hopalanda se hizo popular entre los hombres como también entre las mujeres.
Los hombres solían llevar túnicas y jubones y como gorra solían usar mucho la caperuza que cada vez era  más larga y puntiaguda.
Las mujeres llevaban diademas hechas de piedras, flores, hojas o tela. Las casadas llevaban debajo del mismo un velo y las doncellas y solteras llevaban el diadema encima de su pelo largo y suelto o encima de sus trenzas.
También era popular la cófia, el hennin, el tocado de cuernos y el tocado mariposa.
Durante la edad media se comienza a dar al tocado un uso más moral que estético y que se comienza a cubrir los cabellos como signo de pudor.

La cofia era el símbolo de la dignidad femenina y de la prosperidad.

Pero también servía para apartar el pelo de la cara mientras trabajaban y de protegerlo de la suciedad. Las mujeres solteras y niñas también podían llevarlas.

Tocados populares usados durante la edad media:


Venda:




Fue usado en el siglo 13 y 14 y fue una combinación de vendas, que rodeaban la barbilla y se sujetaba en la cabeza, añadiéndole una corona. A veces esa corona tenía un borde ensortijado.

Tan solo era usado por las mujeres casadas y cubría únicamente la caballera.
A veces fue fijado tan firmemente alrededor de la barbilla que impedía a la hora de comer o hablar.

Caramiello:



Tocado femenino. Una especie de velo que cubre el cabello y el cuello realizado por bandas muy pisadas.

Cofia:


Tocado medieval usado tanto por las mujeres como por los hombres cubriendo la caballera y sujeto por dos tiras que se ataban bajo la barbilla. Frecuentemente hecha de fieltro.


Redecilla:


A mediados del siglo 13 se incorporó la redecilla a la moda. Una creación hecha de seda o algodón. A veces era adornado con hilos de oro o plata, perlas o pedrería. Se podía llevar solo o en combinación con otros tocados.


Caperuza:



La caperuza era para proteger a los hombres sobre todo contra el mal tiempo. Tapaba la cabeza entera y también los hombros. En el siglo 13 su extremo aún lo llevaban muy corto, pero a lo largo de los años ganaba cada vez más en longitud.


Hennin:




Tocado creado en el siglo 14 para la mujer noble. Era un tocado alto con forma de cono que cubría el cabello completamente. Era elaborado con cartón, alambre o ballena y luego cubierto de terciopelo. Su punta fue guarnecida con un velo largo.

El hennin a veces podía llegar a tener un metro de largo.

Tocado de cuernos:



Un tocado realmente estrafalario del siglo 15.


Corona:



Un tocado muy popular en la era gótica.

La corona llevaban las mujeres como los hombres y podía ser hechas de hojas o flores. También habían coronas hechas de chapa dorada o de oro. Éstas fueron decorados con rosetas o pedrería. Las mujeres solteras la llevaban sobre su pelo suelto y las mujeres casadas la llevaban encima de un velo.

Tocado Gable:



El tocado Gable, también llamado el tocado inglés. Un tocado peculiarmente inglés, muy popular entre 1480 y 1540 aproximadamente. Recibe este nombre porque su forma se asemeja al tejado a dos agujas de una casa (tejado en inglés es gable). En sus orígenes, comenzó a ser llevado por la reina Isabel de York, mujer de Enrique VII.

En un principio era un tocado muy sencillo que llevaba un velo en la parte posterior.
Pero con el tiempo se convirtió en algo más complejo. En la parte de atrás se colocaban dos velos en forma de tubo (generalmente negros), que colgaban formando un ángulo de noventa grados, como se ve en el retrato de Juana Seymour.
Las reinas y damas de la corte Tudor los adornaban con hileras de perlas, piedras preciosas y alfileres.

Tocado francés:



Tocado muy popular introducido en la corte Tudor a partir de 1520 cuando la moda francesa fue imponiéndose poco a poco. El tocado francés era más sencillo y algo menos incómodo que el tradicional Gable. Se cree que la principal introductora del tocado francés y la moda de Francia fue Ana Bolena.


Attifet: 


El attifet fue un tocado con forma de corazón usado a mediados del siglo 16 hasta el siglo 17 y provenía del tocado francés. Fue hecho por seda o lino y a veces decorado con perlas. Fue llevado frecuentemente por Maria Estuardo. 

Algo típico y muy popular durante la moda gótica eran unos calzados que tenían las puntas muy largas, pero estos tan solo fueron llevados por la alta sociedad, pudiendo reconocer el rango que poseía cada noble por la largura de su calzado.
A partir del siglo 13 también comenzaron a llevar botas.
Los calzados de la clase baja no cambió mucho durante los siglos de la edad media.
Ellos fueron hechos de madera suave o piel.



Al comienzo de la era Tudor también cambiaba una vez más la moda en Inglaterra.

En ella encontramos ciertas influencias de la moda italiana y sobre todo la moda española al subir Isabel I al trono en 1558.
Mediados del siglo 16, después del descubrimiento de América y de la fundación del imperio colonial, ascendió España enormemente hasta convertirse en un país de grandes potencias políticas. España también pertenecía al mundo de la moda y la expandieron por toda Europa. Después de la alegre y audaz moda renacentista, el vestuario volvió al servicio de la iglesia y de la corte.


