La Gran Hambruna de Irlanda, la tierra del olvido - An Gorta Mór

lunes, 3 de julio de 2017

La Gran Hambruna de Irlanda, la tierra del olvido - An Gorta Mór

Tras dedicar mi última entrada a la época victoriana a la cual admiro profundamente, hoy me gustaría complaceros acercándoos un poco más a esa era tan revolucionaria y a la par romántica. Por desgracia, las palabras que llenan este artículo, no pueden encontrarse más lejos del romanticismo o de inventos revolucionarios. Esta vez, viajaremos a la Isla Esmeralda o más bien conocida como Irlanda y giramos nuestros relojes hacía 1845.

Muchos de ustedes habrán oído algo, aunque fuera en un frágil susurro, sobre la Gran Hambruna que devastó Irlanda entre los años 1845 - 1852. Pero que sabemos exactamente de ello? Que ocurrió? A razón de que comenzó la hambruna? Acaso hubo muertos?

Tan solo unas semanas atrás, sabía tanto como muchos de ustedes, pero fue entonces cuando leyendo sobre la historia de Irlanda, me tropecé con aquel catastrófico acontecimiento, que cambió la historia de esta isla celta para siempre.
Ni por asomo, ni por un segundo siquiera me hubiera podido imaginar, lo que les ocurrió a los habitantes de aquellos valles verdes, que enlazan en acantilados salvajes emergidos en la bruma del mar atlántico.


Tratándose de una de las hambrunas más grandes de la historia de la humanidad, perseguí no sólo los consejos de mi corazón, sino también y sobre todo los de mi consciencia y comencé a redactar un nuevo artículo.

Factores éticos, religiosos, políticos, sociales y económicos contribuyeron a la vez en una red de conspiración, para aniquilar la cultura gaélica.

Como dijo John A. Macdonald, primer ministro de Canadá a mediados del siglo 19:

"Convince the Red Man that the White Man rules".
"Convencer al pelirrojo que el hombre blanco manda"
 Prohibida la entrada a irlandeses, negros y perros

Todo comenzó en 1801, cuando se aprobó el Acta de Unión, que formalizó la unión del Reino de Gran Bretaña y el Reino de Irlanda en uno solo.

El poder ejecutivo se encontraba en las manos del Lord teniente de Irlanda y del Jefe de Secretaría de Irlanda. Éstos, fueron nombrados por el gobierno británico. Irlanda mandó 105 miembros del parlamento a la Cámara de los Comuneros del Reino Unido y representantes de la nobleza irlandesa, convocaron a 28 personas de su propio rango, para formar parte de la Cámara de los Lores de por vida.
Es importante mencionar que entre 1832 y 1859 el 70% de los representantes de Irlanda fueron terratenientes o los hijos de éstos.
Pasaron unos 40 años desde el inicio de la unión del Reino de Gran Bretaña, cuando el gobierno debatió sobre las dificultades de regir un país, que como dijo Benjamin Disraeli "Una población que pasa hambre y siguiendo a una iglesia diferente a la nuestra, cuya aristocracia se encuentra ausente y para colmo teniendo el poder ejecutivo más débil del mundo".

Como si el destino estuviera jugando al ajedrez, como gota a gota que colma el vaso, cada una de las decisiones que tomaron, cada palabra publicada en "The Times", cada corriente de aire que empujaba los barcos repletos de inmigrantes irlandeses hacía el sueño americano y cada cosecha desafortunada, puso su grano de arena para preparar la catástrofe, que estaba apunto de comenzar.

También las leyes penales se unieron a los juegos del hambre, restringiendo los derechos a los irlandeses católicos. A éstos les fue prohibido, comprar o arrendar tierras, votar, dirigir puestos oficiales, vivir a menos de 8 kilómetros de distancia de pueblos comunales, recibir educación, integrarse al mercado laboral y otros elementos necesarios, para que una persona pueda prosperar y enriquecerse no solo económicamente, sino también de forma individual y personal. Progresar no solo en el ámbito laboral, sino también en el cultural y social, en los momentos más íntimos del día a día, en los que soñamos, deseamos y nuestro afán por querer cumplirlos. El mero derecho a la esperanza era algo, que un irlandés en 1845 no se podía permitir.
Leyes penales contra los irlandeses católicos 

El destino sigue moviendo sus fichas en el desmedido tablero de la vida y en el siglo 18 se introduce finalmente "El sistema de los intermediarios". Los mediadores supervisaban y manejaban las propiedades de los terratenientes, que mayoritariamente se encontraban ausentes.
De ese modo, los propietarios recibían regularmente las correspondientes rentas, sin tener que preocuparse por las responsabilidades, mientras que los arrendatarios quedaban a merced del los mediadores.
Por entonces el 80% de la población de Irlanda consistía en católicos, que vivían en condiciones de pobreza e inseguridad, mientras que el 20% restante formaba "El dominio protestante". Éstos, eran familias inglesas o anglo-irlandesas, que dominaban prácticamente todas las tierras del país y que directa- o indirectamente ejercían poder sobre sus arrendatarios.

En 1843 el Gobierno Británico consideró, que la división y el mantenimiento de las tierras de Irlanda, fue la base que creó el descontento en el país. Creando un comité, examinaron las leyes pertenecientes a la actividad de los terrenos, sin embargo Daniel O'Connel describió éste como:

"Perfectamente unilateral, consistiendo exclusivamente de terratenientes, mientras que nadie representaba a los arrendatarios".

En Febrero de 1845 reportaron:
"Sería imposible poder describir las carencias y las penurias con las que tienen que vivir habitualmente y en silencio los trabajadores y sus familias...en muchos distritos su única comida es la papa, su única bebida el agua. Sus cabañas rara vez los protegen del tiempo. Una cama o una manta suponía un lujo de lo que pocos se podían contentar."

