Tras los pasos de la Dinastía Tudor - Escapada a Londres

domingo, 4 de noviembre de 2012

Tras los pasos de la Dinastía Tudor - Escapada a Londres

El pasado mes de octubre al fin pude cumplir un sueño y hacer realidad algo que anhelaba desde hacía ya mucho tiempo.
Viajar a Inglaterra y visitar algunos de los lugares dónde habitan los restos de algunos personajes históricos de la época Tudor y dónde aún se puede percatar el esplendor y poder inmortal de la era Tudor. Un viaje al pasado para revivir momentos, que cambiaron el curso de la historia y del mundo entero.

Después de haber visto centenares de fotos, de haber leído un sinnúmero de artículos sobre viajeros que visitaron esos lugares encantados y después de haberme imaginado unas mil veces como sería encontrarme de pié en la propia habítación de Ana Bolena y mirar por aquella ventana por la que ella posiblemente haya mirado tantas veces, y como sería andar por los pasillos llenos de historia y magia del Palacio de Hampton Court, pude al fin sentarme en un avión que me llevaría a la cuidad de Londres.

Como era mi primer viaje dedicado a la historia de la época Tudor había elegido para visitar, lo que para mi era algo que cada persona debería haberlo visto al menos una vez a lo largo de su vida, algo esencial para cualquier enamorado de la historia:
El castillo de Hever, La Torre de Londres, Westminster Abbey y al fin el palacio de Hampton Court.

Finalmente se había cumplido mi sueño, y puedo decir sin lugar a dudas que no solamente haya sido aún mucho mejor de lo que había esperado (y eso practicamente me parecía imposible) sino que esos dias posiblemente hayan sido unos de los dias mas felices de mi vida. Un viaje inolvidable, que hizo que me enamorara aún más del mundo tudor.

Cualquiera que ha pasado su tiempo observando las fotos de esos lugares mágicos, deseando visitarlos algún día y verlos con sus propios ojos, os puedo decir que no existe foto ninguna que pudiera demostrar ni la mitad de la belleza que realmente tiene. La belleza es tanto que te abruma y te conmueve, al momento te das cuenta que ni en tus mejores sueños te lo hubieras imaginado asi.
Sencillamente te impacta y te envuelve un aire de melancolía y emoción.

El primer día que llegamos no perdimos el tiempo y fuimos directamente con el tren hacía Hever.
Cuando planeas ir a Hever tienes dos opciones, o bajarte en la estación anterior llamada "Edenbridge" y coger un taxi al castillo o ir directamente a la remota estación de Hever que llega justo después y hacer un paseo rural por el maravilloso pueblo de unos veinte minutos hasta llegar al Castillo.
Nosotras elegimos el paseo rural y sinceramente solamente valió la pena hacer ese viaje a Londres por haber vivido aquello.
Un pueblo encantado y solitario entre praderas llenos de ovejas y casas rurales con sus jardincitos llenos de flores y arbustos.
Caminar por esos senderos y respirar ese aire tan puro, lleno de recuerdos históricos y si encima te caen los rayos del sol a la cara en pleno octubre y te cruzas con alguna que otra ardilla correteando por tu camino, sabes perfectamente que esta pequeña aventura será algo que jamás olvidarás.


Bajarte del tren y leer "HEVER " en el letrero que se encuentra delante de ti, sencillamente no tiene precio.
Cuantas veces había soñado con estar en ese lugar y de repente estaba ahí, en Hever.
Seguíamos nuestro mapa, y a veces encontrabamos algunos atajos, los cuales nos conducían a paisajes aún más bellos y silvestres.


Cuando de repente nos encontramos con el "famoso" pub llamado, "Henry VIII" sabía que ya no faltaba mucho para llegar a nuestro deseado destino.
Mucho más bonito de lo que se veía en las fotos por internet. En mi opinión nunca había visto una casita más linda. Era antigua y oscura, llenas de flores y ventanitas preciosas.
Observándola detalladamente, en vez de un Pub se parecía más bien a la casa de la bruja del cuento de Hänsel y Gretel.


Mientras mirababamos aquella casa, aparecía por detrás una torre de una iglesia. Y esa torre me sonaba mucho, digamos demasiado, y sin haberla vista realmente, sabía perfectamente que esa torre era la de la iglesia de St. Peter, lugar dónde se encuentran enterrados los restos de Tomás Bolena, padre de Ana.
Y así era, pasábamos por aquel pub y entonces nos encontramos con aquella pequeña iglesia del siglo 14. Sin duda alguna absolutamente ostentosa. Pero dado que ya no quedaba mucho tiempo, optamos por observarla detalladamente después de nuestra visita en Hever Castle, que como yo ya sabía no se encontraba ya muy lejos.
Pasando la iglesia desde lejos ya podía reconocer aquello, que solo lo había visto en mis sueños. No me lo podía creer, era demasiado bonito para ser real.
Me invado una felicidad inmensa y de pronto no quería que ese momento se acabase nunca.
De lejos ya reconocí la hermosa enredadera, que colgaba por toda la entrada del castillo y que ahora estaba tal y como lo había deseado, roja por el otoño.