El corte del ropaje ya no podían demostrar formas ni figura y los escotes como también las aberturas desperecieron casi completamente. Era una moda austera. En España y el siglo XVI hay preocupación por la apariencia, mucha gente se arruina con el empeño de aparentar, de recargarse, la pobreza fuera de la corte es grande, pero dentro de los reinos viven con gran suntuosidad. Se rompe el estilo de la elegancia.



Formas como el cono y el circulo cubren los contornos naturales.

Los hombres seguían usando el jubón pero la cintura se ha vuelto tan ajustada que hasta ellos tuvieron que hacer uso del corsé.
El jubón recibe un alto y rígido cuello.
El pantalón se iguala a dos grandes círculos.
Los abrigos cortos también son cortados redondos.
Algo muy popular en aquella moda española era la golilla.
Este aditamento del traje habitual, propio de las clases acomodadas, se puede apreciar en innumerables cuadros de monarcas y personajes de los referidos siglos.
Dicha golilla ganaba cada vez más en anchura.




El vestuario de las mujeres era aún más ajustado y rígido.

Los contornos femeninos totalmente invisibles y cubiertos con un sin fin de telas.
La parte superior e inferior del cuerpo parecían dos triángulos. Este efecto hacía posible el uso del corsé. El corsé ya fue conocido en la baja edad medieval, pero fueron los españoles entonces quienes crearon el corsé con plantillas de hierro o ballena. Con la ayuda de estas plantillas era posible reformar la parte superior de la mujer hasta que pareciera como forma de un cono.
Los trajes concluían en el cuello dónde por encima se usaba la gran golilla, pareciendo separar la cabeza del resto del cuerpo.




Algo también realmente popular era el miriñaque.
Éste había ganado tanta popularidad sobre todo en España que fue usado durante varios siglos. Con los años era cada vez más grande y amplio.



Pero no solo el ropaje había sido estricto y rígido si no también los peinados y tocados.

Los peinados eran altos y encima llevaban un pequeño gorro pareciéndose a los de los hombres, muchas veces adornado con una pluma a un lado, como también una diadema cubierta de perlitas.



Esa moda española también llegó a Inglaterra, pero la adoptaron con unas pequeñas diferencias. El vestuario no tenía la misma rigidez y seriedad, si no era más gentil y además más colorido.

Típico durante el reinado de Isabel I era el miriñaque que adquiría una enorme anchura desde la cintura, como también el cuello medici, hecho de blonda veneciana que junto con unas "alas" enmarcaban el escote.



Ya ha quedado algún que otro misterio medievo resuelto.....pero aún quedan muchos por contar.


Aquí os dejo con algunos trajes medievales diseñados en nuestro tiempo, tan solo para el quien quiera soñar un poco......










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Catalina de Aragón - La reina consorte más amada por Inglaterra

jueves, 3 de enero de 2013

Catalina de Aragón - La reina consorte más amada por Inglaterra

Hoy hablaremos de un personaje de suma importancia, tanto para España como para Inglaterra. Un personaje tan querido y tan respetado por su pueblo como pocas veces se ha visto.
Aún hoy en día, aproximadamente 500 años después de su muerte, siguen redactandose incontables libros y rodandose peliculas sobre la vida desafortunada de la princesa española, que dejó su patria aún siendo muy joven, inciando una nueva vida en Inglaterra como reina consorte.
Pero aún siendo desafortunada, su pueblo inglés nunca la olvidará, recordandola cada año con una misa, realizada en honor a la reina consorte más amada por los ingleses: Catalina de Aragón

 Catalina de Aragón

Catlina de Aragón nació el 16 de diciembre de 1485 en el Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares cerca de Madrid, siendo la hija más pequeña de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón.

Su nacimiento fue recibido con inmesa alegría. Sus padres, luego de la toma de Granada, se alojaron en el palacio árabe de Alcázar. En ese maravilloso lugar vivió la pequeña Catalina la mayor parte de su infancia.
La infantina era de baja estatura, tenia una piel de porcelana, con un cabello largo y abundante de color rubio rojizo, grandes ojos azules y una rostro redondeado.
Heredó su nombre en honor a su bisabuela inglesa, Catalina de Lancaster. Ésta fue hija de John of Gaunt y bisnieta de Eduardo III de Inglaterra. Por ese motivo Catalina de Aragón era prima de tercer grado del rey y futuro suegro Enrique VII y primera en cuarto grado de Isabel de York.
Además de hermosa era excepcionalmente culta. Su madre, Isabel I La Catolica, se había ocupado de que dominara el latín, algo muy importante, ya que era la lengua de la diplomacia internacional. También hablaba francés y el griego. Había leído a los autores clásicos y a los historiadores latinos  y había estudiado derecho civil y canónico, heráldica, genealogía, música, baile y dibujo.

Isabel I De Castilla

Obtuvo una estricta educación religiosa y desarrolló a lo largo de los años una fé, que la acompañaría el resto de su vida.

Le enseñaron como realizar tareas domésticas como bordar y el labor de encaje.
El gran sabio Erasmus diría algunos años después de ella:
"Desde su infancia estudió con gran logro buena y maravillosa literatura".