El comité declaró, que responsable de dichas escaseces era la mala relación entre los terratenientes y los arrendatarios. Dado que Irlanda había sido un país conquistado, sentimientos como la lealtad, responsabilidades feudales o la moderación sobre la tradición del paternalismo, no existía como por ejemplo en Inglaterra. Observaron además, que los terratenientes vieron en las tierras de Irlanda sencillamente como una fuente de ingresos, de las cuales habría que extraer todo lo que se podía y quizás aún más allá. Asociaban Irlanda con palabras tan simples pero directas como riqueza, propiedades, rendimiento y explotación. Abusaban de los terrenos vírgenes de Irlanda, llenándose con ello sus bolsillos ingleses con la sangre y sudor irlandés.

Las rentas recibidas por las tierras celtas cuyo importe se valoraba en 6.000.000 libras esterlinas en el año 1842, se empleaban como era de esperar fuera de Irlanda. La habilidad de cada intermediario se medía a través de las rentas, que podían exprimir a los inquilinos. Fueron conocidos como "chupa-sangres" y "la clase más represiva de tirano que jamás haya contribuido en destruir un país entero".

Los intermediarios alquilaban los terrenos de los terratenientes como les convenía. Alquilaban grandes parcelas de tierra y luego las subarrendaban a su gusto. Dividían los terrenos una y otra vez con el fin de obtener más rentas.
Los propietarios poseían un poder absoluto sobre sus inquilinos. Abusaban de sus derechos sin el menor arrepentimiento. Los inquilinos vivían en un miedo constante.

Mientras la represión continuaba expandiéndose por la isla, los terrenos se dividían cada vez más. Llegaba a tal extremo, que dada las dimensiones reducidas de las tierras que cada inquilino manejaba, no podían cultivar otro alimento, que no fuera el de la papa. El monocultivo llegó finalmente a Irlanda, dónde dadas las circunstancias solo era la papa la que podía alimentar una familia entera. El terreno que le quedaba a cada familia, era demasiado reducido e insuficiente para poder plantar otro sustento, que no fuera el de la papa. De pronto, sus vidas dependían de esa planta alimenticia y más aún en el frío y desolado invierno. La papa se convirtió en el alimento principal para las familias de Irlanda. El cultivo de éstas requería poco abono y podía crecer también en tierras desfavorables. A parte de ello, nutritivamente hablando es extraordinaria. Si a esta planta, tan solo se le añade un poco de leche, alberga las suficientes proteínas, carbohidratos, energía y minerales, para que una persona pueda obtener una dieta sana y equilibrada.

Un granjero a mediados del siglo 17 solía comer un plato al día que contenía papas. En el siglo 18 éste se convertía en dos. En 1840 cuando la adquisición de leche o avena era tristemente algo limitado, las raciones en las que un granjero irlandés comía papas y solo papas, se convertían en 3. Desayuno, almuerzo y cena. Esto equivalía a unos 5 a 6 kilos por día.

Las tierras celtas de Irlanda fueron usadas durante siglos para el pasto de las vacas. Los ingleses colonizaron Irlanda y transformaron la mayoría de su paisaje en terrenos desmedidos para la crianza de vacas. Así pudieron saciar las bocas hambrientas de los consumidores ingleses. La excesiva afición de los ingleses hacía la carne de vacuno, engendró un gran impacto entre los empobrecidos irlandeses. Los colonos explotaban los destacados y mejores terrenos de pasto para cultivar vacas, que luego eran exportadas a Inglaterra y dejaban las tierras marginales a los irlandeses para el cultivo de papas.

Pero a pesar de todo, lo que habéis leído hasta este momento es tan solo el principio de algo, que podría llegar a llamarse genocidio.

El hambre en Irlanda no había hecho más que empezar.
Miramos hacía septiembre de 1845... hacía el condado de Galway, situado en la costa oeste del país. El sol acababa de salir, al igual que el granjero del que hablaremos a continuación. Hace fresco, pero el viento aún es agradable. El agricultor enérgico pero decaído, optimista pero abatido, supervisa su cultivo de papas con sus manos quebradas, cuando observa inesperadamente, que algunas hojas se habían teñido de negro.
Otras se habían encrespado y otras daban comienzo a la putrefacción.
Este acontecimiento también les ocurrió a sus vecinos, y también a los vecinos de éstos, atravesando el condado de Mayo, Sligo, Donegal y finalmente los 22 condados restantes de Irlanda.

 Tizón Tardío

Inicialmente culpaban a la niebla, que se había extendido sobre los valles de Irlanda unos días atrás.
Pero lo cierto es, que se trataba de un parásito, que produce una enfermedad conocida como tizón tardío. Este organismo llamado phytophthora infestans, infecta a las papas, causando importantes e inigualables pérdidas. Un parásito desconocido antes de 1844, se engendró en México dónde inicialmente fue transportado a Norte América y después a Europa.
Los periódicos europeos ya habían anunciado algún que otro artículo sobre una plaga, que atacó las papas de Norte América durante dos años.
Fue entonces, cuando los barcos que zarparon desde Filadelfia, Baltimore y Nueva York posiblemente contaminados del parásito, atracaron en los puertos de Europa. Éste, se apresuraba como la rapidez de la luz y a mediados de 1845 ya comenzaron a aparecer las primeras cosechas podridas en Bélgica, Holanda, el norte de Francia, el sur de Inglaterra y al fin Irlanda.

Los fuertes vientos del sur de Inglaterra, transportaron sus organismos reproductores de esporas infecciosas inicialmente a las afueras de Dublin y se multiplicaron a millones con la ayuda de cada simple brisa y de cada chubasco. Bajo estas condiciones perfectas, una única papa infectada, podía contagiar en un par de días a miles más. Con la ayuda de la lluvia fuerte y veloz, las esporas se arrastraron hasta el suelo, cubriendo toda Irlanda con el hedor de la muerte.

Papa infectada por tizón tardío

Los agricultores irlandeses sacaban las papas de las tierras y a pesar de las hojas negras y podridas parecían comestibles, pero el tizón tardío también se difundió en la tierra e hizo que las papas se atrofiaran y se descompusieran unos días después, convirtiéndose en una masa maloliente y putrefacta.

