Un viaje inesperado - Descubriendo Castilla & León

viernes, 30 de agosto de 2013

Un viaje inesperado - Descubriendo Castilla & León


Esta vez, no os podré complacer con otra entrada, sobre nuevas experiencias británicas, pero si sobre un viaje igual de apasionado e involvidable a la comunidad autónoma de Castilla y León.

No hay palabras, que pudieran describir con todo detalle, la belleza y cantidad de historia, que se esconden en las calles de las grandes y pequeñas ciudades de Castilla.
Españoles recorren el mundo, desde los Andes hasta los Montes Cárpatos y fácilmente se olvidan de los tesoros ibéricos, los paisajes castellanos desde Santiago de Compostela en los prados fabulosos de Asturias hasta la sureña Cadíz en la bella Andalucía.
Y es que a veces, ni siquiera hace falta sentarse en un avión y volar una decena de horas para poder vivir algo diferente, algo inolvidable.
A veces te podrías sorprender con las maravillas que descubres con tan solo cruzar la frontera de tu cuidad o tu provincia.

Al menos yo me he sorprendido y mucho.
Pero eso no significa que me haya olvidado del Támesis....eso nunca.
De hecho, espero contaros pronto sobre un nuevo viaje a Inglaterra, porque aún queda mucho por ver y descubrir, naturalmente.

Y mientras tanto he tenido el honor y gran placer de poder viajar espontánea- e inesperadamente a las tierras castellanas, donde Isabel fue coronada reina y Fernando rey de España.

Quien cree ya haber visto demasiados paisajes bellos o ciudades románticas, repletas de historia aún no habrá visitado Segovia.
Mi visita lamentablemente no ha sido demasiado larga, pero puedo decir con certeza, que me he dejado una parte mía en los callejones de esa cuidad.
Una real anti-modernidad adorable, para historiadores y personas que aún creen en el romanticismo.
Desde el acueducto interminable construido por los romanos, hasta el increíble y realmente maravilloso Alcázar de Segovia, que no te podrá dejar indiferente, mientras el perfume a café recién hecho y a los pasteles sacados del horno, te rodea cuando paseas por las incontables pequeñas calles. Cada una de ellas llenas de murallas arabescas, que parecen susurrarte los cuentos del pasado.



El Alcázar es sin duda uno de esos lugares, que tendrás haberlo visitado al menos una vez a lo largo de tu vida.
Es tan fabuloso, tan bello que te tendrás que quedarte quieto justo cuando te encuentras delante, quizás boquiabierto, dudando si realmente es auténtico y no un plató para una película de Walt Disney.
Pero sus muros y estancias son los reales testigos de la historia de España.


Su arquitectura cuenta con diversos estilos como románico, gótico, mudéjar y renacentista.
Encontrarte en la sala del trono y contemplando el blasón de los Reyes Católicos y su divisa "Tanto Monta, Monta Tanto" es sin duda alguna una experiencia difícil de olvidar.
Subir los 156 escalones para poder acceder a la Torre de Juan y tener esa vista de encanto sobre Segovia y descubrir que el castillo fue una de las inspiraciones para el Castillo de la Cenicienta de Walt Disney no tiene precio.




Desde mi partida, hace aproximadamente 2 meses, me he visto más de una vez en páginas de compañías aéreas en busca de vuelos hacía Segovia,... supongo con eso, os digo todo.

Pero ahí el viaje inesperado aún no se había terminado,...
Al salir de Segovia tuve el grandioso honor de hacer una excursión a la cuidad de Tordesillas.
La cuidad en la que estuvo cautiva Juana I de Castilla durante 46 largos años.


Honestamente esa fue la parte especial de todo el viaje y el real objetivo.
No tuvimos mucho tiempo, pero cumplí mi sueño con dejarle tan solo unas flores silvestres, que recogí justo antes de llegar a Tordesillas, en dónde se encuentra hoy en día, el monumento frente a la antigua Iglesia de San Antolín, rindiéndole homenaje a Juana I de Castilla, reina de Castilla.


Tordesillas un lugar lleno de encanto y si, de misterio a las orillas del río Duero.
Caminando por sus callejones solitarios solo se oye el murmullo de las palomas y el viento que recorre la cuidad.
El silencio que llena la cuidad vacía, desprende un aire melancólico.
Aparte de la Iglesia de San Antolín, la plaza mayor, y las famosas casas de tratado, no hay que olvidarse del Real Monasterio de Santa Clara.



Aún encontrándose los restos de Juana I de Castilla en Granada, estoy segura que una parte de ella, sigue estando ahí, mirando tristemente por aquella ventana hacía el Duero y el paisaje castellano, esperando que alguien fuera a regalarle algo, que nadie fue capaz de dárselo, amor y comprensión.

Carecerá de importancia y tal vez llegue 500 años más tarde, pero yo si se lo he regalado con mis pensamientos, estando delante de la Iglesia de San Antolín y recordándola.
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