Aquel castillo parecía realmente el de un cuento y os puedo asegurar que ninguna imagen puede demostrar lo que es en realidad, una belleza fabulosa.
Caminando algunos metros, de pronto me encontraba delante de un letrero, el cual decía:
Welcome at Hever Castle ...
Y cualquier palabra sobraba en aquel instante.

Ya no nos quedaba mucho tiempo, pero en ese preciso momento ya nada importaba. Lo había logrado, y al fin me encontraba delante de un castillo dónde había entrado y salido decenas de veces Tomás e Isabel Bolena, juntos con sus tres niños, Ana, Jorge y Maria. Los tres seguramente jugando y corriendo por los alrededores, y si, prácticamente podía oír aún sus risitas. Podía oír los galopes de los caballos y el alboroto que salía desde la cocina, mientras los sirvientes preparaban el almuerzo.


Todo tan bello que parecía el bastidor de una película medieval, con sus princesas y sus caballeros.
Cruzamos aquel puente y al fin entramos en el castillo.
Una vez cruzada la fortaleza, te encontrabas en un patio precioso. Casas del estilo Tudor te acechaban, incluso parecían susurrar.
Dentro del castillo está prohibido sacar fotos ni vídeos, pero todo eso no tiene importancia, ya que todas las imágenes que tienes en tu mente, en cuanto salgas de ese lugar, no se borrarán nunca de tu cabeza.


Parecía todo tan intacto, que me daba la sensación de haber viajado en el tiempo. Solo faltaba ver entrar por aquella puerta a Ana con su hermana y hermano.
Un silencio devastador y melancólico. El paso del tiempo no parece haber cambiado nada de todo aquello, el mobiliario, los cuadros, las ventanas, y si, incluso el olor.
Me imaginaba ver entrar a Enrique VIII buscando desesperadamente a su querida Ana, para ofrecerle el honor de convertirse en su "favorita".

Según iba caminando veía un tesoro tras otro, la habitación de Ana desprende un aire místico y melancólico, sobre todo observando la ventana por la que ella seguramente habrá mirado pensativa muchas veces, quizás leyendo alguna que otra carta que le habría mandado su Enrique.
Por fin veía a su "Book of Hours", el libro que le pertenecía, dónde leía oraciones y escribía notas con su propio puño y letra.

En el gran salón dónde probablemente se sentaban todos a comer, me imaginaba como se acercaban los vasos de plata para brindar por el éxito de la familia Bolena, que cada vez aumentaba más.

Una vez fuera del castillo, te esperan los jardines. Cada paso que das, encuentras una maravilla tras otra, cuando de repente te sientes como si fueras Alicia en el país de las maravillas.
Aún estando en octubre no te pierdas el perfume a rosas y hierbas aromáticas. Siendo un paraíso en otoño, me imagino que en primavera debiera ser el jardín del edén. Pasaban las horas y cada vez el ambiente se llenaba cada vez con más misticismo y paz.
Ya había llegado el atardecer y con los diferentes colores que llenaban el cielo, el remoto pueblo de Hever parecía en mis ojos el lugar más bonito del mundo.


Ya tocaban las seis de la tarde, hora de cierre del castillo, y el momento de volver a la estación. Con una pequeña visita a la preciosa iglesia de St. Peter, mientras salían las luces de las ventanitas del pub "Henry VIII" y los conejos salvajes corriendo por las praderas, concluía ese día lleno de magia y felicidad, un día grabado en mi memoria para siempre.

El día que visitamos la Torre de Londres fue igual de inolvidable. Nerviosa como una niña chica, la noche antes de navidad.
En la Torre de Londres hay más que ver de lo que muchos creen y lo mejor es, tener un día entero para ello. Nosotras pasamos horas y horas en él y realmente al final salimos, porque era la hora del cierre, que igualmente nos hubieramos quedado unas cuantas horas más.
No hay que ser un amante de la época Tudor, ni historiador para darle valor a lo que te espera en la Torre de Londres, sino sencillamente una persona con ganas de aprender y curiosa por saber lo que realmente ocurrió entre aquellos muros. El orgullo y el amor que desprendieron y desprenden los ingleses por su historia, han hecho posible que todo se ha conservado tal y como fue,... y que cualquiera pueda sentir esa sensación impactante al imaginarte que ocurrió justo en ese lugar a muchos que estuvieron presos, terribles torturas y ejecuciones.