Pocas semanas después, las noticias devastadoras llegaron a Londres. El por aquel entonces Primer Ministro, Sir Robert Peel, anunció que los reportajes le parecían "muy alarmantes" pero aseguró "que los irlandeses siempre tienden a exagerar sus noticias".

Sir Robert Peel

Tan solo 3 meses después de la llegada del parásito, estimaron la destrucción a más de un tercio de la cosecha entera de papas en Irlanda.
Unos meses más tarde, en 1846, un tres cuartos de la recolección de papas en Irlanda se había perdido.
Los irlandeses nunca antes habían experimentado semejante pérdida de cosecha, que se había extendido por todo el país entero. Aún tras esta catástrofe seguían esperanzadores, porque creían que como en otras ocasiones, iba a desparecer igual de rápido que apareció. Pero ojalá, alguien les hubiera avisado, de que estaban más que equivocados.

A igual que los irlandeses, los ingleses querían creer que este acontecimiento desafortunado iba a ser temporal, por lo que crearon medidas escuetas para intentar auxiliar a su país vecino.

El gobierno de Dublín trasladó un escrito a la reina Victoria, rogándole convocar al parlamento con la petición de crear puestos de trabajo en Irlanda, en especial líneas ferroviarias.
El concejo municipal de Belfast, también se reunió e hizo las mismas sugerencias, pero como John Mitchel, miembro y líder del mismo declaró "Nadie pregunta por caridad. Si Irlanda realmente forma una parte íntegra del reino, se debería hacer uso del tesoro público pertenecientes a las dos islas. No para donar limosnas, sino para crear puestos de trabajo en funciones públicas de utilidad general. Si los condados de Yorkshire y Lancashire en Inglaterra hubieran experimentado una catástrofe similar, no cabría la menor duda, medidas como estás se hubieran aplicado al instante y libremente."
John Mitchel, activista del nacionalismo de Irlanda 

A finales de 1845, la delegación del pueblo de Dublin se unió con el Lord Teniente de Irlanda, para sugerir propuestas tales como, abrir los puertos de Irlanda para la importación de grano extranjero, impedir la destilación del mismo, prohibir la exportación de los alimentos y facilitar puestos de trabajo a través de obras públicas.
Sin embargo, el Lord Teniente insistió en no alarmarse y no tomar medidas anticipadas, dado que la policía, al igual que los becarios de alto cargo ya estaban supervisando el asunto y que de momento"no había necesidad de apresurarse".

En febrero de 1846 John Mitchel anunció "con que imprudencia se estaba manejando la hambruna", preguntándose si el gobierno aún no se había dado cuenta "de los millones de personas de Irlanda que no tenían nada para comer".

Mitchel publicó un artículo el 7 de marzo de 1846 en el que dice "Los irlandeses esperan la llegada de la hambruna en cualquier momento, lo atribuyen no a la voluntad de dios, sino a la codiciosa y cruel política de Inglaterra", que "los niños no son capaces de sentarse a ingerir la escasa comida que les quedaba, sin reconocer las garras de harpía de Inglaterra en su plato".

Escribió, que el pueblo de Irlanda observaba "como sus alimentos se rendían ante la contaminada putrefacción, mientras en el mismo instante colmaban los barcos cargados con el grano dorado, que ellos habían sembrado y recolectado con sus propias manos, zarpando hacía Inglaterra"

Años después, John Mitchel publicó el libro llamado "The Last Conquest of Irleland (Perhaps)"- "La Última Conquista de Irlanda (Posiblemente)", dónde declara el ya extendido punto de vista sobre la administración de la hambruna de Irlanda, habiéndose tratado de un deliberado asesinato de los irlandeses. Éste contenía también la conocida frase "The Almighty, indeed, sent the potato blight, but the English created the Famine." - "Dios, en efecto nos envió la plaga, pero los ingleses crearon la hambruna."  
Posteriormente John Mitchel fue arrestado por crear revueltas a través de sus escritos y fue sentenciado a 14 años de deportación a las Bermudas.

Durante el periodo de la hambruna, Irlanda exportó grandes cantidades de alimentos. La revista llamada "History Ireland" de 1997 publicó un articulo en el que confirmaron, que 4.000 barriles de comida zarparon desde Irlanda a los puertos de Bristol, Glasgow, Liverpool y Londres durante 1847, mientras 400.000 personas murieron de hambre y por respectivas enfermedades. Decían, que la exportación de corderos, ganado (excepto cerdos), bacón y jamón incluso se incrementó durante los años de la hambruna. Estos alimentos, fueron trasladados bajo la escolta militar británica, desde las partes más afectadas por la hambruna. En 1847, otras considerables cantidades de guisantes, judías, cebolla, conejos, salmones, ostras, arenques, manteca, miel, telas, jabones y semillas dejaron Irlanda atrás.
Pero lo más destacado que habría que mencionar indudablemente, fue la desmesurada exportación de mantequilla. La mantequilla fue transportada en barriles. Cada uno de esos barriles contenían 9 galones imperiales, que equivalen a 41 litros de mantequilla. En los primeros 9 meses de 1847 enviaron 56.557 barriles, equivalentes a 2.314.000 litros de mantequilla desde Irlanda a Bristol y 34.852 barriles que abarcaban 1.426,000 litros que fueron despachados a Liverpool.
Sumando estas cantidades irracionales de barriles de mantequilla, que fueron exportados de Irlanda a Inglaterra durante los 9 meses del peor año, que experimentó la Gran Hambruna de Irlanda, la cuantía total asciende a 822.681 galones imperiales, que equivalen a 3.739.980 litros.

Mientras el Primer Ministro Sir Robert Peel intentando suavizar los acontecimientos devastadores en Irlanda, adquirió en secreto 2 cargamentos económicos de granos de maíz, que venían desde América. Pero nada más llegar, surgieron los primeros problemas. Con el fin de obtener la harina de maíz, era necesario moler los granos y no habían molinos suficientes en un país acostumbrado a la alimentación de papas. Moler dichos granos suponía un proceso elaborado y complicado, por lo que los pocos molinos que existían en aquel entonces, tardaron en poder distribuirlo posteriormente a las familias hambrientas.
Aparte, antes de consumir la harina de maíz, era necesario cocinarla largo- y detenidamente pero muchos desconocían como hacerlo, era malo de ingerir y generalmente una pobre sustitución de la papa. Aún así, se acostumbraron al consumo de la harina de maíz, pero fue justo entonces, cuando cesaron los suministros y una vez más los irlandeses se quedaron sin nada.