Con pocos años fue considerada un excelente partido para el príncipe de Gales llamado Arturo, hijo mayor de Enrique VII.
El rey Enrique VII y entonces primero de la dinastía Tudor, quiso protegerse de los avances de Francia y asegurar su poder real.
Propuso a los Reyes Católicos una alianza de protección mutua contra el enemigo común, Francia. El acuerdo establecía a la quinta hija de los reyes castellanos, la pequeña Catalina (de tres años de edad) como posible prometida de Arturo (de solo dos años), heredero de la corona inglesa, conjuntamente con la posibilidad de celebrar nupcias cuando ambos tuvieran la edad adecuada.

El 19 de mayo de 1499 se casaron ambos, bajo apoderados e intercambiaron mutuamente cartas en latín hasta que Arturo cumplió los 15 años. Por aquel entonces una edad suficientemente mayor para casarse oficialmente.
Cuando Catalina viajó hasta Inglaterra para unirse con su esposo, trajo un grupo de sirvientes, procedentes de África. Se dice que fueron los primeros Africanos que llegaron a Londres y eran considerados como sirvientes lujuriosos. Ello causó una gran impresión al pueblo inglés, demostrándole el gran poder de la realeza española.
La pareja se vio por vez primera el 4 de noviembre de 1501 en Dogmersfield en Hampshire.

 Arturo, Príncipe de Gales

Catalina vio a un joven elegante y de modales pausados, rubio, de tez blanca como la nieve, media cabeza más bajo que ella, de rostro aniñado, cuerpo poco formado y delgado, aparentando contar menos de los quince años que tenía.
La aceptación del príncipe fue inmediata, sentimiento también compartido por la joven Catalina, quién pareció también sentirse complacida con su esposo. 
En este sentido, a través del embajador español, Arturo envío un mensaje a los Reyes Católicos expresando "que se convertiría en un esposo fiel y ameno, que nunca habia sentido mayor alegría en la vida cuando contempló el dulce rostro de su esposa" y añadio que "Ninguna mujer en el mundo podría resultarle más agradable". 
A sus padres dijo que era inmensamente feliz, viendo a la bella princesa Catalina. 

Desgraciadamente debido a que ambos estudiaron dos diferentes tipos de pronunciaciones del latín, no pudieron comunicarse verbalmente.  
10 días más tarde, el 14 de noviembre contrajeron matrimonio en la catedral de Old St. Paul. 
Inicialmente Catalina fue recibida con cierta sorpresa por el pueblo inglés. Su apariencia se asemejaba a la de una verdadera inglesa, posiblemente debido a su herencia física de su bisabuela inglesa, Catalina de Lancaster. Pero poco tiempo después fue aclamada con gran entusiasmo y despertaba cada vez más la admiración de los londinenses. Extraordinariamente bella y con una hermosa y grave voz de tonos bajos que confería un aire de dignidad y elegancia a sus palabras.
No era de extrañar, que Arturo estaba verdaderamente enamorado de su esposa española, ella simplemente reunía una serie de cualidades excepcionales.

Tomás Moro, el autor de la famosa "Utopía" quedó altamente impresionado al contemplar el rostro de aquella joven princesa española. "Ah, pero que dama! Creed en mi palabra, encantó el corazón de todos...posee todas las cualidades que constituyen la belleza de una jovencita encantadora. En todas partes recibe las mayores alabanzas..."

Incluso, más adelante, su enemigo Thomas Cromwell decía de ella:"Si no fuera por su sexo, pudiera desafiar a todos los héroes de la historia". 

Una vez casados, mandaron a Arturo al castillo de Ludlow, que se encontraba en la frontera de Gales, con el fin de regentar sobre la consejería de Gales y las Marcas Galesas, tal y como era su deber como Príncipe de Gales. Y naturalmente Catalina le acompaño.
Desgraciadamente pocos meses después ambos cayeron enfermos, posiblemente por la enfermedad, llamada sudor inglés, que rondó aquella zona por aquel entonces.

Castillo de Ludlow

Tristemente el 2 de abril de 1502 Arturo falleció repentinamente, mientras que Catalina pudo recuperarse de aquella enfermedad.
De pronto y tan solo pocos meses después de la boda, Catalina era viuda.

Buscando una solución para aquel terrible y repentino acontecimiento, planearon una nueva boda entre Catalina y Enrique, el hermano de Arturo, que era cinco años más joven que ella.

Pero aquello fue inicialmente aplazado, ya que Enrique aún era demasiado joven.
Enrique VII aún no le había devuelto la dote a la joven viuda y como el matrimonio entre Enrique y Catalina cada vez era más dudoso, el rey la retuvo casi como rehén en Durham House en Londres. Ahi prácticamente vivía como prisionera.
Quedó en triste soledad, dolorida ante la pérdida repentina de Arturo y sin la fortuna prometida ni la devolución de su dote.

 Durham House, Londres

La boda entre Enrique y Catalina dependía de la dispensa papal, ya que la ley canónica prohíbe al hombre casarse con la viuda de su hermano. Pero Catalina aclaró que su matrimonio con Arturo nunca fue consumado y según la ley canónica un matrimonio tan solo es válido hasta que es consumado.

Finalmente el Papa les concedió la dispensa y Enrique y Catalina contrajeron matrimonio siete años después de la muerte de Arturo, el 11 de junio de 1509.
Ella tenía 23 años y Enrique acababa de cumplir los 18.

