Asesinos ocultos

miércoles, 8 de febrero de 2017

Asesinos ocultos

Hoy me gustaría dar un pequeño salto desde la Edad Media, atravesando la Edad Moderna hasta detenernos en la época victoriana.
Una era bautizada con el nombre de la reina, que quizás más huellas ha proporcionado en la historia de la humanidad, Victoria.
Haciéndole honor a la reina Victoria cómo no, se iba a tratar de un periodo diferente a todos los demás?
Quizás se trata de la época que más cambios ha podido experimentar.
Fue la era de los grandes descubrimientos, que abrieron el camino hacía una vida llena de oportunidades, comodidades y goce.
Ésta etapa, iniciándose en 1837 y perdurando hasta 1901 instruyó a personajes heroicos como Charles Darwin, George Stephenson, Alexander Bell y Michael Faraday y le dio la vida a escritores legendarios como Charles Dickens, Lewis Caroll, Oscar Wilde, las hermanas Brontë y Arthur Conan Doyle.


La inicial revolución industrial y la posterior exposición mundial celebrada en 1851 en Londres hicieron, que los cambios y descubrimientos estuvieran a la orden del día. La exitosa industrialización trajo consigo un periodo de paz y prosperidad. En aprox. 1850, la clase media británica de pronto se veía capaz de crear una vida hogareña idílica. El confort de una casa, el refugio de un sofá y la frase proverbial "Hogar Dulce Hogar" nacieron en la era victoriana. Fue entonces, cuando por vez primera los británicos quisieron dar comodidad y calor a sus hogares.
Henry Mayhew escribió en 1852 que la casa "expresa no solo un lugar de acogida, sino también de tranquilidad, paz, confort y ternura". Pensó que el hogar era un lugar de santificación.


Exposición Mundial, Londres

La calidez de las casas ordenadas tras una puerta solida significaba una zona de retiro, descanso y protección. Un perfecto antídoto para los peligros y corrupciones del mundo trabajador. Esta nueva clase media deseaba un estatus social y calidad de vida. Fue por ello, que anhelaban llenar sus hogares de comodidades de todo tipo e innovaciones tecnológicas producidas con la ayuda de las fabricaciones industriales. Fue el inicio del consumo en masa.
La virtud y el respeto no solo se demostraba en como eras, sino también y sobre todo en lo que poseías.




Sin embargo, en estos templos dónde reinaba la seguridad moral y la comodidad, se ocultaban grandes peligros que nadie hubiera podido imaginar. Los victorianos de la clase media fueron atacados en sus propios hogares y asaltados por aquello que ellos creían seguro.



Fue su ilimitado afán de crear seguridad, belleza, confort, estatus y la creación de la figura ideal femenina en el corazón de su hogar, que los victorianos se vieron cara a cara con lo que más temían,... la muerte.

Bienvenidos a la casa victoriana:

1. Tapetes de muerte

La introducción de lamparas de gas y de aceite, como la retirada de los impuestos por las ventanas (window tax) significaban, que por vez primera los victorianos podían hacer uso de colores intensos y vivos para las paredes de sus casas. Hubo una moda concreta de papeles pintados del llamado "Verde de Scheele". Un verde persistente y brillante, que convertía el salón de tu casa en una lujosa obra de arte. El Verde de Scheele creado en 1775 por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, se transformó en el objeto más deseado para todo aquel, que quisiera convertir su hogar en un paraíso terrenal. El químico creó un pigmento verde a través de una composición de arseniato de cobre. El único inconveniente era, que se obtenía a través de una disolución caliente de potasa y arsénico blanco. Para todo aquel, que no esté del todo familiarizado con el término de "arsénico", le digo que se trata de un elemento químico siendo extremadamente tóxico.


Papeles pintados con arsénico del diseñador William Morris

Contemplando estas bellezas del hogar, inhalaban diariamente arsénico. De esta manera entra en el organismo, llegando a las superficies del tracto digestivo y del aparato respiratorio. Después entra en el torrente sanguíneo transportándose a los órganos, dónde ocasiona daños permanentes. Pasadas las 24 horas después de inhalarlo puede ser encontrado en hígado, riñón, pulmones, bazo y piel. La intoxicación causa dolores abdominales, vómitos, diarreas y deshidratación. La perdida de sensibilidad en el sistema nervioso es el efecto neurológico más frecuente. La intoxicación del arsénico también puede causar cáncer de pulmón, vejiga, riñón y próstata.

En 1834 Gran Bretaña produjo 1.222.753 rollos de papel pintado. Este número se incrementó hasta 32.000.000. en 1874. Los trabajadores de las fábricas comenzaron a enfermar y muchos murieron al estar en contacto permanente con los colorantes verdes de arsénico. Estas muertes salieron en los periódicos, pero al principio mucha gente no le prestaba atención.

Lesiones causadas por colorantes de arsénico cuando entran en contacto con la piel


Hasta que en 1850 comenzaron a aparecer reportajes sobre envenenamientos, niños, mujeres y hombres muriendo en habitaciones verdes.
En 1862 tuvo lugar un incidente catastrófico, en el que 3 niños murieron en sus casas en East London después de arrancar el papel pintado de las paredes, lamiendo el color verde sobre el.



Fragmentos del periódico "Dublin Evening Mail" del jueves, 3 de agosto de 1871:

"Arsénico en papel pintado"

"Asumimos que solo en los papeles pintados de color verde brillante se encuentra el arsénico, pero el caso es que ha sido descubierto que cualquier papel pintado que contiene algún pigmento verde, independientemente del tamaño o de la  forma que tenga, abarca arsénico."

"El vals del arsénico" 1862

Fue en 1879 cuando la reina Victoria hizo arrancar todos los papeles pintados verdes de Buckingham Palace, después de que un dignatario estando de visita enfermó, tras haberse hospedado en una habitación con tapetes.

Pero era en 1890, cuando al fin se pudo demostrar, que no solo era el arsénico solido el que era mortal, sino también el vaho del mismo.
Los químicos no pensaron en el peligro de usar arsénico. Arsénico no solamente estaba en papeles pintados, sino en muchas otras cosas por aquel entonces. Los victorianos creyeron, que mientras no lo comías, no podía ser peligroso. Nunca se habían imaginado, que lo que creaba ese verde intenso y lo que hipnotizaba la vista de cualquiera, pudiera causar la muerte.

Vestido teñido con arsénico, 1860-1865

El miedo y la histeria se expandía por Gran Bretaña por lo que los fabricantes comenzaron a vender finalmente papeles pintados sin arsénico.