Sir Robert Peel creó trabajo de estado de emergencia. El gobierno pagaba a los irlandeses, mientras ellos construían calles y embarcaderos. Sin embargo, los sueldos de los trabajadores eran sumamente bajos y apenas se podían permitirse comprarle comida a sus familias. Aún así, contrajo algo de ayuda por lo que en 1845 aún no hubo muerte por inanición.

Sin embargo un año más tarde, en 1846, la segunda cosecha de papas quedó destruida también y las personas que milagrosamente sobrevivieron al primer fracaso, ahora se encontraban en terribles apuros. En octubre del mismo año, comenzaron de nuevo los trabajos. Esta vez sin embargo, muchos de los obreros eran demasiado débiles a causa del hambre y de la desnutrición que estaban experimentando, como para ejercer trabajos duros.

El febrero de 1847 trajo consigo un clima gélido y sombrío, cubriendo la famélica Irlanda de nieve. Los pobres no tenían la ropa adecuada para poder trabajar a las afueras, por lo que enfermaban con rapidez.
Dos años tras los primeros indicios de cosechas infectadas, el gobierno creó los "soup kitchens" - "comedores comunitarios", para poder ofrecerle sopa caliente a los pobres. En agosto de 1847, 3 millones de personas fueron alimentadas al día. Sin embargo, en otoño del mismo año cerraron los comedores, creyendo que la próxima cosecha iba a ser satisfactoria. Mandaron a los pobres de nuevo a los "workhouses" - hospicio taller. Los hospicios talleres eran lugares a dónde los pobres podían ir a trabajar y vivir. Una vez que entrabas, tenías que llevar uniforme y recibías una dieta básica. La comida principal consistía en una papilla de avena. Las familias eran separadas al momento. Obligaban a los hombres, mujeres, niños y niñas a quedarse en diferentes áreas del edificio. También las normas eran muy estrictas dentro de los hospicios talleres. Las personas rápidamente padecían de tifus, cólera y disentería. Las enfermedades en estos lugares abarrotados de personas, se expandían rápidamente.
Hospicio taller en el condado de Offaly

Una vez que los inquilinos ya no eran capaces de pagar las rentas, fueron desahuciados. Los desahucios ya comenzaron en 1846, pero fue en 1847, cuando ocurrieron los lanzamientos en masas.
Es imposible saber cuantas personas fueron desahuciadas, mientras duró la Gran Hambruna. Fue en 1849, cuando la policía comenzó a gestionar un registro sobre los que fueron expulsados de sus casas. El número oficial de desahuciados entre los años 1849 - 1854 asciende a 250.000,00 personas.
Pero muchos afirman, que este número fue considerablemente subestimado, si contamos con las personas que fueron obligadas a partir "voluntariamente" durante el periodo total, estaríamos hablando de probablemente más de medio millón de personas.
El condado de Clare, fue uno de los lugares más afectados por los desahucios en Irlanda. Los terratenientes lanzaron a miles de familias, mientras derruían sus míseros cobertizos.

En 1847, el obispo de Meath, describió sus recuerdos de los lanzamientos en una carta pastoral, que iba dirigida al clero:
"700 personas fueron expulsadas de sus hogares en un solo día, dejándolas expuestas al mundo con el fin de gratificar ante Dios y humano, los caprichos de aquellos, que posiblemente merecen menos consideración, que el menos afortunado de ellos. Las escenas que presencié, me perseguirán toda la vida. El lamento de las mujeres - los gritos, el terror, la consternación de los niños - la silenciosa agonía de hombres honestos, hacían que las lágrimas de todos los presentes, brotaban de sus ojos desdichados sin cesar. Vi a agentes de policía sollozando como niños, obligados a atender aquel fatídico acontecimiento y a masacrar a su propia gente, si demostraban algún indicio de resistencia."
Las Tres Alianzas. Hambruna, Desahucio y Coerción
La tragedia llega a su punto culminante, cuando los famélicos cadáveres de los irlandeses se encontraban tirados en los bordes de las calles, sus bocas teñidos de verde, por haberse alimentado de la hierba, que crecía en los valles. Algunos comían las papas putrefactas, para poder llenar sus barrigas, pero enfermaron de cólera o tifus y así pueblos enteros fueron devastados.

Pueblos asolados en Irlanda

Hogares derruidos
Muchos de los desamparados solo les quedaba huir y dejar atrás lo que antaño era su hogar. Entre 1845 y 1855 acerca de 1 millón de personas emigraron desesperadamente a Ámerica y Australia, mientas que 750.000 a Inglaterra. Algunos de los propietarios de los navíos, sacaron provecho de la terrorífica situación, abarrotando sus pecios podridos al máximo con irlandeses enfermos y desesperados, sabiendo que éstos no eran precisamente aptos, para realizar un viaje transatlántico. Miles de éstos inmigrantes murieron durante las travesías. Solamente en 1847 registraron 17.465 muertes. Éstos barcos se denominaban "Coffin Ships" - "Barcos féretros".
Miles más murieron en los propios centros de desembarco.
Un médico de cuarentena ubicado en Quebec, Canadá, reportó:"Los pocos que eran capaces de subir a bordo estaban horrorosos, espectros amarillentos y esqueléticos....no habían más que 7 o 8 que estaban realmente sanos y capaces de valerse por si mismos."
El 4 de agosto de 1847, la revista "Toronto Globe" narra la llegada de los barcos féretros:"De los 496 pasajeros, que abarcaba el "Virginius" de Liverpool, perdieron la vida 158, siendo casi un tercio de la tripulación entera y 180 enfermos. Más que la mitad de los pasajeros que subieron inicialmente a borde, no conocerán jamás su nuevo hogar."