 Enrique VIII

El 23 de junio una princesa española recorría orgullosamente las calles de Londres hacía la Abadía de Westminster. Sentada en una litera llevada por hermosos alazanes, ataviada con un vestido de raso blanco bordado esperando ser coronada como reina consorte de Inglaterra.
Una multitud de admirantes la contemplaban con entusiasmo y alegría.
Como era tradición, la pareja pasaba la noche antes de la coronación en la Torre de Londres.

Ahora felizmente casada, la mala suerte seguía acompañándola  sobre todo en sus múltiples embarazos durante el matrimonio con Enrique. Al año siguiente, el 31 de enero de 1510 dio a luz por vez primera a una niña prematura que ya nació muerta.
El 1 de enero de 1511 dio  a luz a un niño, llamado Enrique, El Duque de Cornwall. Pero por desgracia sobrevivió tan solo 52 días.
En 1513 volvió a quedarse embarazada, pero volvió a perder a ese hijo que también nació muerto. Se quedó embarazada una vez más en 1514 de un nuevo niño, que también dieron el nombre en honor a su padre, Enrique, pero murió desafortunadamente pocos días después de nacer.

Pero siete años después de contraer matrimonio, el 18 de febrero de 1516 Catalina al fin dio a luz a una niña sana, llamada Maria, futura Maria I de Inglaterra.
Dos años más tarde en 1518 dio a luz por ultima vez a una niña muy débil, que desgraciadamente tan solo sobrevivió algunas horas.

Al pasar los años la dedicación religiosa de Catalina incrementó cada vez más, como también su interés en la ciencia. Expandió sus conocimientos notablemente, cuales transmitió a su hija Maria.

 Maria I de Inglaterra

La educación para las mujeres era cada vez más importante y popular, siendo esto influencia de Catalina. Además donaba sumas importantes de dinero para varias escuelas.
Pero aún seguía existiendo el problema de la descendencia de un hijo varón. La Dinastía Tudor acababa de nacer y Enrique necesitaba un hijo heredero que podía seguir con la misma. 

Después de estar obligada a aceptar año tras año, como compartía su esposo su lecho cada noche con una mujer diferente, incluyendo reconocer a un hijo bastardo que tuvo con Bessi Blount, finalmente fue testigo de como se iba enamorando cada vez más de su propia dama de honor Ana Bolena.

Enrique cada vez se sentía más atraído hacía la joven Ana, mientras ella inicialmente le rechazaba. Algo que aún aumentaba su interés hacía ella.
Enrique empezó a pensar que su matrimonio con Catalina fue maldecido por dios, ya que la biblia dice, que si un hombre se casa con la mujer de su hermano, este matrimonio nunca tendría descendencia.

Su mayor deseo era tener un heredero varón, y sintiéndose cada vez más decepcionado con su matrimonio y los abortos que tuvo que sufrir Catalina, se imaginaba cuantos hijos le podría dar la aún joven y bella Ana Bolena si se casarían.
En aquel momento tan solo le quedaba su hija Maria como posible heredera del trono. Pero en aquellos tiempos ver a una mujer en el trono, era algo que no se había visto antes.
El enamoramiento de Enrique llegó hasta tal punto, que quisó anular su matrimonio después de casi 20 veinte años.
Enrique pidió a Catalina de retirarse a un convento, pero ella nunca aceptó.
En vez de ello dijo:

" Dios nunca quiso que fuese monja. Yo soy la legítima y verdadera esposa del rey."

El rey solicitó la nulidad eclesiástica a la Iglesia Católica en 1527 con el pretexto de que su matrimonio era ilegítimo por haber sido Catalina su cuñada. En plena efervescencia protestante, la cuestión se convirtió en una viva polémica sobre la primacía papal, en la que participaron teólogos y hombres de letras.

El Papa Clemente VII no estaba dispuesto a concederle la anulación, lo que condujo a Enrique de separarse de la obediencia a la Iglesia Católica de Roma, haciéndose reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra, la Iglesia Anglicana.
En la propia Iglesia de Inglaterra, sometida a las presiones de Thomas Wolsey y Thomas Cromwell, se fueron creando dos bandos: los que sometían sus principios a la voluntad del rey y los que preferían la obediencia a Dios y al Papa antes que al capricho de Enrique VIII.
Poco a poco, empezaron a pagar algunos con su vida. El caso más resonante en toda Europa fue el del canciller Tomás Moro, que tuvo que morir por su religión y su reina.

 Tomás Moro

Los que también estaban al lado de la reina Catalina aparte de Tomás Moro fueron la propia hermana de Enrique, Maria Tudor, Maria de Salinas su amiga más íntima y leal, John Fisher, su sobrino Carlos V, el propio Papa y algunos reformistas como Martín Lutero y William Tyndale. 

Enrique confió en el cardenal Thomas Wolsey, que tenía que ocuparse de la anulación, pero todos sus desesperados intentos fallaron.

Enrique enfurecido expusló a Thomas Wolsey de la corte y de su cargo como Cardenal.
Fue entonces cuando Wolsey comenzó a mantener correspondencia con el Papa con el fin de desterrar a Ana, pero cuando Enrique se enteró de ello fue arrestado y si no hubiese sido por la repentina muerte en 1530, a causa de una enfermedad, hubiera sido ejecutado por haber cometido alta traición.