Propaganda de papel pintado sin arsénico


2. Que tal un vaso de leche?

Los peligros en las casas victorianas no solo asechaban en las paredes, sino también en las cocinas. 
En 1882 sacaron muestras de 20.000 botellas de leche y detectaron adulteraciones en una quinta parte. 
Pero estas adulteraciones no estaban compuestas por los fabricantes, sino más bien por las propias amas de casa. Los victorianos creyeron, que la leche fresca contenía gérmenes que podían hacer que enfermases de meningitis, tifus o cualquier otro malestar. 
Por ello sentían la necesidad de purificar la leche antes de consumirla con ácido bórico. 
El ácido bórico es un compuesto químico, que a la hora de ingerirlo es tóxico. A parte de ello, así también eliminaban el sabor agrio y el olor que producía la leche. 
El distinguido libro de gestión doméstica de Mrs. Beeton de 1861 decía además, que esa clase de adulteración en la leche era completamente inofensiva e incluso recomendada. 
Ingerir pequeñas cantidades de ácido bórico puede causar náuseas, vómitos, dolores de estómago y diarrea.


Sin embargo, el único problema no era el ácido bórico, sino lo que ocultaba éste. Los productos lácteos, pueden abarcar una microbacteria llamada Micobacterium bovis, de la que previamente ha estado infectada el ganado. Esta microbacteria se transmite rápidamente al ingerir el lácteo y puede provocar deformaciones en la espina dorsal, daños en los órganos internos y causar tuberculosis en humanos.


La mayoría de las personas que sufren o sufrieron de tuberculosis, se infectan por causa de la Micobacterium bovis. Hoy en día, prácticamente no consumimos productos lácteos sin haber sido previamente pasteurizados. Es la pasteurización la que elimina cualquier tipo de gérmen y microbactería como éstas y así reafirmarnos, el consumo seguro de algo tan rutinario, como tomarse un vaso de leche. Nosotros, no solo contamos con la pasteurización previa antes de ingerir cualquier producto lácteo, sino que además entre las agencias de la salud animal y los departamentos de agricultura, han podido eliminar casi del todo la infección por la Micobacterium bovis en el ganado. Pero como vemos esto no ha sido siempre así.
Las conclusiones y los avances siempre cobran sus víctimas.
Se estima que aproximadamente 500.000 niños en la era victoriana murieron a causa de la Micobacterium bovis.


3. Espejito, espejito,..dime, quién tiene la piel más blanca de este reino?

Como muchos habrán notado, los victorianos se sentían extremadamente fascinados por la muerte. Esta obsesión hacía lo oscuro, lo melancólico, era un auténtico estilo de vida. Esta manera de vivir incluso se reflejaba en las tendencias de moda y belleza.
Con el ascenso al trono de la joven reina Victoria, que tan solo tenía 18 años, se podría pensar que la industria de productos de belleza iba a llegar a su climax pero no fue precisamente así como sucedió. Victoria fue un espíritu joven y moderno, con afán de vivir y disfrutar, pero todo eso, si cabía la posibilidad, sin maquillaje. La joven reina detestaba el maquillaje y pensaba que una cara pintada era algo sumamente vulgar y pertenecía tan solo a una prostituta.
De ese modo, el mismo pueblo se apropió de los pensamientos de su reina y comenzó una era en la que destacaba toda aquella, que lucía de su belleza natural.


Así el siglo 19 se llenaba de inventos para realzar la belleza de cada mujer.
Uno de estos inventos era el de blanquear la piel.
En la era victoriana era el tono de tu piel, el que decía a que clase social pertenecías.
Las mujeres de alto rango, querían demostrar que eran lo suficientemente adineradas, como para no tener que trabajar bajo el sol ardiente. Ellas querían tener la piel tan blanca, que parecía traslúcida y si era posible hasta tal punto, que se podían percatar las venas debajo de ella. No solo se usaba estar pálida, sino también tener un aspecto frágil e incluso enfermizo.


Durante la época victoriana muchos fueron los que murieron a causa de la tuberculosis. Fue entonces, cuando el romanticismo llegó a perfeccionar de alguna manera aquella terrible y tan común enfermedad. La llamaban "El padecimiento romántico". El progreso lento de la tuberculosis ayudaba a los enfermos a arreglar sus asuntos antes de fallecer y por ello, la veían como una "buena muerte". Decían, que la constitución más bella de una mujer se veía, en las primeras etapas de la tuberculosis. Las mujeres que padecían de esta enfermedad eran extremadamente pálidas, tenías las pupilas dilatadas y los ojos lagrimosos. Y eran esos rasgos, los que soñaba cualquier mujer. Los victorianos decían, que es la tuberculosis la que realza las facciones de una mujer bella.

Y para conseguir una piel tan blanca, se tapaban la cara con opio dejándolo actuar toda la noche. Por las mañanas se lavaban la cara con algo de amoniaco.  De ese modo, se aseguraban tener siempre un aspecto fresco y pálido.


Los efectos sin embargo, estaban lejos de lo que las jóvenes victorianas esperaban. El opio, aparte de causar picazones en la piel, también engendraba adicción corporal.
Al aplicarse a su vez amoniaco sobre la cara, no tardarán en aparecer irritaciones en los ojos. La tez comienza a agrietarse y a dañarse. Un uso continuo de ello, puede causar quemaduras y heridas graves en la piel. Pero no solo se aplicaban blanqueamientos químicos en la cara, sino también ingerían pastillas de arsénico. Estas píldoras eran supuestamente "sencillamente mágicas". Podían convertir la piel más impura en un cutis radiante y perfecto.
Pero lo que no sabían aún, era que al ingerir arsénico periódicamente, podría llegar a corroer no solo la boca, sino también la garganta y el estómago.
Al igual que hoy, lo único que deseaban las mujeres victorianas era ser hermosas y atractivas, pero lo que realmente hacían fue embellecer a la mismísima muerte.