Pero entre todo este sufrimiento y doloroso pasado, cabe destacar un gesto de bondad y solidaridad partiendo de una nación, que desgraciadamente ha sufrido mucho de hambre, represión y racismo. Los indios americanos. En mitad de la hambruna, en 1847 hubo una tribu llamada "Choctaw", que reunió 710 dolares para donarlo al pueblo de Irlanda. Unos 15 años atrás, esta misma tribu había sido expulsada de sus tierras ancestrales, por el gobierno norteamericano en lo que se conoce como "El camino de las lágrimas", dónde entre 2.500 y 6.000 niños, mujeres y hombres de los 17.000 que iniciaron el viaje, murieron de hambre, extenuación y frío. En 1847, cuando aún no se encontraban mucho mejor, esa tribu, supuestamente salvaje y bárbara, supo que otro pueblo, el de los irlandeses, estaba pasando por algo parecido que ellos años atrás habían vivido y reunieron todo lo que pudieron, para juntar esos 710 dolares. 148 años más tarde, en 1997, Mary Robinson, la presidenta de Irlanda, hizo un homenaje de agradecimiento a la nación Choctaw.

Mary Robinson saludando al gobierno tribal de los Choctaw en Oklahoma  

No sabemos a ciencia cierta cuantos muertos trajo consigo la Gran Hambruna de Irlanda, pero se estima la muerte de un millón de personas, mientras que un millón y medio inmigró a Inglaterra, Canadá, Estados Unidos y Australia. Entre las muertes y migraciones, Irlanda perdió más de un cuarto de su población.
Irlanda hoy en día, 150 años después de aquel terrorífico suceso, sigue sin haber recuperado la población que tuvo en 1844.
La caída de la población en Irlanda entre 1841 - 1851

La catástrofe ha marcado a Irlanda y a su pueblo profundamente, cambiando las vidas tanto de los irlandeses nativos, como la de los emigrados y sus descendientes. La hambruna se impregnó en la memoria colectiva del pueblo, convirtiéndose así en un punto de sustento para diversos movimientos nacionales.
Después de la hambruna aumentó y se extendió el nacionalismo irlandés por todo el país, que luchó valiente y tenaz por la separación total de Inglaterra. Finalmente, 92 años después de las primeras hojas teñidas de negro y de los primeros lamentos esparcidos por la Isla Esmeralda, consiguió librarse de las garras del gobierno británico, adquiriendo la independencia total en 1937.

Hoy en día existen más de 100 lugares conmemorativos esparcidos no solo en Irlanda, sino también en Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá y Australia, asegurándose el recuerdo eterno de las incontables víctimas de la Gran Hambruna de Irlanda.

Dublín, Irlanda

Cardiff, Gales

Liverpool, Inglaterra 

Nueva York, Estados Unidos

Condado de Mayo, Irlanda

Toronto, Canadá

Desde entonces, aún marcado de sus huellas desconsoladas del pasado, este país en medio del indomesticable mar atlántico, ha sabido levantarse de nuevo, sin esperar ni buscar la protección de otro, sosteniéndose sencillamente en su propia fuerza, que ya sus antepasados los celtas han sabido usar.

Armados con el amor y la lealtad por su patria, siguen encandilando a cada uno de los que hoy en día visitan la Isla Esmeralda, famosa por su magia, sus incontables leyendas y esa cultura que la hace tan única y bella en todo el mundo.
Emergidos de una tragedia devastadora, hoy en día cuenta con la mayor fábrica de cerveza negra del mundo, gozando además, de uno de los mejores sistemas educativos del mundo. También posee una de las telecomunicaciones infraestructurales más avanzadas y competitivas de Europa y la exportación de software más grande del mundo, estando situadas sus sedes europeas de Google, Microsoft, Apple, IBM, Dell, Intel, Motorola, Lotus en Irlanda.
Contando igualmente con unas de las exportaciones más largas de carne del hemisferio norte y produciendo el 50% del licor de crema, existente en el mercado del mundo entero.
Quién no habrá probado alguna vez el delicioso Baileys, la intensa y valiosa cerveza Guinness, la autentica mantequilla de Kerrygold y el sabroso salmón ahumado de Irlanda?

Cuando los irlandeses 170 años atrás morían de hambre, hoy en día, en el año 2017 nos obsequian con sus inigualables productos, que albergan en su recóndito interior una centella resplandeciente, que nos susurra "Somos libres".

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Asesinos ocultos

miércoles, 8 de febrero de 2017

Asesinos ocultos

Hoy me gustaría dar un pequeño salto desde la Edad Media, atravesando la Edad Moderna hasta detenernos en la época victoriana.
Una era bautizada con el nombre de la reina, que quizás más huellas ha proporcionado en la historia de la humanidad, Victoria.
Haciéndole honor a la reina Victoria cómo no, se iba a tratar de un periodo diferente a todos los demás?
Quizás se trata de la época que más cambios ha podido experimentar.
Fue la era de los grandes descubrimientos, que abrieron el camino hacía una vida llena de oportunidades, comodidades y goce.
Ésta etapa, iniciándose en 1837 y perdurando hasta 1901 instruyó a personajes heroicos como Charles Darwin, George Stephenson, Alexander Bell y Michael Faraday y le dio la vida a escritores legendarios como Charles Dickens, Lewis Caroll, Oscar Wilde, las hermanas Brontë y Arthur Conan Doyle.


La inicial revolución industrial y la posterior exposición mundial celebrada en 1851 en Londres hicieron, que los cambios y descubrimientos estuvieran a la orden del día. La exitosa industrialización trajo consigo un periodo de paz y prosperidad. En aprox. 1850, la clase media británica de pronto se veía capaz de crear una vida hogareña idílica. El confort de una casa, el refugio de un sofá y la frase proverbial "Hogar Dulce Hogar" nacieron en la era victoriana. Fue entonces, cuando por vez primera los británicos quisieron dar comodidad y calor a sus hogares.
Henry Mayhew escribió en 1852 que la casa "expresa no solo un lugar de acogida, sino también de tranquilidad, paz, confort y ternura". Pensó que el hogar era un lugar de santificación.