Thomas Wolsey

Con su resistencia demostró la fortaleza de su carácter. En este sentido, Catalina no cedió a ninguno de los medios a los que se recurrió para hacerla desistir: se la alejó del palacio real, haciéndola aposentar en lóbregas residencias; se la amenazó con un juicio y con una sentencia por traición. A todo opuso su firme convicción de que prefería la muerte a la deshonra.

En el frió invierno de 1531 Catalina fue expulsada de la corte y fue enviada al castillo "The More" mientras que sus antiguos aposentos fueron transmitidos a Ana.
Perdió su titulo como reina y fue llamada a partir de entonces como "Princesa Viuda de Gales", como viuda de Arturo, el príncipe de Gales. Pero se sabe que hasta el resto de su vida seguía llamándose como única y verdadera esposa del rey y única reina de Inglaterra y sus sirvientes como sus seguidores seguían llamándola como tal. Su hija también perdió su titulo como princesa y a partir de entonces tan solo fue llamada "Lady Maria".

Finalmente Enrique y Ana Bolena se casaron el 25 de enero de 1533. El arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer anuló el matrimonio del rey con Catalina sin el consentimiento del Papa.

En 1535 Catalina fue trasladada al Castillo de Kimbolton, dónde tan solo se limitó a habitar un aposento, que únicamente abandonaba para asistir a misa, vestida únicamente con un cilicio y ayunando continuamente.
A veces recibía visitas de sus seguidores, pero además no le estaba permitido ver a la persona que más quería: Su hija Maria.
El rey les ofreció la oportunidad de poder reunirse siempre y cuando reconociesen a Ana Bolena como reina, pero ambas, madre e hija, se negaron en rotundo. La comunicación entre María y Catalina fue imposible, ya que se les prohibió también enviarse cartas, aunque parece que los partidarios de ambas actuaban de emisarios entre ellas.

Castillo de Kimbolton

En diciembre de 1535, sabiendo que el día de su muerte estaba aproximándose  redactó su ultima voluntad, escribiendo una carta a su sobrino, Carlos V, para que protegiera a su hija.
También escribió una última carta a Enrique.

Después de perdonarle y rogarle que cuidara de María, terminaba con unas palabras conmovedoras: 

"Por mi parte, os lo perdono todo, y rezo a Dios para que os perdone también. Por lo demás os encomiendo a nuestra hija María, suplicándoos que seáis un buen padre para ella, como siempre he deseado.
Finalmente, hago este juramento: que mis ojos os desean por encima de todas las cosas. Adiós".

Firmandolo con Catalina la reina. 


Tras años de sufrimientos, murió el 7 de enero de 1536 con 50 años en esas tierras que le fueron tan inhóspitas, y en las que sería enterrada, pero dejando constancia, hasta el momento final, de que ella era la única y verdadera reina de Inglaterra, y su hija, por tanto, la real heredera. 
Se comprobó que su corazón presentaba un aspecto extraño, oscurecido, lo que suscitó rumores de envenenamiento, pero hoy se sabe que padeció de cáncer de corazón, enfermedad entonces mal conocida.

Una vez obtenido su capricho, el amor de Enrique por Ana Bolena se fue enfriando. Al fin y al cabo, ella tampoco fue capaz de darle un heredero varón. Ana Bolena sólo la sobrevivió cuatro meses. Fue decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo y enterrada a pocos metros, en la capilla de San Pedro por orden del propio Enrique. 

Ana Bolena

Aunque Catalina nunca renunció al título real, fue enterrada en la Catedral de Peterborough con un funeral propio de Princesa viuda en lugar del de una reina. Enrique no asistió a su entierro y prohibió a Maria de asistir. Las ciudades de Peterborough y Alcalá de Henares (su lugar de nacimiento) actualmente son ciudades hermanas.
Todos los 29 de enero, aniversario de su entierro, tienen lugar unos actos conmemorativos en la Catedral de Peterborough.

Catedral de Peterborough
Su tumba se puede visitar aún hoy en día y rara vez no está decorada con flores, granadas, (emblema de Catalina) y velas.
Frente a la tumba se puede leer la última carta que envió a su esposo, Enrique VIII. En la parte Norte de la sillería de Coro, tallada en 1893, hay una estatua de Catalina. 

El 29 de Enero de 1986, con motivo del 450 aniversario del entierro, tuvieron lugar unas emotivas ceremonias conmemorativas. Los ciudadanos de Peterborough costearon una placa, para situarla junto a la tumba. En la placa dice: "Una reina amada por el pueblo inglés por su lealtad, piedad, coraje y compasión". 

En su tumba está inscrito: Katharine, Queen of England.

Tumba de Catalina de Aragón en la Catedral de Peterborough

Un artículo escrito en homenaje a aquella princesa española que había sido y será siempre un ejemplo de reina, esposa y madre.