Propaganda sobre píldoras de arsénico

4. Y, por fin, se hizo el gas:

Nunca antes nos habíamos podido imaginar, que obtener una fuente de luz podría ser tan fácil.
Acostumbrados a usar la luz que nos concedía el día, las velas y la chimenea, de pronto los victorianos se enfrentaron a un inventó que cambió sus vidas para siempre. El alumbrado de gas. De repente, tener luz tan solo era cuestión de subir o bajar una palanca. Para nosotros hoy en día, no hay nada más rutinario que encender una luz. No nos percatamos de las veces que encendemos o apagamos una luz a lo largo del día, hasta cuando por alguna u otra razón nos la cortan. Es entonces, cuando nos damos cuenta de que sin luz no somos nada. Pero existe una historia detrás de cada "click".
Es la historia de las personas, que hicieron posible lo imposible. Algunas personas sacrificaron días, semanas e incluso años en nombre de la ciencia. Y ahí estaba la muerte, acechándonos al final de cada invento excepcional, recordándonos lo frágiles que somos.
Así la muerte nos daba lecciones. Puede que la muerte sea el consejo más duro, pero también el más eficiente.

Así pues, han habido épocas que estábamos acostumbrados a usar el aceite de oliva, cera de abejas y sobre todo de ballena como combustible para las lámparas y como cera para la producción de las velas. El aceite de ballena se obtenía de la grasa de diversas especies de cetáceos, dando lugar a incontables matanzas de estos majestuosos mamíferos. Fue la industria del carbón y de la petrolera en el siglo XIX, que salvó a las ballenas de la extinción.


William Murdoch, fue la primera persona en aprovechar la inflamabilidad del gas para el uso práctico de la iluminación. Trabajando en una fábrica de motores en Birmingham, experimentó con diferentes gases. Así llegó a la conclusión, que el más eficiente era el gas que se formaba del carbón. Fue la primera persona en iluminar su casa con tuberías de gas en 1792 en Cornwall, Inglaterra.


Unos años después, comenzaron a iluminar las calles de Londres con la ayuda del gas y el mundo entero estaba estupefacto ante semejante avance científico. La primera calle pública iluminada por gas en Londres fue Pall Mall el 28 de enero de 1807. Unos años después, el 31 de diciembre de 1813 alumbraron el puente de Westminster. Todos admiraban aquellas luces, que aparecían de la nada e iluminaban el sombrío camino de los viajeros perdidos y recelosos. De pronto era mucho más seguro pasear por las calles y las horas de trabajo también se alargaron. Este avance favoreció sobre todo a los meses de invierno, cuando las noches eran largas y los días cortos.


Sin embargo, aunque había sido un invento asombroso y un avance considerable para la historia de la humanidad, también ahí se escondía el peligro mortal de los que muchos no pudieron escapar. Los victorianos obsesionados con la modernización de sus hogares, traían la muerte a la puerta de su casa, no en forma de figura esquelética que llevaba capa y capucha, sino en forma de gas.


Porque, a pesar de sus ventajas también y sobre todo traía desventajas. El gas corroía el aire, era sucio, olía mal y destruía objetos con los que entraba en contacto. Comenzaron a colgar los cuadros con cuerdas en vez de con hilo, ya que el gas los deshacía. Comenzaron a elevar los techos, porque el humo del gas y el vapor azufroso que desprendía, destrozaba el metal y descoloraba la pintura. La planta llamada "aspidistra", se hizo muy popular en la época victoriana, ya que era una de las pocas que sobrevivía a semejantes exhalaciones.

La aspidistra en una casa victoriana

El gas además podía atrofiar a las fibras del algodón en un año después de su elaboración. Yendo al teatro comenzaba a ser todo menos agradable. Los espectadores salían con dolores de cabeza por falta de oxígeno. El gas también subía la temperatura. El aire alrededor de los asientos en los balcones superiores, podía llegar a los 38 grados. Pero existían más desventajas a parte de unos dolores de cabeza o de la descoloración de pinturas. Estás podrían resultar mortales.
El gas de alumbrado es una combinación letal de hidrógeno, metano, óxido de carbono y azufre. Tratándose no solo de una mezcla extremadamente inflamable, sino que los que vivían en casas con poca ventilación corrían el riesgo de sofocación. El óxido de carbono es un gas incoloro altamente tóxico y tan peligroso, porque ni se huele ni se ve. Éste entra directamente en contacto con la circulación sanguínea a través del pulmón y obstaculiza el movimiento del oxígeno. Si se respira puede causar la muerte en tan solo unos minutos.

El hidrógeno por otro lado es tan inflamable, que es prácticamente explosivo. (El Hindenburg fue llenado de hidrógeno cuando explotó y se quemó en 1937). Cada vez más comenzaron a aparecer reportajes sobre explosiones, fuegos y sofocaciones en los periódicos. Éstos, se llenaron de historias terribles que fueron el resultado de aquel invento victoriano, que llenó sus calles y hogares de luz pero sus vidas con oscuridad.



Hoy en día en el centro de Londres siguen estando operativas 1500 lámparas de gas, que se encuentran en los exteriores de Buckingham Palace y casi todo Covent Garden.


5. Quién quiere perder peso?

Es evidente, que los victorianos practicaban extraños métodos para realzar su belleza o para decorar sus hogares. Pero nada de ello comparable con la táctica espeluznante, que os detallo a continuación.
Sabemos, que los victorianos hacían todo lo posible para poder alcanzar la belleza absoluta. Desde ingerir pastillas de amoniaco hasta bañarse en arsénico. No habían límites para la mujer moderna de la era victoriana.
Tenían métodos para blanquear la piel, para "purificar" la sangre y para dilatar las pupilas. Pero que hacían para perder peso?
La respuesta se encontraba en algo tan impensable y espeluznante como la lombriz solitaria.


Esta dieta consistía en tomar una pastilla, que albergaba un huevo de una lombriz solitaria. La lombriz salía del huevo mientras se encontraba en el intestino de la persona, que había ingerido la píldora. La lombriz se desarrolla día tras día y se alimenta de todo aquello, que ingiere su anfitrión hambriento. Teóricamente esto hace que bajes de peso y que puedas comer sin tener que controlarte.
La dieta de la lombriz solitaria parecía sencillamente perfecta. Una mujer nunca abandonaría una mesa con hambre, mientras que además bajaba de peso. Básicamente el sueño de cualquiera. Una vez alcanzado el peso deseado, recurrían a una pastilla anti-parásitos, que les ayudaba a deshacerse de la lombriz. Ésta podía alcanzar unos 9 metros de longitud y como os imagináis disgustadamente, puede causar complicaciones y fuertes dolores abdominales y rectales. Pero también podía ocasionar muchas enfermedades incluyendo dolor de cabeza, problemas oftalmológicas, meningitis, epilepsia y demencia.
Quizás sea la dieta más dañina y extraña de la historia.