Exposición Mundial, Londres

La calidez de las casas ordenadas tras una puerta solida significaba una zona de retiro, descanso y protección. Un perfecto antídoto para los peligros y corrupciones del mundo trabajador. Esta nueva clase media deseaba un estatus social y calidad de vida. Fue por ello, que anhelaban llenar sus hogares de comodidades de todo tipo e innovaciones tecnológicas producidas con la ayuda de las fabricaciones industriales. Fue el inicio del consumo en masa.
La virtud y el respeto no solo se demostraba en como eras, sino también y sobre todo en lo que poseías.




Sin embargo, en estos templos dónde reinaba la seguridad moral y la comodidad, se ocultaban grandes peligros que nadie hubiera podido imaginar. Los victorianos de la clase media fueron atacados en sus propios hogares y asaltados por aquello que ellos creían seguro.



Fue su ilimitado afán de crear seguridad, belleza, confort, estatus y la creación de la figura ideal femenina en el corazón de su hogar, que los victorianos se vieron cara a cara con lo que más temían,... la muerte.

Bienvenidos a la casa victoriana:

1. Tapetes de muerte

La introducción de lamparas de gas y de aceite, como la retirada de los impuestos por las ventanas (window tax) significaban, que por vez primera los victorianos podían hacer uso de colores intensos y vivos para las paredes de sus casas. Hubo una moda concreta de papeles pintados del llamado "Verde de Scheele". Un verde persistente y brillante, que convertía el salón de tu casa en una lujosa obra de arte. El Verde de Scheele creado en 1775 por el químico sueco Carl Wilhelm Scheele, se transformó en el objeto más deseado para todo aquel, que quisiera convertir su hogar en un paraíso terrenal. El químico creó un pigmento verde a través de una composición de arseniato de cobre. El único inconveniente era, que se obtenía a través de una disolución caliente de potasa y arsénico blanco. Para todo aquel, que no esté del todo familiarizado con el término de "arsénico", le digo que se trata de un elemento químico siendo extremadamente tóxico.


Papeles pintados con arsénico del diseñador William Morris

Contemplando estas bellezas del hogar, inhalaban diariamente arsénico. De esta manera entra en el organismo, llegando a las superficies del tracto digestivo y del aparato respiratorio. Después entra en el torrente sanguíneo transportándose a los órganos, dónde ocasiona daños permanentes. Pasadas las 24 horas después de inhalarlo puede ser encontrado en hígado, riñón, pulmones, bazo y piel. La intoxicación causa dolores abdominales, vómitos, diarreas y deshidratación. La perdida de sensibilidad en el sistema nervioso es el efecto neurológico más frecuente. La intoxicación del arsénico también puede causar cáncer de pulmón, vejiga, riñón y próstata.

En 1834 Gran Bretaña produjo 1.222.753 rollos de papel pintado. Este número se incrementó hasta 32.000.000. en 1874. Los trabajadores de las fábricas comenzaron a enfermar y muchos murieron al estar en contacto permanente con los colorantes verdes de arsénico. Estas muertes salieron en los periódicos, pero al principio mucha gente no le prestaba atención.

Lesiones causadas por colorantes de arsénico cuando entran en contacto con la piel


Hasta que en 1850 comenzaron a aparecer reportajes sobre envenenamientos, niños, mujeres y hombres muriendo en habitaciones verdes.
En 1862 tuvo lugar un incidente catastrófico, en el que 3 niños murieron en sus casas en East London después de arrancar el papel pintado de las paredes, lamiendo el color verde sobre el.



Fragmentos del periódico "Dublin Evening Mail" del jueves, 3 de agosto de 1871:

"Arsénico en papel pintado"

"Asumimos que solo en los papeles pintados de color verde brillante se encuentra el arsénico, pero el caso es que ha sido descubierto que cualquier papel pintado que contiene algún pigmento verde, independientemente del tamaño o de la  forma que tenga, abarca arsénico."

"El vals del arsénico" 1862

Fue en 1879 cuando la reina Victoria hizo arrancar todos los papeles pintados verdes de Buckingham Palace, después de que un dignatario estando de visita enfermó, tras haberse hospedado en una habitación con tapetes.

Pero era en 1890, cuando al fin se pudo demostrar, que no solo era el arsénico solido el que era mortal, sino también el vaho del mismo.
Los químicos no pensaron en el peligro de usar arsénico. Arsénico no solamente estaba en papeles pintados, sino en muchas otras cosas por aquel entonces. Los victorianos creyeron, que mientras no lo comías, no podía ser peligroso. Nunca se habían imaginado, que lo que creaba ese verde intenso y lo que hipnotizaba la vista de cualquiera, pudiera causar la muerte.

Vestido teñido con arsénico, 1860-1865

El miedo y la histeria se expandía por Gran Bretaña por lo que los fabricantes comenzaron a vender finalmente papeles pintados sin arsénico.

Propaganda de papel pintado sin arsénico


2. Que tal un vaso de leche?

Los peligros en las casas victorianas no solo asechaban en las paredes, sino también en las cocinas. 
En 1882 sacaron muestras de 20.000 botellas de leche y detectaron adulteraciones en una quinta parte. 
Pero estas adulteraciones no estaban compuestas por los fabricantes, sino más bien por las propias amas de casa. Los victorianos creyeron, que la leche fresca contenía gérmenes que podían hacer que enfermases de meningitis, tifus o cualquier otro malestar. 
Por ello sentían la necesidad de purificar la leche antes de consumirla con ácido bórico. 
El ácido bórico es un compuesto químico, que a la hora de ingerirlo es tóxico. A parte de ello, así también eliminaban el sabor agrio y el olor que producía la leche. 
El distinguido libro de gestión doméstica de Mrs. Beeton de 1861 decía además, que esa clase de adulteración en la leche era completamente inofensiva e incluso recomendada. 
Ingerir pequeñas cantidades de ácido bórico puede causar náuseas, vómitos, dolores de estómago y diarrea.