Esperemos que descanse en paz junto a su hija. Ahora ya nada las podrá separar.
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La Elaboración de una receta Tudor

domingo, 30 de diciembre de 2012

La Elaboración de una receta Tudor

Hoy deseaba unir a tres de mis favoritos pasatiempos en uno solo, redactando un artículo histórico sobre como elaborar una receta, cual había sido muy popular y hechas miles de veces en las cocinas de Enrique VIII.
Una receta de la cual habían disfrutado mucho en los banquetes durante la dinastía Tudor. Hoy en día sin duda alguna, también se puede disfrutar plenamente de ella y viajar por el tiempo, percatandote de su aroma a especies y saboreando la dulzura de los frutos secos.
Como ya os podeís imaginar se trata de un postre.
Un postre que además es muy facil de preparar y que cualquiera puede lograr, invitando a unos cuantos amigos a casa a probar algo que le encantaba al mismisimo Enrique VIII:

Las empanadillas fritas rellenas de frutos secos.

Hay muchas más recetas tudor, rodeando internet pero está vez me he decidio por ésta, ya que precisamente necesitaba un postre para preparar en la comida de nochebuena.

Y aqui está:

Ingredientes: (Para 4 personas)

Para el relleno:

10 higos
10 dátiles
2 cucharadas de pasas
2 cucharadas de arándanos secos
Pimienta
1 cucharada de Canela

Para la masa:

2OO gr. de harina
2 cucharas soperas de azúcar
Una pizca de azafrán diluido en un vaso lleno de leche
Azúcar glas

Instrucciones:

Cortar los higos y los datiles con la ayuda de un cuchillo en trozos pequeños.
Poner los trozos juntos con las pasas y los arándanos en un mortero.
Ahora mezclar y moler todo bien, hasta que quede todo como una masa.
Añadir una pizca de pimienta y una cucharada de canela.
Mezclar todo muy bien.


Ahora preparar la masa, mezclando la harina y la leche con el azafrán en un cuenco.
Amasar bien la masa y luego estirarla hasta que quede muy fina.

A continuación recortar pequeños circulos con la ayuda de un vaso.

Poner a cada circulo una pequeña cantidad del relleno, elaborado anteriormente con los frutos secos.

Ahora humedecer los extremos de cada circulo con un poquito de agua y cerrarlo, colocando con cuidado una parte encima de la otra.
Fijar bien donde se juntan los extremos y averiguar si la empanadilla está bien cerrada.

Cuando ya estén listas las empanadillas, preparar un sartén con abundante aceite. Cuando esté caliente freir las empanadillas unos minutos hasta que estén dorados.

Sacarlas del aceite, colocarlas en una bandeja y servirlos calientes, polvoreándolos con azúcar glas.


Buen provecho y FELIZ NAVIDAD


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Tras los pasos de la Dinastía Tudor - Escapada a Londres

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tras los pasos de la Dinastía Tudor - Escapada a Londres

El pasado mes de octubre al fin pude cumplir un sueño y hacer realidad algo que anhelaba desde hacía ya mucho tiempo.
Viajar a Inglaterra y visitar algunos de los lugares, dónde habitan los restos de algunos personajes históricos de la época Tudor y dónde aún se puede percatar el esplendor y poder inmortal de la era tudor. Un viaje al pasado para revivir momentos, que cambiaron el curso de la historia y del mundo entero.

Después de haber visto centenares de fotos, de haber leído infinitos artículos sobre viajeros que visitaron esos lugares encantados, de haberme imaginado unas mil veces como sería encontrarme de pié en la propia habitación de Ana Bolena mirando por aquella ventana por la que ella posiblemente haya mirado tantas veces, y como sería andar por los pasillos llenos de historia y magia del palacio de Hampton Court, pude al fin sentarme en un avión que me llevaría a la cuidad de Londres.

Como era mi primer viaje dedicado a la historia de la época Tudor había elegido para visitar, lo que para mi era algo que cada persona debería haberlo visto al menos una vez a lo largo de su vida, algo esencial para cualquier enamorado de la historia:
El castillo de Hever, La Torre de Londres, Westminster Abbey y al fin el palacio de Hampton Court.

Finalmente se había cumplido mi sueño, y puedo decir sin lugar a dudas, que no solamente haya sido aún mucho mejor de lo que había esperado (y eso prácticamente me parecía imposible), sino que esos días posiblemente hayan sido unos de los mas felices de mi vida. Un viaje inolvidable, que hizo que me enamorara aún más del mundo tudor.

Cualquiera que ha pasado su tiempo observando las fotos de esos lugares mágicos, deseando visitarlos algún día y verlos con sus propios ojos, os puedo decir que no existe foto ninguna que pudiera demostrar ni la mitad de la belleza que realmente tiene. La belleza es tanto, que te abruma y te conmueve. Al momento te das cuenta, que ni en tus mejores sueños te lo hubieras imaginado así.
Sencillamente te impacta y te envuelve un aire de melancolía y emoción.

El primer día que llegamos, no perdimos el tiempo y fuimos directamente con el tren hacía Hever.
Cuando planeas ir a Hever tienes dos opciones, o bajarte en la estación anterior llamada "Edenbridge" y coger un taxi al castillo o ir directamente a la remota estación de Hever, que llega justo después y hacer un paseo rural por el maravilloso pueblo de unos veinte minutos hasta llegar al castillo.
Nosotras elegimos el paseo rural y sinceramente solamente valió la pena hacer ese viaje a Londres por haber vivido aquello.
Un pueblo encantado y solitario entre praderas llenos de ovejas y casas rurales con sus jardincitos llenos de flores y arbustos.
Caminar por esos senderos y respirar ese aire tan puro, lleno de recuerdos históricos y si encima te caen los rayos del sol a la cara en pleno octubre y te cruzas con alguna que otra ardilla correteando por tu camino, sabes perfectamente que esta pequeña aventura será algo que jamás olvidarás.