Fuese como fuese y a pesar de sus macabros y singulares inventos ha quedado claro, que sin éstos hoy el mundo no sería el mismo. Como veis, el eco del pasado nunca dejará de resonar, sus huellas esparcidas por el mundo y por este blog. La historia nunca dejará de sorprendernos y con algo de suerte nunca dejaremos de aprender. Espero haber contribuido algo en ello.

Feliz Navidad - El año de los mil y un lochs

jueves, 22 de diciembre de 2016

Feliz Navidad - El año de los mil y un lochs

¿Porque separar en nuestros pensamientos esta vida y la siguiente, si una nace de la otra?

Hay frases que percibes con indiferencia, con desdén. Las oyes y las asimilas pero poco tiempo después se quedan en el olvido y nunca más las recordaras. Sin embargo existen otras, que se aferran a tu corazón y éstas nunca se van.

Lo mismo nos ocurre con ciertos lugares, canciones, libros y personas. Y a que se debe esta indiferencia o esta repentina devoción? Recuerdos de una vida pasada, simpatías naturales, pasiones innatas o es todo casualidad?

El alimento principal de este blog son los acontecimientos que ocurrieron hace mucho y el efecto que producen en la autora del mismo.
Estos efectos me han llevado a emprender aventuras que no sabía que existían, a lugares que nunca imaginé. En ellos he visto la magia. Este año la he visto reflejada en los pavimentos húmedos de Edimburgo, en las aguas opacas del Lago Ness y en el valle de Glen Coe.

El pasado no solo deja sus huellas en los lugares sino también en nosotros. Este año me ha llenado de huellas y marcas. Marcas de batallas entre escoceses e ingleses, rastros de tinta de las plumas de las hermanas Brontë y un recuerdo lejano del primer encuentro entre la reina Victoria y Alberto.
Me crucé con muchas historias que transcurren en mi interior de una manera constante, asegurándome así su inmortalidad. Desde espectáculos de luchas de gladiadores, hasta el trágico final de los últimos caballeros de la Orden del temple. He visto con mis propios ojos dónde ocurrió y los muros me explicaron como. He visto dónde apuñalaron a David Rizzio en el Palacio de Hollyrood, dónde tuvo lugar la batalla de Culloden, hacía dónde huyó "Bonnie Prince Charlie" y he contemplado con asombro el escritorio en el que Charles Dickens redactó Oliver Twist.
He estado en las catacumbas de Edimburgo y tuve las manos en el lago Ness...
Después de que mis ojos vieran todos estos espejos del pasado, como no poder estar seguro de que una vida nace de la otra?

Doy gracias desde mi pequeño y apreciado rincón literario a todo aquel y a todo aquello, que directamente o indirectamente contribuyó en mi felicidad y en mi interminable afán de ver más allá de la historia. Hoy soy todo lo que he leído y todo lo que he visto. Soy Anne Brontë, Edimburgo, Claire Beauchamp, Glen Coe, Amy Robsart, el águila real de aquel saliente rocoso en la Isla de Skye y Alasdair MacIan MacDonald.

Me considero muy afortunada de vivir tantas vidas. Ellas hacen que todo este blog tenga sentido y convierten la vida en una aventura sin fin, en una historia interminable.

Gracias a mis queridos lectores por leerme y por interesaros por las pasiones de una jovenzuela. Gracias a todo aquel que nunca ha dejado de creer en mi y al que intenta desesperadamente comprender mi conexión hacia lo medievo y lo británico.

En especial quiero darle las gracias a Jose Rodriguez Pulido, sin ti esto no hubiera sido posible.

Os deseo a todos una Maravillosa Navidad y un Feliz Año Nuevo.

Siempre vuestra.
Sydney

"Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una."




La noche mágica de Samhein

viernes, 21 de octubre de 2016

La noche mágica de Samhein

El 22 de septiembre comenzó una vez más, a lo que es bajo mi punto de vista, la más bella de las estaciones. Otoño.
Empieza una época de días lluviosos, cielos ocultos, botas de agua, chocolate caliente y sobre todo el teñido mágico de las hojas de los arboles. Éstos, antaño de color verde brillante, ahora cambian de color y se visten de naranja, amarillo, rojo y marrón. Estos colores son los verdaderos protagonistas de esa estación tan mística y a la par bella.


Y aparte de los desmesurados obsequios, que nos concede el otoño así por ejemplo las castañas, avellanas, nueces, calabazas, manzanas y granadas, no nos debemos de olvidar del misticismo que siempre acompaña este periodo del año.
En resumidas cuentas, se trata de la época más deseada por mi desde que tengo uso de razón.
Porque, que bonito es vivir en un mundo dónde hay otoños.


Que relacionemos otoño con calabazas talladas, gatos negros e historias de fantasmas se debe a una de las fiestas más antiguas celebradas aún hoy en día, Halloween.
Se ha convertido además, después de Navidad en la fiesta más popular del mundo.
Aunque millones de personas expandidas por el mundo entero, celebran la famosa noche de las brujas de forma distinta pero a su vez similar, muchos de ellos desconocen el origen de Halloween.


Muchos creen firmemente que las raíces de esta festividad otoñal provienen de Estados Unidos, tratándose además de un ritual de la época moderna.
Pero estás personas no podrían estar más lejos de la realidad. Pero es ahí, dónde entra Susurros en la Corte para poder mostraros la verdad de la noche más mágica del año entero.
La noche del 31 de octubre es el único instante, dónde la línea entre la muerte y la vida se encuentra extremadamente delicada y receptiva, incluso difícilmente apreciable.

Este acontecimiento nació unos 2.000 años atrás entre los Celtas, que residían en Irlanda, Gran Bretaña y el norte de Francia. Dos milenios atrás las tribus nórdicas celebraban su año nuevo el 1 de noviembre. El 31 de octubre era el último día en el calendario celta. Esta celebración se denominaba Samhein, que significa "final del verano".


Esta noche representaba no solamente el final del verano, sino el principio del oscuro y frío invierno. Esta gélida época del año que estaba a punto de comenzar, se asociaba en aquel entonces con la muerte. Los Celtas creían que la noche antes del nuevo año volvían los espíritus de los muertos a la tierra.
A parte de ello, también eran de la opinión que la vuelta de los espíritus ayudaba a los druidas o sacerdotes celtas a tener visiones de futuro. Para personas que en aquél entonces la vida significaba ser algo volátil, era de suma importancia obtener percepciones, sobre todo entorno a matrimonios, suerte, salud y muerte. Los druidas igual que los sacerdotes dotados de obtener visiones de aquello que aún estaba por ocurrir, eran sumamente respetados y admirados por todos los miembros de la tribu de aquella época. Fue la iglesia católica la que se ocupó, unos siglos después, de quemar a todo aquel que afirmaba tener ciertos poderes en la hoguera.