La emoción y tristeza que te embarga cuando te encuentras al lado del lugar conmemorativo en la Torre Verde, creado con una preciosa poesía para aquellas siete personas, incluyendo a Ana Bolena, Catalina Howard y Lady Jane Grey que fueron ejecutadas en ese lugar es realmente deslumbrante.


Disfrutando de nuestro guía, uno de los llamados Beefeaters nos llevó a la capilla de St. Peter Ad Vincula, dónde al fin pude ver con mis propios ojos el lugar de descanso de algunos de las personajes históricos más famosos y apreciados por mi. El suelo de mármol con todos sus nombres, te afirma que sus restos realmente se encuentran ahí abajo y de pronto supe, que solamente el tiempo era quién me separaba de ellos.
Leyendo artículos y decenas de libros, para que finalmente ese momento me diera entender, que realmente todo eso había pasado y que se encontraban ahí, delante mía.
Había venido desde una isla lejana, situada en el océano atlántico para estar ahí de pie y honrarles con mi palpitante corazón y ojos llenas de lagrimas.
La Torre de Londres, un lugar único en todo el mundo, cuidado y respetado por su país, que te invita, estés donde estés a visitarlo para crear una experiencia que jamás olvidarás.
Yo, al menos pienso volver, y espero en un futuro no muy lejano.


Otro lugar que realmente me conmovió e hizo que el viaje fuera realmente valioso y perfecto fue el palacio de Hampton Court. Amante de la historia o no, adulto o niño cualquiera disfrutaría plenamente de un día en Hampton Court. Desde la cocina de Enrique VIII oliendo a leña, romero y orégano, haciéndote viajar por el tiempo y ver como cocinaban y que preparaban para una corte de 600 personas dos veces al día, hasta verdaderas recreaciones de Enrique VIII y otros personajes de su reinado pasando por los pasillos del palacio y hablando entre si como si el tiempo no hubiera pasado. Una experiencia única también es el pasillo, dónde se dice fue arrastrada Catalina Howard para pedirle clemencia a su marido y rey antes de ser ejecutada, como también los jardines que realmente te dejan sin habla.



Un lugar tan hermoso y valioso del cual jamás me podría olvidar. Desearía volver a visitarlo una vez más y ofrecerle a la preciosa capilla cubierta de un tejado lleno de estrellas brillantes un poco más de tiempo y meditación, fijarme en todos esos cuadros que había visto unas mil veces solamente por fotos y ponerme ante la fuente de vino y dejarme llevar por la inspiración.



La visita en Hampton Court no te dejará indiferente, te hará reír al ver las recreaciones que representan a Enrique VIII y a su corte, tendrás la piel de gallina cuando camines por aquellos pasillos que se dicen ser embrujados y te emocionará cuando te encuentres con aquel emblema olvidado que lleva las iniciales de "A&H" (Anne & Henry) fijado en la pared, solamente visibles para aquellos que aprecian los detalles.


Sigo mirando cada día mis fotos del viaje a Londres y seguiré mirándolas con asombro durante mucho tiempo, y quizás hasta decida volver una vez más y crear más experiencias inolvidables.
Después de aquello me siento afortunada por haber visitado esos lugares únicos en todo el mundo, que me han enriquecido de cultura y de mil sentimientos diferentes como jamás podrían haberlo hecho todos los libros del mundo.
Todo eso jamás se hubiera hecho posible sin Marta Garcia Cabrera, acompañándome a ese viaje maravilloso y ayudándome a cumplir uno de mis sueños.

Y ahora cada vez que me encuentro con algún que otro artículo sobre Hever Castle, Hamtpon Court Palace, Westminster Abbey o la Torre de Londres acompañado de una foto, es todo un privilegio mirarla y poder decir:" Yo he estado ahi."

Cualquiera que esté pensando en visitar Londres e ir a algunos de esos sitios, a ese le digo con el corazón en la mano, que no hay viaje que merezca tanto la pena como ese. No dudéis, dejad los libros a un lado y sentaros en un avión y dejaros llevar por las maravillas de una Dinastía que jamás morirá, la Dinastía de los Tudor.
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2 comentarios:

Marta García dijo...

Sin duda, después de leer tu relato, disfruto aún más de los recuerdos de ese viaje. Nuestras vivencias plasmadas en letras me hacen sentir especial por haber tenido el honor de cumplir contigo un sueño. Verte feliz e interesada por la historia hace que tu pequeña prima se sienta más unida a ti.

De nuevo, una muy buena entrada que seguro será útil para todos los que, como tu, quieren vivir de cerca la Historia de los Tudor.

Muchos besitos prima!

Ariel Clo dijo...

Excelente relato. Leyéndote, más ganas me dan de hacer el viaje que hiciste. Recorrer los lugares y los tiempos de Los Túdor. Gracias por tu escrito, excelente. Saludos desde Buenos Aires. Ariel.

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