Bajarte del tren y leer "HEVER " en el letrero que se encuentra delante de ti, sencillamente no tiene precio.
Cuantas veces había soñado con estar en ese lugar y de repente estaba ahí, en Hever.
Seguíamos nuestro mapa, y a veces encontrabamos algunos atajos, los cuales nos conducían a paisajes aún más bellos y silvestres.


Cuando de repente nos encontramos con el "famoso" pub llamado, "Henry VIII" sabía que ya no faltaba mucho para llegar a nuestro deseado destino.
Mucho más bonito de lo que se veía en las fotos por internet. En mi opinión nunca había visto una casita más linda. Era antigua y oscura, llenas de flores y ventanitas preciosas.
Observándola detalladamente, en vez de un pub se parecía más bien a la casa de la bruja del cuento de Hänsel y Gretel.


Mientras observábamos aquella morada, aparecía por detrás una torre de una iglesia. Y esa torre me sonaba mucho, digamos demasiado, y sin haberla visto realmente, sabía perfectamente que esa torre era la de la iglesia de St. Peter, lugar dónde se encuentran enterrados los restos de Tomás Bolena, padre de Ana.
Y así era, pasábamos por aquel pub y entonces nos encontramos con aquella pequeña iglesia del siglo 14. Sin duda alguna absolutamente ostentosa. Pero dado que ya no quedaba mucho tiempo, optamos por observarla detalladamente después de nuestra visita en Hever Castle, que como yo ya sabía no se encontraba ya muy lejos.
Pasando la iglesia desde lejos ya podía reconocer aquello, que solo lo había visto en mis sueños. No me lo podía creer, era demasiado bonito para ser real.
Me invadó una felicidad inmensa y de pronto no quería que ese momento se acabase nunca.
De lejos ya reconocí la hermosa enredadera, que colgaba por toda la entrada del castillo y que ahora estaba tal y como lo había deseado, roja por el otoño.


Aquel castillo parecía realmente el de un cuento y os puedo asegurar que ninguna imagen puede demostrar lo que es en realidad, una belleza fabulosa.
Caminando algunos metros, de pronto me encontraba delante de un letrero, el cual decía:
Welcome at Hever Castle ...
Y cualquier palabra sobraba en aquel instante.

Ya no nos quedaba mucho tiempo, pero en ese preciso momento ya nada importaba. Lo había logrado, y al fin me encontraba delante de un castillo dónde había entrado y salido decenas de veces Tomás e Isabel Bolena, juntos con sus tres niños, Ana, Jorge y Maria. Los tres seguramente jugando y corriendo por los alrededores, y si, prácticamente podía oír aún sus risitas. Podía oír los galopes de los caballos y el alboroto que salía desde la cocina, mientras los sirvientes preparaban el almuerzo.


Todo tan bello que parecía el bastidor de una película medieval, con sus princesas y sus caballeros.
Cruzamos aquel puente y al fin entramos en el castillo.
Una vez cruzada la fortaleza, te encontrabas en un patio precioso. Casas del estilo tudor te acechaban, incluso parecían susurrar.
Dentro del castillo está prohibido sacar fotos ni vídeos, pero todo eso no tiene importancia, ya que todas las imágenes que tienes en tu mente, en cuanto salgas de ese lugar, no se borrarán nunca de tu memoria.


Parecía todo tan intacto, que me daba la sensación de haber viajado en el tiempo. Solo faltaba ver entrar por aquella puerta a Ana con su hermana y hermano.
Un silencio devastador y melancólico. El paso del tiempo no parece haber cambiado nada de todo aquello, el mobiliario, los cuadros, las ventanas, y si, incluso el aroma.
Me imaginaba ver entrar a Enrique VIII buscando desesperadamente a su querida Ana, para ofrecerle el honor de convertirse en su "favorita".

Según iba caminando veía un tesoro tras otro, la habitación de Ana desprende un aire místico y afligido, sobre todo observando la ventana por la que ella seguramente habrá mirado pensativa muchas veces, quizás leyendo alguna que otra carta que le habría mandado Enrique.
Por fin veía a su "Book of Hours", el libro que le pertenecía, dónde leía oraciones y escribía notas con su propio puño y letra.

En el gran salón dónde probablemente se sentaban todos a comer, me imaginaba como se acercaban los vasos de plata para brindar por el éxito de la familia Bolena, que cada vez aumentaba más.

Una vez fuera del castillo, te esperan los jardines. Cada paso que das, encuentras una maravilla tras otra, cuando de repente te sientes como si fueras Alicia en el país de las maravillas.
Aún estando en octubre, no te pierdas el perfume a rosas y hierbas aromáticas. Siendo un paraíso en otoño, me imagino que en primavera debiera ser el jardín del edén. Pasaban las horas y cada vez el ambiente se llenaba cada vez más con más espiritualidad y paz.
Ya había llegado el atardecer y con los diferentes colores que llenaban el cielo, el remoto pueblo de Hever parecía en mis ojos el lugar más bonito del mundo.