Estas personas necesitaban una seguridad, un camino al que seguir durante los largos y oscuros meses de invierno. Para conmemorar este acontecimiento crearon grandes hogueras dónde los miembros de los clanes quemaban el grano y animales muertos como ofrenda hacía los dioses, mientras llevaban pieles y se escondian bajo antifaces de animales. La razón por la cual se disfrazaban, era porque los espíritus malvados vagaban libremente por el mundo de los vivos y de está única manera podían esconderse e incluso causarles miedo. Dentro de sus casas solían encender velas para protegerse de los fantasmas y también para que tal vez, ellos pudieran encontrar el camino de vuelta hacía la luz eterna a través de la llama.


El término "Trick or Treat" - "Truco o Trato", proviene de cuando los vivos temían a lo que las brujas o espíritus podrían llegar a hacerles, si no honraban como era debido el mundo de los muertos. Los duendes eran y siguen siendo famosos por causar algún que otro estrago y fue justamente por ese motivo, que las personas les dejaban alguna ofrenda, como por ejemplo comida o golosinas. Así se aseguraban de que ningún mal recaería sobre ellos... o al menos eso esperaban.


Pero porque relacionamos frutas y frutos secos con la noche de Halloween?
Sus tradiciones mayoritariamente suelen incluir coronas y adornos llenos de manzanas y nueces.
Los tres frutos más sagrados para los Celtas era la bellota, la manzana y la nuez. Especialmente la avellana, que incluso fue considerada una diosa, y la bellota sagrada por su conexión con el mágico roble. Pero igualmente asociamos estos frutos con la noche de las brujas por estar enlazado con el imperio Romano.
En 43 AD el Imperio Romano conquistó la mayoría de los territorios celtas. Durante el periodo de Britania, unos aprox. 400 años, dos festividades de origen romano se unieron a la noche celta de Samhein. La primera es Feralia, día festivo que se celebró durante el mes de octubre, cuando los romanos conmemoraban a los muertos. La segunda festividad era el día para honrar a Pomona, la diosa romana de frutas y arboles.


El símbolo de Pomona es la manzana. Su incorporación al Samhein explica quizás el juego para niños denominado como "Morder la manzana", que habitualmente se suele hacer en Halloween. En ese juego una bañera se llena de agua mientras se introducen muchas manzanas. Debido a que las manzanas son menos densas que el agua, flotan en su superficie. Los participantes del juego (normalmente niños) intentan atrapar alguna manzana con sus dientes y para evitar trampas, se atan las manos de los jugadores a la espalda.


Así como veis, cada cosa, cada anécdota que hacemos hoy y nos pasa por desapercibido, tiene su propia conexión hacía el pasado. De alguna manera es nuestro pase directo o indirecto al pasado.

El mismísimo nombre de "Halloween" tiene su porque. La razón nació el 13 de mayo de 609 DC, cuando el papa Bonifacio IV dedicó el panteón de Roma a los mártires del Cristianismo. De ese modo se creó el día de los mártires. 100 años más tarde el Papa Gregorio expandió ese día, creando también el Día de todos los Santos y lo trasladaron del 13 de mayo al 1 de noviembre. En el año 1000 la iglesia fundó el día de "Todos los santos", un día para honrar a los muertos. Se cree que este día se estableció para poder suprimir el día de Samhein, inventado por los Celtas y por lo tanto no-cristiano y tener un día para el mismo fin, pero creado por la Iglesia Católica. El Día de todos los Santos fue celebrado de una manera similar, con hogueras, disfraces de ángeles y demonios. Este día también fue conocido como "All hallows" y la noche anterior a éste, la noche de Samhein, comenzó a llamarse "All hallows Eve" - ("Víspera de todos los santos") - y poco tiempo después se convirtió en Halloween.

Incluso la calabaza tallada a mano con diferentes muecas tenebrosas o no tan tenebrosas, tiene su origen en la folclore irlandesa.
Cada octubre nos encontramos con un sin fin de calabazas que por alguna razón u otra siempre consiguen hacernos sonreír. Los vemos en los grandes almacenes, en las entradas de las casas, escondidas en coronas llenos de frutos y hojas otoñales colgadas en las puertas y quizás en nuestro propio hogar.


Pero estas calabazas tienen además su propio nombre. Se denominan "Jack O' Lanterns".
El viejo relato de la folclore dice así:
Erase una vez, un astuto pero siempre borracho irlandés llamado Jack.
Un día Jack se encontró con el mismísimo diablo en un pub. Jack invitó al diablo a tomarse una cerveza con el. Pero después Jack no tenía suficiente dinero para pagar lo que habían tomado, así que pidió al diablo convertirse en una moneda y pagarle así al tabernero. En cuanto el diablo asintió y se convirtió en moneda, Jack cambio de opinión y prefirió quedársela. Metió la moneda en su bolsillo junto con una cruz de plata, que impidió al diablo convertirse de nuevo en su antigua forma. Un tiempo después Jack liberó al diablo, pero bajo la condición de que no le iba a molestar durante 1 año. Al año siguiente Jack se volvió a encontrar con el diablo y esta vez Jack le pidió que subiera a un árbol para bajarle una manzana. Mientras el diablo se encontraba en la copa del árbol, Jack talló una cruz en el tronco, para así impedir que pudiera bajar, a no ser que le jurara que durante 10 años no lo iba a volver a ver. El diablo accedió, bajó del árbol y desapareció. Un tiempo después Jack murió.
Dice la leyenda que Jack apunto de adentrarse en el cielo fue expulsado directamente por Dios, por haber sido una persona tan indecente mientras vivía.
Llegando a las puertas del infierno, también fue rechazado por el mismísimo diablo por lo que su alma estuvo condenada a vagar por la tierra sin rumbo y dirección hasta el final de los días.
Deambulando por la tierra entre una oscuridad absoluta, el diablo apiadándose del alma solitario, le ofreció un carbón ardiendo con el fin de iluminarle el camino. Jack tropezándose con un colirrábano en medio de unas tierras, colocó la llama en su interior. Desde entonces Jack deambula triste y abandonado por ambos, Dios y el diablo, nada más que acompañado de un colirrábano iluminado por un trozo de carbón, buscando desesperadamente la manera de descansar en paz.
Los irlandeses comenzaron a llamar al alma solitaria que veían por las noches "Jack of the lantern" - (Jack de la farola), quedándose después en Jack O' Lantern.