Sin embargo, el único problema no era el ácido bórico, sino lo que ocultaba éste. Los productos lácteos, pueden abarcar una microbacteria llamada Micobacterium bovis, de la que previamente ha estado infectada el ganado. Esta microbacteria se transmite rápidamente al ingerir el lácteo y puede provocar deformaciones en la espina dorsal, daños en los órganos internos y causar tuberculosis en humanos.


La mayoría de las personas que sufren o sufrieron de tuberculosis, se infectan por causa de la Micobacterium bovis. Hoy en día, prácticamente no consumimos productos lácteos sin haber sido previamente pasteurizados. Es la pasteurización la que elimina cualquier tipo de gérmen y microbactería como éstas y así reafirmarnos, el consumo seguro de algo tan rutinario, como tomarse un vaso de leche. Nosotros, no solo contamos con la pasteurización previa antes de ingerir cualquier producto lácteo, sino que además entre las agencias de la salud animal y los departamentos de agricultura, han podido eliminar casi del todo la infección por la Micobacterium bovis en el ganado. Pero como vemos esto no ha sido siempre así.
Las conclusiones y los avances siempre cobran sus víctimas.
Se estima que aproximadamente 500.000 niños en la era victoriana murieron a causa de la Micobacterium bovis.


3. Espejito, espejito,..dime, quién tiene la piel más blanca de este reino?

Como muchos habrán notado, los victorianos se sentían extremadamente fascinados por la muerte. Esta obsesión hacía lo oscuro, lo melancólico, era un auténtico estilo de vida. Esta manera de vivir incluso se reflejaba en las tendencias de moda y belleza.
Con el ascenso al trono de la joven reina Victoria, que tan solo tenía 18 años, se podría pensar que la industria de productos de belleza iba a llegar a su climax pero no fue precisamente así como sucedió. Victoria fue un espíritu joven y moderno, con afán de vivir y disfrutar, pero todo eso, si cabía la posibilidad, sin maquillaje. La joven reina detestaba el maquillaje y pensaba que una cara pintada era algo sumamente vulgar y pertenecía tan solo a una prostituta.
De ese modo, el mismo pueblo se apropió de los pensamientos de su reina y comenzó una era en la que destacaba toda aquella, que lucía de su belleza natural.


Así el siglo 19 se llenaba de inventos para realzar la belleza de cada mujer.
Uno de estos inventos era el de blanquear la piel.
En la era victoriana era el tono de tu piel, el que decía a que clase social pertenecías.
Las mujeres de alto rango, querían demostrar que eran lo suficientemente adineradas, como para no tener que trabajar bajo el sol ardiente. Ellas querían tener la piel tan blanca, que parecía traslúcida y si era posible hasta tal punto, que se podían percatar las venas debajo de ella. No solo se usaba estar pálida, sino también tener un aspecto frágil e incluso enfermizo.


Durante la época victoriana muchos fueron los que murieron a causa de la tuberculosis. Fue entonces, cuando el romanticismo llegó a perfeccionar de alguna manera aquella terrible y tan común enfermedad. La llamaban "El padecimiento romántico". El progreso lento de la tuberculosis ayudaba a los enfermos a arreglar sus asuntos antes de fallecer y por ello, la veían como una "buena muerte". Decían, que la constitución más bella de una mujer se veía, en las primeras etapas de la tuberculosis. Las mujeres que padecían de esta enfermedad eran extremadamente pálidas, tenías las pupilas dilatadas y los ojos lagrimosos. Y eran esos rasgos, los que soñaba cualquier mujer. Los victorianos decían, que es la tuberculosis la que realza las facciones de una mujer bella.

Y para conseguir una piel tan blanca, se tapaban la cara con opio dejándolo actuar toda la noche. Por las mañanas se lavaban la cara con algo de amoniaco.  De ese modo, se aseguraban tener siempre un aspecto fresco y pálido.


Los efectos sin embargo, estaban lejos de lo que las jóvenes victorianas esperaban. El opio, aparte de causar picazones en la piel, también engendraba adicción corporal.
Al aplicarse a su vez amoniaco sobre la cara, no tardarán en aparecer irritaciones en los ojos. La tez comienza a agrietarse y a dañarse. Un uso continuo de ello, puede causar quemaduras y heridas graves en la piel. Pero no solo se aplicaban blanqueamientos químicos en la cara, sino también ingerían pastillas de arsénico. Estas píldoras eran supuestamente "sencillamente mágicas". Podían convertir la piel más impura en un cutis radiante y perfecto.
Pero lo que no sabían aún, era que al ingerir arsénico periódicamente, podría llegar a corroer no solo la boca, sino también la garganta y el estómago.
Al igual que hoy, lo único que deseaban las mujeres victorianas era ser hermosas y atractivas, pero lo que realmente hacían fue embellecer a la mismísima muerte.


Propaganda sobre píldoras de arsénico

4. Y, por fin, se hizo el gas:

Nunca antes nos habíamos podido imaginar, que obtener una fuente de luz podría ser tan fácil.
Acostumbrados a usar la luz que nos concedía el día, las velas y la chimenea, de pronto los victorianos se enfrentaron a un inventó que cambió sus vidas para siempre. El alumbrado de gas. De repente, tener luz tan solo era cuestión de subir o bajar una palanca. Para nosotros hoy en día, no hay nada más rutinario que encender una luz. No nos percatamos de las veces que encendemos o apagamos una luz a lo largo del día, hasta cuando por alguna u otra razón nos la cortan. Es entonces, cuando nos damos cuenta de que sin luz no somos nada. Pero existe una historia detrás de cada "click".
Es la historia de las personas, que hicieron posible lo imposible. Algunas personas sacrificaron días, semanas e incluso años en nombre de la ciencia. Y ahí estaba la muerte, acechándonos al final de cada invento excepcional, recordándonos lo frágiles que somos.
Así la muerte nos daba lecciones. Puede que la muerte sea el consejo más duro, pero también el más eficiente.