Ya tocaban las seis de la tarde, hora de cierre del castillo, y el momento de volver a la estación. Con una pequeña visita a la preciosa iglesia de St. Peter, mientras salían las luces de las ventanitas del pub "Henry VIII" y los conejos salvajes corriendo por las praderas, concluía ese día lleno de magia y felicidad, un día grabado en mi memoria para siempre.

El día que visitamos la Torre de Londres fue igual de inolvidable. Nerviosa como una niña chica, la noche antes de navidad.
En la Torre de Londres hay más que ver de lo que muchos creen y lo mejor es, tener un día entero para ello. Nosotras pasamos horas y horas en él y realmente al final salimos, porque era la hora del cierre, que igualmente nos hubieramos quedado unas cuantas horas más.
No hay que ser un amante de la época Tudor, ni historiador para darle valor a lo que te espera en la Torre de Londres, sino sencillamente una persona con ganas de aprender y curiosa por saber lo que realmente ocurrió entre aquellos muros. El orgullo y el amor que desprendieron y desprenden los ingleses por su historia, han hecho posible que todo se ha conservado tal y como fue,... y que cualquiera pueda sentir esa sensación impactante al imaginarte que ocurrió justo en ese lugar a muchos que estuvieron presos, terribles torturas y ejecuciones.


La emoción y tristeza que te embarga cuando te encuentras al lado del lugar conmemorativo en la Torre Verde, creado con una preciosa poesía para aquellas siete personas, incluyendo a Ana Bolena, Catalina Howard y Lady Jane Grey que fueron ejecutadas en ese lugar es realmente deslumbrante.


Disfrutando de nuestro guía, uno de los llamados Beefeaters nos llevó a la capilla de St. Peter Ad Vincula, dónde al fin pude ver con mis propios ojos el lugar de descanso de algunos de las personajes históricos más famosos y apreciados por mi. El suelo de mármol con todos sus nombres, te afirma que sus restos realmente se encuentran ahí abajo y de pronto supe, que solamente el tiempo era quién me separaba de ellos.
Leyendo artículos y decenas de libros, para que finalmente ese momento me diera entender, que realmente todo eso había pasado y que se encontraban ahí, delante mía.
Había venido desde una isla lejana, situada en el océano atlántico para estar ahí de pie y honrarles con mi palpitante corazón y ojos llenas de lagrimas.
La Torre de Londres, un lugar único en todo el mundo, cuidado y respetado por su país, que te invita, estés donde estés a visitarlo para crear una experiencia que jamás olvidarás.
Yo, al menos pienso volver, y espero en un futuro no muy lejano.


Otro lugar que realmente me conmovió e hizo que el viaje fuera realmente valioso y perfecto fue el palacio de Hampton Court. Amante de la historia o no, adulto o niño cualquiera disfrutaría plenamente de un día en Hampton Court. Desde la cocina de Enrique VIII oliendo a leña, romero y orégano, haciéndote viajar por el tiempo y ver como cocinaban y que preparaban para una corte de 600 personas dos veces al día, hasta verdaderas recreaciones de Enrique VIII y otros personajes de su reinado pasando por los pasillos del palacio y hablando entre si como si el tiempo no hubiera pasado. Una experiencia única también es el pasillo, dónde se dice fue arrastrada Catalina Howard para pedirle clemencia a su marido y rey antes de ser ejecutada, como también los jardines que realmente te dejan sin habla.



Un lugar tan hermoso y valioso del cual jamás me podría olvidar. Desearía volver a visitarlo una vez más y ofrecerle a la preciosa capilla cubierta de un tejado lleno de estrellas brillantes un poco más de tiempo y meditación, fijarme en todos esos cuadros que había visto unas mil veces solamente por fotos y ponerme ante la fuente de vino y dejarme llevar por la inspiración.



La visita en Hampton Court no te dejará indiferente, te hará reír al ver las recreaciones que representan a Enrique VIII y a su corte, tendrás la piel de gallina cuando camines por aquellos pasillos que se dicen ser embrujados y te emocionará cuando te encuentres con aquel emblema olvidado que lleva las iniciales de "A&H" (Anne & Henry) fijado en la pared, solamente visibles para aquellos que aprecian los detalles.


Sigo mirando cada día mis fotos del viaje a Londres y seguiré mirándolas con asombro durante mucho tiempo, y quizás hasta decida volver una vez más y crear más experiencias inolvidables.
Después de aquello me siento afortunada por haber visitado esos lugares únicos en todo el mundo, que me han enriquecido de cultura y de mil sentimientos diferentes como jamás podrían haberlo hecho todos los libros del mundo.
Todo eso jamás se hubiera hecho posible sin Marta Garcia Cabrera, acompañándome a ese viaje maravilloso y ayudándome a cumplir uno de mis sueños.

Y ahora cada vez que me encuentro con algún que otro artículo sobre Hever Castle, Hamtpon Court Palace, Westminster Abbey o la Torre de Londres acompañado de una foto, es todo un privilegio mirarla y poder decir:" Yo he estado ahi."

Cualquiera que esté pensando en visitar Londres e ir a algunos de esos sitios, a ese le digo con el corazón en la mano, que no hay viaje que merezca tanto la pena como ese. No dudéis, dejad los libros a un lado y sentaros en un avión y dejaros llevar por las maravillas de una Dinastía que jamás morirá, la Dinastía de los Tudor.
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