Colirrábano de Halloween

Los irlandeses y los escoceses dieron comienzo a crear sus propios Jack O' Lantern, a base de tallar caras en diferentes coles o incluso papas y colocándolos en los alféizar de sus ventanas para ahuyentar al propio Jack u otros espíritus.

Un tiempo después muchos irlandeses migraron a Estados Unidos llevándose con ellos el folclore celta al nuevo continente. Fue ahí cuando vieron por vez primera a la calabaza que les pareció una manera más bonita y más fácil para convertirlas en Jack O' Lanterns. Las calabazas eran más fáciles de vaciar y para tallar muecas en ellas. De ese modo nació la leyenda de las calabazas de Halloween.


Hoy en día Irlanda es el único país del mundo, dónde Halloween se celebra como día festivo nacional. Los niños no acuden al colegio durante toda la semana de Halloween.

Aunque muchos de los rituales antiguos han conseguido sobrevivir al paso del tiempo, no obstante algo cambiados, existen algunas tradiciones y creencias que no llegaron tan lejos. Muchos rituales consistieron en descubrir el futuro de los vivos, mayoritariamente el de las mujeres.
Otros ritos eran para ayudar a jóvenes a encontrar su futuro marido y asegurarse con algo de suerte, estar casadas hasta el próximo Halloween.

En Irlanda del siglo 18 solían colocar un anillo en el puré de papas durante la noche de Halloween. El comensal quién lo iba a descubrir, se aseguraba encontrar al amor verdadero.

Diferentes adivinos en Escocia recomendaban a las jóvenes nombrar a una sucesión de avellanas por el nombre de sus admiradores y después colocarlas todas en la chimenea. La avellana que no explotaba y que en cambio se quemaba hasta las cenizas representaba el hombre con el que se iba a casar finalmente.
Otro ritual decía, si una mujer se comía una mezcla de avellanas, nueces y nuez moscada antes de acostarse la noche de Halloween, soñaría con su futuro marido.

Soy consciente de que si hubiera publicado este artículo unos siglos atrás me hubieran quemado en la hoguera, pero aprovechando que estamos en el siglo 21 lo dejo ahí, para quién le interese, quién le parezca fascinante, quién le guste lo desconocido y sobre todo a todo aquel a quién le guste soñar. :-)

Os deseo a todos un terrible y tenebroso Halloween :-)





La Matanza de Glen Coe

viernes, 16 de septiembre de 2016

La Matanza de Glen Coe

Queridos lectores, en estos últimos meses he podido viajar por el tiempo, gracias a las palabras cautivadoras de unos cuantos libros, a una serie mágica llamada "Outlander" y a dos viajes inolvidables hacía la bella y misteriosa Escocia.
Cada una de estas vivencias, cada página leída, cada cardo que se cruzaba en mi camino hacia el maravilloso Dunnottar Castle, aportaron su granito de arena para que me viera a mi misma traspasando la suntuosa corte de Isabel I de Inglaterra en el siglo 16, hasta llegar al reinado de Guillermo III de Orange en el siglo 17.


Fue entonces, cuando descubrí la trágica historia sobre la Matanza de Glen Coe.
Un relato difícil de olvidar, un hecho que deambulaba por mi mente, llenándome de asombro y pena por aquellos que perdieron su vida entre las montañas gigantescas de las Tierras Altas.

Ahora me gustaría compartirlo con ustedes, para que no quede en el olvido, para inmortalizar tanto la valentía de algunos, como la cobardía de otros.
Esa es la esencia de este blog, no olvidar, nunca dejar de descubrir y honrar todo aquello y aquel que marcó la historia de nuestro mundo.

Estoy segura que muchos de ustedes desconocen esta historia, al igual que yo hace tan solo unos meses. Pero es por ello, que os digo, que después de mostrárosla, no volvereis a ser los mismos.

Los origines de este relato comenzaron a base del movimiento político denominado como "Jacobismo", llamado así por el rey católico Jacobo II, dominando los países de Inglaterra, Escocia e Irlanda.



Fue el destronamiento de Jacobo II en 1688 y la sustitución por la reina Maria II de religion protestante, que dio comienzo al levantamiento jacobita. Estos rebeliones tuvieron lugar en Gran Bretaña e Irlanda para devolver el trono al rey católico Jacobo II y el de sus herederos. El levantamiento de los llamados jacobitas contra el Gobierno Británico duró desde 1688 hasta 1746.
Como consecuencia de esta revolución, Jacobo II huyó a Francia, intentando en reiteradas ocasiones regresar a su país. Seis años más tarde fallece Maria II y le sucede su marido Guillermo, perteneciente a la casa Orange-Nassau (Holanda). Los partidarios de este movimiento se encontraron mayoritariamente en las Tierras Altas de Escocia, pero también en las Tierras Bajas. Asimismo encontraron apoyo en Irlanda, en algunas partes del norte y del suroeste de Inglaterra y en Gales.

Jacobo II de Inglaterra

Tras la batalla de Cromdale, el 1 de mayo de 1690, en la cual los jacobitas fueron derrotados fuertemente, Guillermo III ofreció a todos los clanes de las Tierras Altas de Escocia un perdón por haber participado en las rebeliones, siempre y cuando firmaran un juramento de lealtad antes del 1 de enero de 1692 en presencia de un magistrado. Les dejó también bien claro, que para quienes no iban a firmar el juramento, serian ejecutados por traición.

Guillermo III de Orange

Los jefes de los clanes, encontrándose entre la espada y la pared, acudieron a Jacobo, que se encontraba de exilio en Francia, esperando su aprobación para poder firmar el testimonio de lealtad.
Pues bien a pesar de su coraje y valentía sabían, que de ello dependería sus vidas y el futuro de toda una nación. Pero Jacobo dudó, indeciso sobre que hacer.
Éste estaba seguro, de que iba poder volver a Escocia y recuperar el trono del que le habían arrojado. Pero el tiempo pasó y los escoces temían sobre que les iba a ocurrir, sino firmaban el juramento.