Así pues, han habido épocas que estábamos acostumbrados a usar el aceite de oliva, cera de abejas y sobre todo de ballena como combustible para las lámparas y como cera para la producción de las velas. El aceite de ballena se obtenía de la grasa de diversas especies de cetáceos, dando lugar a incontables matanzas de estos majestuosos mamíferos. Fue la industria del carbón y de la petrolera en el siglo XIX, que salvó a las ballenas de la extinción.


William Murdoch, fue la primera persona en aprovechar la inflamabilidad del gas para el uso práctico de la iluminación. Trabajando en una fábrica de motores en Birmingham, experimentó con diferentes gases. Así llegó a la conclusión, que el más eficiente era el gas que se formaba del carbón. Fue la primera persona en iluminar su casa con tuberías de gas en 1792 en Cornwall, Inglaterra.


Unos años después, comenzaron a iluminar las calles de Londres con la ayuda del gas y el mundo entero estaba estupefacto ante semejante avance científico. La primera calle pública iluminada por gas en Londres fue Pall Mall el 28 de enero de 1807. Unos años después, el 31 de diciembre de 1813 alumbraron el puente de Westminster. Todos admiraban aquellas luces, que aparecían de la nada e iluminaban el sombrío camino de los viajeros perdidos y recelosos. De pronto era mucho más seguro pasear por las calles y las horas de trabajo también se alargaron. Este avance favoreció sobre todo a los meses de invierno, cuando las noches eran largas y los días cortos.


Sin embargo, aunque había sido un invento asombroso y un avance considerable para la historia de la humanidad, también ahí se escondía el peligro mortal de los que muchos no pudieron escapar. Los victorianos obsesionados con la modernización de sus hogares, traían la muerte a la puerta de su casa, no en forma de figura esquelética que llevaba capa y capucha, sino en forma de gas.


Porque, a pesar de sus ventajas también y sobre todo traía desventajas. El gas corroía el aire, era sucio, olía mal y destruía objetos con los que entraba en contacto. Comenzaron a colgar los cuadros con cuerdas en vez de con hilo, ya que el gas los deshacía. Comenzaron a elevar los techos, porque el humo del gas y el vapor azufroso que desprendía, destrozaba el metal y descoloraba la pintura. La planta llamada "aspidistra", se hizo muy popular en la época victoriana, ya que era una de las pocas que sobrevivía a semejantes exhalaciones.

La aspidistra en una casa victoriana

El gas además podía atrofiar a las fibras del algodón en un año después de su elaboración. Yendo al teatro comenzaba a ser todo menos agradable. Los espectadores salían con dolores de cabeza por falta de oxígeno. El gas también subía la temperatura. El aire alrededor de los asientos en los balcones superiores, podía llegar a los 38 grados. Pero existían más desventajas a parte de unos dolores de cabeza o de la descoloración de pinturas. Estás podrían resultar mortales.
El gas de alumbrado es una combinación letal de hidrógeno, metano, óxido de carbono y azufre. Tratándose no solo de una mezcla extremadamente inflamable, sino que los que vivían en casas con poca ventilación corrían el riesgo de sofocación. El óxido de carbono es un gas incoloro altamente tóxico y tan peligroso, porque ni se huele ni se ve. Éste entra directamente en contacto con la circulación sanguínea a través del pulmón y obstaculiza el movimiento del oxígeno. Si se respira puede causar la muerte en tan solo unos minutos.

El hidrógeno por otro lado es tan inflamable, que es prácticamente explosivo. (El Hindenburg fue llenado de hidrógeno cuando explotó y se quemó en 1937). Cada vez más comenzaron a aparecer reportajes sobre explosiones, fuegos y sofocaciones en los periódicos. Éstos, se llenaron de historias terribles que fueron el resultado de aquel invento victoriano, que llenó sus calles y hogares de luz pero sus vidas con oscuridad.



Hoy en día en el centro de Londres siguen estando operativas 1500 lámparas de gas, que se encuentran en los exteriores de Buckingham Palace y casi todo Covent Garden.


5. Quién quiere perder peso?

Es evidente, que los victorianos practicaban extraños métodos para realzar su belleza o para decorar sus hogares. Pero nada de ello comparable con la táctica espeluznante, que os detallo a continuación.
Sabemos, que los victorianos hacían todo lo posible para poder alcanzar la belleza absoluta. Desde ingerir pastillas de amoniaco hasta bañarse en arsénico. No habían límites para la mujer moderna de la era victoriana.
Tenían métodos para blanquear la piel, para "purificar" la sangre y para dilatar las pupilas. Pero que hacían para perder peso?
La respuesta se encontraba en algo tan impensable y espeluznante como la lombriz solitaria.


Esta dieta consistía en tomar una pastilla, que albergaba un huevo de una lombriz solitaria. La lombriz salía del huevo mientras se encontraba en el intestino de la persona, que había ingerido la píldora. La lombriz se desarrolla día tras día y se alimenta de todo aquello, que ingiere su anfitrión hambriento. Teóricamente esto hace que bajes de peso y que puedas comer sin tener que controlarte.
La dieta de la lombriz solitaria parecía sencillamente perfecta. Una mujer nunca abandonaría una mesa con hambre, mientras que además bajaba de peso. Básicamente el sueño de cualquiera. Una vez alcanzado el peso deseado, recurrían a una pastilla anti-parásitos, que les ayudaba a deshacerse de la lombriz. Ésta podía alcanzar unos 9 metros de longitud y como os imagináis disgustadamente, puede causar complicaciones y fuertes dolores abdominales y rectales. Pero también podía ocasionar muchas enfermedades incluyendo dolor de cabeza, problemas oftalmológicas, meningitis, epilepsia y demencia.
Quizás sea la dieta más dañina y extraña de la historia.


Fuese como fuese y a pesar de sus macabros y singulares inventos ha quedado claro, que sin éstos hoy el mundo no sería el mismo. Como veis, el eco del pasado nunca dejará de resonar, sus huellas esparcidas por el mundo y por este blog. La historia nunca dejará de sorprendernos y con algo de suerte nunca dejaremos de aprender. Espero haber contribuido algo en ello.
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