En las Tierras Altas no se hablaba de otra cosa, mientras el invierno acechaba a los Highlanders. Los miembros de los clanes se encontraban divididos. Muchos querían firmar el juramento para poder vivir en paz, mientras que otros no se veían dispuestos a ejercer semejante traición contra Escocia y Jacobo.
Cuando al fin éste se percató de que no iba a poder regresar a Escocia, mandó ordenes a los jefes de los clanes para firmar el juramento. Pero debido a las difíciles y duras condiciones invernales, esta noticia les llegó a mediados de diciembre de 1691, tan solo unas 2 semanas antes de la fecha límite.

A pesar de ello, muchos de los clanes consiguieron prestar juramento de su lealtad dentro del plazo establecido. Pero algunos no, y uno de ellos fue el clan de los MacDonald.

Los MacDonald fueron uno de los clanes más rebeldes y más temidos no solo por el Gobierno Británico, sino también por el clan vecino Los Campbells, que se hicieron aliados de los ingleses, compartiendo el odio hacía los clanes de las Tierras Altas.

Ilustración victoriana de un miembo del clan MacDonald

Alasdair Ruadh Maclain Macdonald, jefe del clan MacDonald, esperó hasta el último día para firmar el juramento. Hay quién dice, que tal vez esperaron hasta el último día para demostrar su desagrado sobre esta "amenaza" y dejar constancia, que ellos tal vez iban a prestar juramento, pero que esta situación no se iba a quedar así.
Eran tiempos difíciles para los escoceses. Su país había sido invadido y fueron obligados a jurar lealtad al rey holandés de Inglaterra, que estaba en contra del Catolicismo, de la Casa Estuardo, de las Tierras Altas y de los Franceses (por aquel entonces aliados de los escoceses). Estaba claro, que los escoceses, acostumbrados a la libertad y a vivir bajo la protección y reglamentos de los jefes de sus propios clanes, no se iban a rendir tan fácilmente, pero a su vez los ingleses tampoco eran fáciles de persuadir.
De ese modo, Alasdair Maclain, finalmente partió un gélido 31 de diciembre de 1691 hacía Fort William, dónde inicialmente le dijeron que tenía que ir. Pero una vez llegado a Fort William, el gobernador le dijo que el no estaba autorizado a recibir el juramento y que tenía que acudir urgentemente al pueblo de Inveraray, dónde al parecer sí podía hacer su voto de fidelidad. Existen rumores que afirman, que tal declaración se le había dicho a Alasdair, con el fin de que llegara tarde para entregar su firma.

Al jefe del Clan no quedó más remedio, que trasladarse desde Fort William a Inveraray, una distancia de aproximadamente 115 km en caballo por las Tierras Altas en pleno invierno. Supongo que no es necesario describiros las condiciones climáticas de un día como el 31 de diciembre en el corazón de las Tierras Altas de Escocia.

Las Tierras Altas en Invierno

Independientemente del frío entumecido que habrá sentido Alasdair, también habría que añadir la desesperación por llegar a su destino a tiempo, por miedo a las consecuencias que conllevaría el incumplimiento de no hacerlo. Y mientras mantuvo el futuro de todo un clan en sus manos heladas ese sombrío día de diciembre, supo con certeza, que había sido no solamente engañado, sino también convertido en un hazmerreír entre las sucias bocas de los Casacas Rojas.

Al fin Alasdair Maclain llegó a Inveraray, pero como era de esperar, tres días tarde. Su demora se debía en parte al mal tiempo, pero también por haber estado detenido en el castillo de Balcardine con la primera compañía del Regimiento de Infantería de Argyl para asegurar su tardanza.
El juez municipal, Sir Colin Campbell, que debía recoger el testimonio, también llegó tarde, demorándose aún más que el propio Alasdair. Mientras éste temía por el mañana del clan MacDonald, Sir Colin Campbell disfrutó de un esplendido y cálido Año Nuevo junto a su familia, retrasándose así 3 días más.

Balcardine Castle

Finalmente tras la llegada del Sr. Campbell a Inveraray, el jefe del clan MacDonald dejó constancia de su fidelidad hacía el extranjero rey holandés, asegurándose así la traición hacía todo aquello, que significaba ser escoces, pero a su vez también la tranquilidad para los suyos. O al menos eso fue lo que el pensó.

Con el corazón abatido pero al mismo instante aliviado, se alejó de Inveraray con dirección a lo que era su hogar: Glen Coe.
No era de extrañar, que muchos sentían envidia hacía los MacDonald, teniendo como hogar al lugar de Glen Coe.
Se considera uno de los paisajes más bellos y espectaculares no solo de Escocia, sino del mundo entero.

Bidean Nam Bian - Las llamadas "3 hermanas de Glen Coe"  

Empinadas montañas elevándose hacía el cielo, redondeando un valle dónde posiblemente residan hadas y espíritus de la naturaleza. Un lugar virgen, sin mancha ni defecto, se eleva sin piedad hacía la atmósfera. El río Coe que atraviesa el valle, crea cascadas hermosas que se deslizan sobre unas rocas más antiguas aún que el tiempo.

El valle de Glen Coe

Yo he estado ahí y lo he visto con mis propios ojos y os aseguro, que una vez visto Glen Coe todo lo demás no tiene relevancia. Contemplando esas montañas, ya nada importa, ni nosotros ni el tiempo, tienen algún significado para ellos.
Y cuando algún día todo este maravilloso caos en el que vivimos día a día desaparezca y no quede rastro de nosotros, ellos seguirán estando ahí, desafiando al mismo universo.


Así pues, Alasdair llegó a casa, apaciguando de esa manera a todo aquel que se llamase MacDonald.

Pasaron las semanas y cuando la tranquilidad se volvió a expandir por el clan en el corazón de Glen Coe, llegaron unos aproximadamente 120 hombres, pertenecientes a las compañías del regimiento de infantería, bajo el mando del capitán Robert Campbell of Glenlyon, con el fin de colectar los impuestos. El clan MacDonald los recibió con la tradicional hospitalidad, tal y como solía ser la costumbre en las Tierras Altas.
El capitán Campbell era pariente de los MacDonald, por lo que no era inusual que se alojara con ellos.
Durante 14 días, Campbell visitaba la casa de Alexander MacDonald, el hijo menor del jefe del clan, que estaba casado con la sobrina del capitán, hermana del célebre Rob Roy MacGregor.
Mientras los soldados se hospedaban en las casas del clan, recibían no solo comida y bebida, que teniendo en cuenta el mes del año en el que se encontraban no les sobraba, sino también su confianza y lealtad.

Robert Campbell de Glenlyon

Los Casacas Rojas dormían en sus camas y se alimentaron de sus provisiones. Jugaban alegremente a las cartas con los MacDonald todas las tardes hasta las altas horas de la noche, mientras brindaban con sus cervezas oscuras por una vida mejor.

Soldado británico portando una casaca roja 

En la noche del 12 de febrero de 1692 llegó también el Capitán Drummond, uniéndose a sus anfitriones y a sus camaradas, pasando el tiempo jugando a juegos de mesa. Unas horas después, éste les deseó unas buenas noches, aceptó además una invitación para comer con el jefe del clan el día siguiente retirándose a sus aposentos.

Esa misma noche, cuando todo el clan MacDonald se encontraba en sus camas pacíficamente dormido, sin motivo aparente ni advertencia alguna, se levantaron sus huéspedes, sacando sus espadas resplandecientes, asesinando a todos y a cada uno de ellos.
El clan, desprotegido, desarmado e indefenso fue degollado igual de frío, que el viento que soplaba como un maníaco fuera en el valle de Glen Coe.

Alasdair, el jefe del Clan, fue asesinado en su cama, recién despertado a causa de los gritos y disparos de los mosquetes. Tras su muerte, los asesinos violaron a su mujer, intentando también robarle un anillo de oro que llevaba. Dada su fuerte resistencia, los soldados no dudaron en cortarle el dedo y arrollándola desarropada en medio de la ventisca de nieve dónde murió de frío.


Muchas mujeres y niños del clan horrorizados y desesperados salieron de sus casas, intentando huir de aquella matanza para adentrarse en el gélido invierno de 1692. Sus casas fueron quemadas, igual que su ganado y todo aquello que se les pusiera en su camino a las Casacas Rojas.
Unas 40 personas del clan MacDonald fueron asesinadas a sangre fría esta noche. Otras 40 murieron de frío, mientras intentaban escapar de las balas de los mosquetes.



La simple idea de asesinar a los que le habían dado un techo dónde refugiarse y un plato de comida caliente durante 2 semanas con la tradicional amabilidad de las Tierras Altas había sido tan despiadada y cruel, que hasta los propios soldados del 1 y 2 Regimiento encontraron alguna que otra manera para poder avisar a sus anfitriones. Incluso 2 lugartenientes, Francis Farquhar y Gilbert Kennedy rompieron sus espadas antes de formar parte de esta matanza.


Los principales culpables de este acontecimiento aterrador y fríamente planeado, fue el ministro y abogado, John Dalrymple. El residía en las Tierras Bajas y odiaba a todo aquel que vivía en las Tierras Altas. Creía, que el estilo de vida de las Tierras Altas era un obstáculo para la prosperidad de Escocia. Además opinaba, que Escocia solo podía progresar con la ayuda de sus vecinos, los ingleses.
El se había quedado profundamente decepcionado cuando descubrió, que los MacDonald habían realmente firmado el juramento de lealtad, ya que entonces no disponía de motivo para poder aniquilarlos.

John Dalrymple, 1er conde de Stair

Dalrymple encontró la manera de declarar el juramento que había hecho Alasdair inválido y persuadió al rey Guillermo a firmar una orden para "extirpar" al clan de Glen Coe.
El único deseo de Dalrymple había sido derrotar al supuesto "peor de los peores" clanes.

Las ordenes fueron enviadas al Capitán Robert Campbell de Glenlyon, que igual que Dalrymple pertenecía a las Tierras Bajas de Escocia y detestaba a las Tierras Altas y más aún al clan MacDonald.

La nota decía lo siguiente;

"Por la presente, le ordeno a caer sobre los rebeldes del clan MacDonald de Glencoe y asesinar a todos menores de 70 años. Deberá tener un cuidado especial para que no se escapen "el viejo zorro" (Alasdair MacIain), y sus hijos. Deberá eliminar cualquier posibilidad de huida. Esto lo deberá cumplir a las cinco de la mañana en punto. No espere por mi. Estas son las ordenes concretas del rey, para el bien y la seguridad de esta nación. Estos villanos tendrán que ser aniquilados desde la raíz. Ocúpese, para que éstos ordenes se cumplen sin dudar. En caso contrario, será reconocido como alguien desleal al rey y a su Gobierno, un hombre indispuesto a estar en el servicio del rey. 
A la espera de su cumplimiento, firmo lo presente con mi propio mano."


John Dalrymple
Carta original de John Dalrymple


Bajo la ley de Escocia existía una categoría especial de asesinato, conocida como "asesinato bajo confianza". Esto fue considerado como algo aún más abominable, que el asesinato común.
La matanza de Glen Coe fue estimada como tal.

El objetivo de esta investigación fue llevada a cabo para poder asignar la culpabilidad a los responsables del masacre, sin embargo, había sido el rey que firmó las ordenes para ejecutar dicho crimen. Y este, como os podéis imaginar, no podía ser juzgado.
Finalmente el rey fue exonerado y la culpa se transmitió al ministro John Dalrymple. El Parlamento escocés, tras estudiar el informe, declaró la ejecución del clan MacDonald como asesinato. Un escrito fue enviado al rey con posibles penalizaciones para los culpables e indemnizaciónes para los supervivientes del clan.
Hasta el día de hoy estas propuestas nunca se ejecutaron, excepto el encarcelamiento de John Campbel, conde de Breadalbane, por un par de días en el castillo de Edimburgo.

Deciros que éstas fueron las últimas gotas de sangre derramadas por la causa de los Jacobitas, me haría muy feliz, sin embargo no fue exactamente así como sucedió.
Este acontecimiento tan solo fue el principio de un movimiento anti-gaélico, que no solo iba a destruir el sistema de los clanes, como se conocía hasta entonces, sino también la invención de prohibir hacer uso del Kilt, del Tartán, del gaélico y llegando quizás a lo más extremo, la prohibición de tocar la gaita.

Lugar conmemorativo en Glen Coe


Aunque después de aquel entonces, Escocia nunca volvió a ser lo mismo, sí que existen unas cosas que nada pudo cambiar.
La valentía de los escoces, el amor incondicional que sienten por su patria y la belleza que deambula por sus páramos, montañas, lagos e incontables castillos. Puedes arrebatarle a un escocés todo lo que significa ser gaélico, pero nunca de su honor de serlo, ya que para ello tendrías que llevarte su alma y eso por suerte es algo inasequible para cualquier mortal.

A quiénes le gustarían leer más sobre la historia de Glen Coe, os recomiendo una novela histórica maravillosa y fascinante que hará volar vuestra imaginación hacía Escocia y más allá.